La desidia sobre ruedas

La semana quedó marcada a fuego por la desidia. Los siete días transitaron sobre la impotencia de la comunidad rural y la opinión pública en general que vio, escuchó y leyó cómo sus convecinos del campo salieron furiosos a las calles de asfalto y empedrado. Esas que en lo cotidiano casi les resulta ajena, puesto que sus vidas, sus rutinas están entre el verde yuyo, el tambo y las vacas.
Esta vez no pataleaban cacerola en mano por la emergencia agropecuaria o  las suculentas retenciones que la Casa Rosada se lleva. La gran mayoría de esos demandantes llevan a sus hijos a escuelas de la ciudad por lo que se recauda de arrendamientos.
Ahora el grito del campo era -es- otro, de otros. De aquellos que trabajan la tierra y dependen de aquellos primeros,  y llevan a sus pibes a las escuelas de la zona llamadas de concentración. Para muchos el único lugar de sociabilización de los más bajitos.
Llamativamente para esta demanda no hay muchas reacciones políticas. No hay un intendente subiéndose a una cosechadora y los referentes locales del ideario nacional y popular brillan por su ausencia. Sólo aparecen para las maduras o cuando el rédito político resulta tentador.
En la Provincia, en el último tiempo todas son verdes, más bien el color que predomina es el rojo de alerta frente a cuentas que no cierran y fondos que no alcanzan.
Sucede que son demasiados días de clases los que ya se han perdido, y nadie parece estar dispuesto a allanar una salida. Resulta llamativo que aquí y ahora el Intendente, que suele ostentar las buenas migas cosechadas con el Gobernador, no logre persuadir al ex motonauta de la problemática que se está soportando.
Más llamativo aún resulta el silencio de los voceros del mandatario provincial, quienes siempre atentos al quehacer tandilense siquiera han dado una señal de preocupación de lo que está ocurriendo.
Haciendo honor a su apodo, Alejandro “el Topo” Rodríguez hace rato que no se lo ve por estos lares. Tampoco al ex felipista Juan Favre que hasta ayer bien se encargó de transmitir las buenas nuevas a la hora de la infraestructura educativa desde el Consejo Escolar platense (con la salvedad del bochorno llamado Polivalente). Tampoco los bossistas parecen interesados en inmiscuirse en el asunto. Tal vez aguardan “la venia” del mandamás para omitir al menos alguna opinión.
Todos mutis por el foro. Apenas el municipio ensayó una propuesta escueta del propio presupuesto y al unísono se propuso que los padres solventen parte de los costos. Pero cuando se sacaron cuentas se advirtió sobre la dificultad que eso representaba para la economía doméstica.
Se ha dicho hasta el hartazgo, la mayor y gran responsabilidad por esta desidia hay que buscarla en La Plata, pero frente a semejante impotencia desde lo local habrá que encontrar una salida urgente y definitiva para no repetir la pesadilla año tras año.
Si alguna vez se creó la cooperativa vial que enorgullece a propios y extraños. Si con los recursos municipales se solventa el costo para que los móviles policiales transiten las calles, bien vale la pena repensar un sistema que contemple esta demanda de hoy y de siempre.

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