José Como Birche y su lucha para ser médico

 

“Es un orgullo encontrar profesionales así, tan dedicados a su trabajo, con amor por sus pacientes y su profesión”, afirmó el ministro Collia, quien hizo un reconocimiento a la trayectoria del profesional. 
La historia de este cirujano no fue fácil desde que era un niño. Sin embargo, hoy tiene las manos más solicitadas del hospital San Juan de Dios para las cirugías más riesgosas: desde patologías aórticas agudas hasta tumores del corazón. Antes de entrar como pasante en el hospital fue cartonero, recolectó flores en las afueras de La Plata, cortó el césped de los vecinos y copió a mano los libros que tenía que estudiar. 
Actualmente los números de Como Birche en relación a las cirugías cardíacas son apabullantes: 5 mil dirigidas por él mismo en el San Juan de Dios; 15 mil en total en toda su carrera; 250 cirugías centrales por año (a corazón abierto).  
“La primera cirugía que vi fue una cirugía cardíaca. Tenía 19 años. No me impresionó, me fascinó”, recuerda el cirujano. 
También a esa edad José Como Birche encontró una mañana a su padre muerto en la cama. El corazón le había dejado de funcionar. El médico no supo qué le había pasado, pero los años de estudio y de ejercicio se lo dijeron más tarde: para seguir viviendo el corazón de su padre necesitaba un marcapasos que nunca le pusieron. 
En toda su impresionante carrera como cirujano cardiovascular, Como Birche puso cientos y cientos de marcapasos, una de las intervenciones más sencillas, de esas que los cirujanos que recién empiezan hacen para ganar seguridad en el oficio de los corazones. Hoy dice que esa ironía del destino fue la que lo llevó a elegir este oficio. 
 
De cartonero 
a cirujano
 
La carrera de medicina en la Universidad Nacional de La Plata le costó el triple que a sus compañeros por un simple hecho: era pobre. No importaron todas las piedras en el camino. Desde la primera cirugía cardíaca que presenció se sintió tan fascinado que no pudo dejar de hacerlo. 
José Como Birche hizo tres veces el ingreso a la Facultad de Medicina de la UNLP. Eran épocas de dictadura en el país y sólo se daban 250 vacantes por año. José tenía un promedio de 9,70. Pero sólo logró entrar con la vuelta de la democracia. 
Trabajaba en una fábrica desde los 15 años. Los nuevos horarios salteados de la carrera universitaria no le permitieron seguir con ese trabajo. Su padre había muerto. Su madre era una mujer pobre con otros cuatro hijos que criar en Villa Elisa, La Plata. José entendió que para recibirse debía sacrificarse. Y lo hizo. 
“Cuando entré todo fue muy dificultoso porque no tenía recursos y entonces hacía lo que podía: copiaba libros que me prestaban en la biblioteca. Me copié a mano los cuatro tomos del Tratado de Anatomía Humana de L. Testut”, recuerda con una sonrisa como de buenos tiempos. Los cuatro tomos son exactamente 4.339 páginas.
“Me tuve que adaptar a todas las circunstancias para poder seguir adelante”, explica el cirujano que en los ratos libres de su vida de estudiante se dedicaba al cartoneo con un amigo. Para él, cartonear era una más de todas las changas que hacía para poder continuar con su carrera. 
Fue entonces, en medio de todo ese esfuerzo, que el cirujano Como Birche llegó al hospital provincial San Juan de Dios. “Cuando ingresé fue un alivio porque ya tenía un sueldo y principalmente el apoyo de la gente. Todavía vivía con mi mamá. Me prestaban libros, estaba en un ambiente médico y la gente era macanuda conmigo”, dice hoy el cirujano que se quedó para siempre en el hospital y que define el servicio de cirugía cardiovascular como “mi casa”. u

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