La fiscalía de Menores elevó a juicio la causa por el trágico accidente en la avenida Brasil

El 21 de abril del año pasado, la ciudad se veía conmovida, sacudida por una tragedia vehicular que tenía como protagonistas a adolescentes, de los cuales una falleció y el resto quedó con severas heridas que hoy, tratan de cicatrizarse según la gravedad del caso. a poco de cumplirse un año de aquel luctuoso accidente que puso en el tapete no sólo la crisis del tránsito sino el consumo de alcohol en los jóvenes y la falta de controles ante las imprudencias manifiestas, la causa penal se elevó a juicio, con su consiguiente calificación para con el menor que conducía aquel rodado que terminó impactando contra una columna en avenida Brasil.

Cabe consignar que la causa revistió connotaciones especiales más allá del dolor por una pérdida de una vida inocente y otras tantas heridas con lesiones de suma gravedad. Se trató de todos menores de edad los que estaban involucrados que venían de una fiesta privada, que se subieron a un auto cuyo conductor emprendió una alocada carrera (tal era su costumbre) y en medio del trayecto algunos –algunas- de los ocupantes quisieron bajarse, pero no pudieron y el final fue el peor de todos: la muerte.

Por el suceso no sólo se abrió una causa penal para determinar las causales del accidente y sus responsables, también los deudos de las víctimas iniciaron sus respectivas demandas civiles que aún aguardan definiciones procesales.

Este Diario accedió al expediente judicial penal que la fiscal María de los Angeles Marsiglio terminó de confeccionar a finales del mes pasado, arribando a conclusiones contundentes como severas –según reza el Código- para con quien quedó sindicado por los hechos fatales.

En efecto, la instrucción del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil tipificó los hechos como “Homicidio culposo agravado por la conducción de un vehículo automotor” y “Lesiones culposas agravadas por la conducción de un vehículo automotor (tres hechos) en concurso ideal” (artículos 54, 84 y 94 del Código Penal y Código Provincial de Tránsito dec. 40/2007), resultando responsable el joven que conducía el rodado, piloto de automovilismo zonal.

 

El valor de la alcoholemia

 

A la hora de arribar a los fundamentos de la acusación, la fiscal Marsiglio tomó varios elementos de prueba. Fundamentalmente la gran cantidad de testimonios tanto de los propios protagonistas (el conductor acusado se negó a declarar) como testigos circunstanciales varios del terrible accidente vehicular.

Pero más allá de las citadas declaraciones, otras pruebas, como los peritajes accidentológicos y la pericia química, fueron clave para establecer responsabilidades penales.

Sobre la pericia química (alcoholimétrica) se desprende que el valor de alcoholemia del imputado era al momento del hecho superior al legalmente permitido.

Del estudio practicado, los expertos consideraron que el valor de alcoholemia al momento del hecho sería del orden de 0.89 gr./lt., con un rango comprendido entre 0.71 g/lt. Y 1.087 gr/lt según el valor del coeficiente que se aplique. “De ello y atento que en la determinación influye la habituación del individuo a la ingesta, el llenado del estómago y la administración de medicamentos, etc.”, consideró el perito que el valor piso (o mínimo) de la alcoholemia al momento del hecho para el imputado estaría en 0.71 gr/lt, independientemente de las circunstancias individuales.

 

Pericia accidentológica

 

Otro de los puntales de la acusación versa sobre la pericia accidentológica efectuada por el perito Piazza, la que en base a los puntos periciales establece varias consideraciones.

A saber, respecto al factor ambiental, indicó el lugar donde sucedió el hecho señalando que las condiciones del pavimento como iluminación artificial eran adecuadas, las condiciones ambientales también eran favorables, mientras que la velocidad de circulación en el sector se encuentra limitada a 40 kilómetros por hora.

Respecto al factor vehicular, el perito refirió características del vehículo y agregó que se detectó la alta velocidad final (205 km/h) y la gran aceleración del mismo.

Sobre el factor humano, el conductor fue una persona muy joven (17 años), con supuestas capacidades para manejar vehículos en competencia deportivas, proveniente del karting y con actuación en automotores mayores, quien en teoría estaría capacitado para la conducción pero en la práctica y en vista lo sucedido no fue así. Textualmente refirió el perito: “una cosa es la pista y otra es la noche…”.

