Horas de extrema tensión vivió el parquero de una estancia, como consecuencia de un asalto

Dos desconocidos asaltaron el domingo por la noche la estancia Los Nogales, ubicada a 60 kilómetros de esta ciudad, y tras reducir al parquero, se llevaron una camioneta, dinero en efectivo y valiosos elementos de plata, entre otras cosas.
?Primero pensé que era el auto de uno de los vecinos. Entraron y fueron hacia la casa del encargado. Al rato salí a buscarlos, porque el encargado no está. Me reconocieron como el parquero y me preguntaron por él, con nombre y apellido. Yo les dije que no estaba. Se miraron y me di cuenta de lo que venía?, relató Mario González, la víctima del hecho, a este Diario.
?Eran gente grande, entre 40 y 50 años. Me apuntaron con un revólver cada uno, me empujaron y me dijeron que no los mire, porque si no era boleta. De uno de ellos me acuerdo la cara. Creo que tenía barba candado?, continuó.
-¿Recuerda haberlos visto alguna vez?
-Jamás los vi por el campo. Y me dijeron: ?El otro fin de semana se quedó el encargado, ¿no? Por ahí hubiese sido más duro. Ibamos a venir la semana pasada, pero te tocó a vos?. También me preguntaron por el patrón.
-¿Qué pasó después?
-Cuando me tiraron al suelo, me desvanecí: hace dos meses que estoy con problemas de presión. En el camino hacia mi casa me dejaron tomar agua, porque sentía que me moría, y me preguntaron qué cosas de valor había en el chalet. Cuando entramos a mi casa, se querían llevar una carabina. Les pedí que no lo hicieran porque es un recuerdo de mi padre y quiero dársela a mis hijos, por eso no la robaron. Sí me llevaron balas de un revólver que tengo.

El custodio

?Adentro, me pidieron las llaves del chalet y se las di. Todavía estaba descompuesto, por eso les pedí acostarme. ?Quedate piola que no te va a pasar nada. No somos esos pend… drogados que salen a afanar y te hacen boleta?, me dijeron, pero quisieron atarme las manos y les dije que no lo hicieran, porque eso me iba a matar. Después, uno de ellos se fue?, narró González.
-¿Cómo fue el trato que le dio el que se quedó con usted?
-Todo el tiempo me advertía que lo no mire, aunque decía que se había puesto un gorro porque el otro lo había obligado. No comí, sólo tomé agua y me tomé una pastilla para mejorarme. El era bastante blandito. Me dijo: ?Quedate tranquilo, que no te va a pasar nada. Aquel viene una o dos veces más y se va. Poné las manos separadas, que yo te voy a atar suave. Al otro no le niegues nada, porque andamos juntos pero no somos iguales. Si tenés más plata, decile, porque si la encuentra solo se te va a complicar?.
-¿Usted ya les había entregado todo el dinero?
-No, por eso ahí le dije que tenía un sobre arriba de la mesa con 3 mil pesos. Lo fue a buscar, contó la plata y me dijo: ?Vos decile al otro que son 2 mil, y cuando declares a la policía decí lo mismo?. Yo tenía miedo de que después me arme problemas con el que se había ido. Cuando ése volvió, el que me cuidaba le dijo: ?Ahí me dio más guita. Son dos lucas?. Se robaron entre ellos.

En la oscuridad
del campo

?En ese momento, el que venía de afuera dijo que no les entraba todo en el auto. Además de la plata del sobre y 400 pesos que tenía en la billetera, se llevaron recados de oro y plata, monturas, jarras y bandejas de plata, un televisor, cuchillos, una motosierra y frazadas. ?Pedí una camioneta, que en una hora la tenemos acá?, le dijo el que me cuidaba. Se ve que estaban preparados. Pero después de un rato me pidieron las llaves de la Ranger. Me dijeron que me la iban a dejar entre Ayacucho y Tandil, pero todavía no apareció?.
?Se quedaron más de cuatro horas y media. Cuando se fueron, el que me cuidaba me dijo: ?En tres horas te mando uno para que te desate. Pero no lo mires??, señaló el parquero.
-Usted se desató antes.
-Sí, dos menos veinte, más o menos, me solté. Me habían llevado la batería del celular y otra que tenía escondida. Entonces, al no poder comunicarme, fui al chalet, entre la oscuridad, con la perra al lado, por si no habían cortado los cables del teléfono fijo. La casa estaba sin luces. La perra estaba tranquila, eso quería decir que no había nadie. Encaré, prendí todo y pude llamar al encargado, que vive en Tandil.
-¿Qué hizo después?
-No quise entrar más a mi casa y me quedé escondido casi dos horas entre la leña. Tenía miedo de que apareciera alguno. No creía que viniese el que me iba a desatar, pero tenía miedo. En cualquier caso, iba a empezar a correr por el medio del campo, entre los montes.
-¿Ve, usted, responsabilidad de la patrulla rural?
-No lo creo. Yo los he visto que controlan. Pero no hay mucha gente en la zona, a la estancia se puede acceder fácil y la oscuridad facilita todas estas cosas. *

 

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