La devaluación interna

Después de varios años, los bonaerenses específicamente, y por extensión los argentinos todos, de nuevo somos testigos de la utilización de un mecanismo partidario como es la convocatoria y organización de elecciones internas: hoy en el caso del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, en la actualidad a cargo del Gobierno, según el mandato de las urnas.
En 35 distritos de la provincia más grande del país se eligen este domingo autoridades para integrar el consejo partidario de cada PJ local y representar cada distrito en el Congreso provincial. Además se eligen, al mismo tiempo y en todo el territorio, las autoridades del ?Consejo provincial?, órgano directivo para el que sólo se oficializó la lista que encabeza el vicegobernador y candidato kirchnerista Alberto Balestrini.
Tras largo tiempo en que muchos abogaron por el fortalecimiento de los partidos políticos, hoy sectores del justicialismo, bajo la convocatoria a internas, se amparan en que trabajan por cumplir aquella premisa. Surge no obstante una inevitable pregunta con respuesta a las claras: llamar a elecciones internas, aunque implique ya un buen paso, ¿supone necesariamente renovar y fortalecer las estructuras partidarias? Claramente, no. Si bien es condición necesaria, no lo es suficiente.
Dos son las tradicionales funciones que siempre se adjudicaron a los partidos políticos: ser polea de transmisión de la ?demandas? de la sociedad y canalizar la participación de las masas en el proceso de formación de las decisiones políticas.
Pero en los últimos tiempos, la sociedad ha preferido expresar más sus demandas por otros canales o tipos de instituciones, alternativos a los partidos políticos usuales; respecto a la participación en el proceso de toma de decisiones políticas, resulta hasta ridículo esperanzarse en la posibilidad de irrupción de apertura de una conducción que de antemano se encuentra subsumida en un sordo centralismo que día a día se niega escuchar lo que miles de argentinos reclaman a gritos. Es casi evidente que muy poco se abonará así en aquella clave tras las elecciones de este 30 de noviembre.
¿Qué mejora para la eficacia de esas instituciones partidarias reportará entonces la elección de hoy? ¿Qué utilidad tiene este llamado a internas en el PJ provincial? La sola pregunta contrasta con el desinterés generalizado, no sólo de la ciudadanía, sino sobre todo el de las mismas filas partidarias, que por un lado oyen la convocatoria a una formal elección, para que luego, desde Olivos, ?se ordenen los pasos a seguir?, restando a cualquier forma de modernización, apertura y regeneración política.
Militantes del oficialismo suelen insistir, en sus argumentaciones en favor del Gobierno, que con los Kirchner ?en la Argentina se recuperó el debate?. ¿Qué debate? ¿Un debate entre 3 ó 4 personas, cuya nota principal es ?que piensan igual? y ?responden al líder?? Cabe preguntarnos, ¿vimos dialogar, aunque sea sólo una vez, en una misma mesa, a líderes del oficialismo y también de la oposición, con dirigentes empresariales, representantes sindicales, exponentes del saber o de los credos religiosos? Cuánto menos entonces en términos partidarios.
Lo que sí vimos fue que el oficialismo no sabe, no puede o no quiere tolerar sus disidencias internas: días pasados su tropa de legisladores oficializó una ruptura que era ya innegable, herida que parece no coagularles y divisa agrandarse aún cada vez más.
Vastos sectores del peronismo decidieron no participar del proceso eleccionario mientras se autodeclaran prescindentes de éste, a causa de esta situación de descreimiento y vacío por la que pasan los partidos políticos en la actualidad. Situación esperable, ante esa creciente y opaca verticalidad hoy a la usanza.
Sin la primaria reformulación de las lamentables experiencias de concentración de poder, no surgirán buenos efectos, con solas internas. Mientras hoy la sociedad aguarda diálogo, gestos de confianza y acuerdos legítimos que beneficien la vida de los argentinos, la dirigencia se atrinchera en ?dispositivos cerrojo?, cada vez más lejanos al interés colectivo.

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