Agregó a su informe la ingesta de alcohol detectada, el horario de ocurrencia (alrededor de las 5 de la madrugada, lo que aumenta la fatiga), fiesta previa, acompañantes.

El experto, entonces, concluye en que la causa determinante del suceso resultó ser el factor humano, ya que en las condiciones en las que se encontraba el conductor “se alargan los tiempos de apreciación-reacción, estirándose los reflejos”.

En cuanto a la mecánica del hecho, el siniestro se produce en horario nocturno para la época, pero en un sector con correcta iluminación, siendo además las condiciones climáticas favorables, el mismo deviene a raíz de la pérdida de adherencia en curva por alta velocidad donde la fuerza centrífuga generada supera la de adherencia de la unidad provocando el despiste o la fuga o expulsión hacia el exterior.

En este caso, al existir cordón, el automóvil se subió al mismo (no despista en términos de circuito) ya que la altísima energía cinética generada supera la capacidad de control de su conductor y el automóvil continúa sin gobierno hasta la detención final produciendo en su trayectoria disminuciones por derrapes, deformaciones estructurales y semivuelco en otras.

En cuanto a la velocidad previa al impacto, el perito tomó varios elementos para realizar un cálculo establecido , y permitió establecer que la velocidad de circulación del automóvil era al menos de 113.6 kilómetros por hora, conclusión que resulta contesta y complementaria de la pericia accidentológica, palimétrica y demás estudios oportunamente practicados.

Así las cosas, con semejantes informes permitió a la fiscal arribar a la imputación descripta, elevando a juicio la causa, al aguardo de un debate oral o un juicio abreviado donde las partes acuerden la pena a imponer. Por las características de los hechos y la carátula de los mismos, cabe consignar que se trata de una condena de ejecución condicional, por lo que el objetivo del ministerio público será fundamentalmente en la sanción para inhabilitar al acusado a que vuelva a conducir un vehículo por los años que establezca el Código. 

 

El hecho

Tal se informó oportunamente, el fortísimo impacto lateral de un auto contra una columna de alumbrado público causó el deceso instantáneo de una menor de 17 años, en tanto que cuatro de sus acompañantes sufrieron lesiones de diversa gravedad.

La víctima mortal fue identificada como Josefina Olesen, quien cursaba estudios en el Colegio San Ignacio y es hija del pastor Martín Olesen, de la Iglesia Danesa.

La gravedad del accidente y la conmoción causada se vio reflejada por la gran cantidad de jóvenes que durante toda la jornada permanecieron compungidos en proximidades de los centros de internación y en la Iglesia Danesa, donde fueron velados los restos de la joven.

Los jóvenes lesionados son alumnos de diversos establecimientos educativos locales, entre los que se mencionó a los colegios San Ignacio y Sagrada Familia, Escuela Normal y Escuela de Educación Secundaria 1 Lucio V. Mansilla.

El accidente se produjo a metros de avenida Brasil y Larrea, cuando un Chevrolet Vectra circulaba en dirección al centro, a muy alta velocidad, y según las primeras estimaciones de los peritos embistió lateralmente una columna del sistema de alumbrado ubicada sobre el bulevar central.

Previamente había sido arrasado el cartel de prohibición de giro a la izquierda ubicado unos 20 metros antes, en Brasil y Larrea. El auto terminó su alocada carrera a poco del cruce de la avenida con Fidanza (Lobería).

En ambas manos de la avenida, a lo largo de toda la cuadra, quedaron esparcidos restos del auto, entre los que se destacaba el desprendimiento de la rueda trasera izquierda.

Justamente el mayor impacto que presentaba el vehículo era sobre el lateral izquierdo, al punto que una de las puertas quedó “abrazada” a la columna del alumbrado público.

Según las informaciones que trascendieron con el correr de las horas de aquella jornada, el grupo regresaba de una reunión privada realizada en la zona del barrio Golf y a poco del accidente pasaron por el lugar otros asistentes al encuentro, los cuales se mostraron conmovidos por la macabra escena.

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