La comunidad del Jardín de Infantes 905 ?tomó? la calle para festejar los 40 años de la institución

La fiesta para celebrar las cuatro décadas de vida del Jardín de Infantes 905, se realizó ayer, pasadas las 14, en la cuadra de Roca al 300. El frío cedió en su intensidad para que grandes y chicos pudieran rendir homenaje a una institución que ha visto pasar por sus aulas a millares de alumnos, calando hondo en la barriada y en la comunidad toda.
La cuadra del jardín permaneció cortada al tránsito por un par de horas y la fachada de la sede hizo de escenario, ataviada con un cartel que reza ?40 años comprometidos con la infancia y su derecho a la educación?.
Los directivos, docentes y auxiliares ocuparon el frente del establecimiento, mientras que los familiares de los alumnos se ubicaron en la vereda de enfrente. A lo largo de varios metros dispusieron las pequeñas sillas de las aulas para que tomaran sus lugares los protagonistas: los 306 niños de 3, 4 y 5 años que dan sus primeros pasos en el sistema educativo.

Desfile y música

La Banda Municipal interpretó canciones infantiles para dar lugar a la historia de un enorme dragón, al que animaban las practicantes del Instituto de Formación Docente y estudiantes del Instituto de Educación Física.
Detrás del colorido personaje desfilaron las once salas del Jardín 905, provistos con atuendos confeccionados durantes las jornadas de clases. Desde turistas, payasos, Popeyes y Olivias, superhéroes, hasta reyes y reinas caminaron a ritmo lento y pasos cortos frente a los orgullosos padres, hermanos y abuelos.
Una vez ubicados los trescientos pequeños, ingresó a escena Flor de Murga, convocada por sus valores sociales. El contagioso ritmo prendió entre los presentes, que batieron palmas y disfrutaron del colorido importado desde el barrio de Las Ranas.
Para culminar este ameno encuentro, la Banda Municipal ejecutó otra serie de temas, generando una contagiosa reunión de chicos que bailaban y hacían rondas en el centro de la calle.
Todas las actuaciones fueron seguidas de cerca por el perro callejero de la cuadra, un ejemplar flaco y enérgico, color canela y blanco, que se encargó de ladrar para acompañar los redoblantes murgueros y los atinados sonidos de la Banda. Poco a poco y sin proponérselo, se convirtió en otro foco que atrajo miradas y generó múltiples comentarios entre el público.

Un deseo

En la despedida, la comunidad pidió un deseo para cumplir con el clásico rito de cada cumpleaños: ?Que todos los chicos puedan crecer con derechos? e invitó a los alumnos, ex alumnos, directivos, ex directivos, integrantes de la asociación cooperadora y vecinos a realizar una suelta de palomas como símbolo de este anhelo.
El Jardín 905 manifiesta que trabaja sobre las posibilidades reales, mirando hacia el futuro desde el presente y sin dejar de lado el pasado. El acto de ayer tuvo un poco de todo eso: los chicos de hoy que serán el futuro de Tandil y las generaciones que han pasado grandes momentos en esas aulas pero que además han incorporado valores y estrechado sus primeros vínculos sociales.
Para la desconcentración sonó fuerte el ?Feliz cumpleaños?, en una celebración en la que cuarenta camadas de chicos tandilenses ?la mayoría ya adultos- fueron homenajeados.*

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