Ignacio Molina, el tandilense que bailó en la apertura de Cosquín

Dicen que las pasiones muchas veces se heredan y este caso no es la excepción. Ignacio “Nacho” Molina viene de familia de bailarines y su pasión por el folclore lo heredó de sus padres. Con tan solo 19 años, tuvo la oportunidad de bailar en la apertura del Festival de Cosquín y ser una de las parejas que acompañó a Soledad Pastorutti en su presentación.

Hoy, a pocos días de su vuelta, dialogó con El Eco de Tandil sobre esta experiencia inigualable.

-¿Cómo fueron tus inicios?
-Mis padres tienen una academia de folclore que se llama “Serranías” y yo copiándolos, comencé a mirarlos y bailar. Luego cerca de mis 8 años fui a El Cielito donde bailé hasta los 14 años que dejé por cuestiones de horarios.
Luego retomé y bailaba en Pynandí Ballet Folclórico dirigido por Mariano Ibargüengoitía quien estuvo en el ballet Camín. Yo dejé de bailar porque los ensayos no me cuadraban con el profesorado de educación física.

-¿Cómo llegaste a Cosquín?

-Mi papá tiene un amigo en Córdoba que se llama Sebastián Delgado quien es ayudante de Oscar Arce, el director de Esencia de Mi Pueblo que es el ballet donde bailé. El me llamó para ver si quería ir a bailar a Cosquín.
El 1 de enero a la tarde me fui para Córdoba llegué el 2 a la mañana y a la tarde ya estaba ensayando. Yo había ido a ver Cosquín pero nunca a bailar y la verdad que era un sueño que uno siempre tiene como bailarín ya que es lo máximo. Por suerte tuve la posibilidad de hacer nada menos que la apertura del festival.

-¿Cómo fue la experiencia?
-Son nueve lunas que representan a las nueve noches de Cosquín. De esas, cinco lunas son para el ballet Camín que es el oficial del festival, otra para el ganador del pre Cosquín que fue Pucará, dos para el Gran Ballet Argentino que es de Córdoba y una para Esencia de Mi Pueblo junto a José Hernández, que es otro ballet.
Realmente fue una experiencia única el poder bailar en ese escenario con la plaza llena. El año pasado fuimos a Cosquín porque mis papás bailaban en el patio del festival por lo que tuvimos que ir a buscar las credenciales y pudimos recorrer el escenario. En ese momento, yo le dije a mi papá que este año iba a bailar ahí y mi papá no me creía pero terminé bailando.
Eso sumado a que en el año 2001 mis padres hicieron también la apertura con el profesor Gustavo Leimon del grupo popular Danzante de Córdoba capital y yo fui a verlos, pero este año les tocó a ellos verme arriba del escenario.

-Entonces no se puede ni imaginar la emoción que debían tener tus padres.
-La verdad que fue una experiencia única también para ellos. Primero porque nunca me había ido tanto tiempo de casa así que me llamaban todo el tiempo para ver cómo estaba; eso sumado a la alegría que les generó estar ahí. Mis papás me ven bailar y lloran así que viajaron dos días antes de que bailara y se quedaron toda la semana ya que el viernes 27 de enero además bailé con Soledad Pastorutti.

-Una experiencia mejor que la otra…
-Sí, la verdad que sí. En esta ocasión, Maximiliano Faraoni es el director del ballet El Chúcaro y también amigo de papá, me invitó a bailar. Mientras “La Sole” cantaba, El Chúcaro es el ballet oficial de ella por lo que en cualquier festival en el que cante, el ballet está bailando.
Ellos ya tienen coreografías armadas por lo que nosotros no podíamos entrar en esas coreografías así que cuando me vio en Cosquín junto a la hija de otra familia amiga, nos invitaron a los dos. De esa forma, nosotros bailábamos adelante y ellos atrás con una coreografía que ya estaba establecida porque venían ensayando.

-¿Cómo son los ensayos en esos tipos de festivales tan importantes?
-Ensayábamos tres veces a la semana y cerca de cuatro horas por día aunque dependía del ensayo que teníamos que hacer. Yo no estaba acostumbrado porque hacía cerca de cinco meses que había dejado de bailar así me costó arrancar y seguirles el ritmo.
Los ensayos iban variando, algunas semanas ensayábamos de martes o miércoles a domingo o los días salteados. En realidad Oscar Arce que es el director fue jurado del pre Cosquín; por lo tanto durante toda nuestra instancia de ensayo no podía estar con nosotros porque de forma paralela se estaba dando este festival. Por lo tanto él iba durante el fin de semana y ensayábamos desde las 10 de la mañana hasta las 17 para ver y organizar todo. Durante la semana, dejaba a cargo a tres profesores varones y tres mujeres quienes iban enseñando distintas coreografías para luego que Oscar elija cuál le gustaba más.

-¿Y cómo fue la apertura?
-El himno de Cosquín dice “vengan del sur y del norte, de cuyo y el litoral” que son las cuatro regiones. Nosotros lo que hicimos fue representar esas regiones y otro grupo que bailaba una coreografía más estilizada y que no representaba a ninguna de esas junto a nueve guitarras que representaban a las nueve lunas.
Iban probando a cada uno de los bailarines en el estilo que mejor le quedaba ya que no todos bailan bien los cuatro estilos. Como yo siempre bailé norte y sur, me preguntaron cuál me quedaba más cómodo y elegí sur porque me gusta más y porque como soy de la provincia de Buenos Aires. El bailarín del sur tiene más elegancia, es más abierto para bailar; en cambio el norte es más firme.

-Durante la semana mientras no ensayaban, ¿dónde se quedaban?
-Yo tengo una familia amiga de Gustavo Leimon que sus padres me alojaron en Córdoba capital. Igualmente cuando llegamos al primer ensayo, había varios bailarines de otras provincias y enseguida se encargó de conseguirles alojamiento a los que no tenían.
Yo estaba a 40 minutos de colectivo del lugar de ensayo durante la semana; por suerte en el fin de semana cambiaba el lugar y me quedaba más cerca. También fue una experiencia esto de tomarme un colectivo todos los días en un lugar que no conocía y acarrear el bolso y las botas que pesa bastante.

-¿Con la ropa cómo se organizaban?
-Yo me tenía que llevar la ropa de ensayo: bota fuerte, la rastra, faja, bombacha y sombrero negro. Esto no me sirvió para la apertura porque bailé de sur, así que me tuvieron que mandar una encomienda desde Tandil con la ropa de sureño; pero la otra la usé para bailar con “La Sole”.

-¿La idea es seguir bailando? ¿Cómo ves tu futuro?
-Sí, realmente quiero seguir porque una vez que estás ahí, querés volver. Igualmente tengo que empezar a bailar otro tipo de cosas como contemporáneo o clásico que es lo que te piden ahora ya que son bases que tenés que tener. Realmente quiero seguir bailando así que veré en qué ballet puedo continuar para seguir perfeccionándome y continuar este camino tan lindo.
Por último me gustaría agradecer a mi familia que me fue a ver, a mi papá Luis Molina, mi mamá Mabel Islas y mi hermana Julia Molina; a mis padrinos Nicolás Quiroga y Belén Aguirre y por supuesto a Oscar Arce y Sebastián Delgado que me dieron la posibilidad de bailar.

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