Los Bomberos Voluntarios de Vela defienden las vidas y los bienes en unas 118 mil hectáreas

La Asociación de Bomberos Voluntarios de María Ignacia Vela, fundada el 14 de septiembre de 1982, cumple mañana 33 años de vida. Por su misión principal y la acción frente a distintos siniestros se ha convertido en una de las instituciones más reconocidas, orgullo del partido de Tandil.
Para conmemorar el aniversario y agradecer el apoyo que siempre les ha demostrado la comunidad, el presidente de la entidad Juan Carlos Cortes, el integrante del consejo directivo y ex bombero voluntario durante 26 años Enrique Omar Cadel y el jefe del cuerpo oficial auxiliar de escuadra Matías García mantuvieron una extensa entrevista con El Eco de Tandil.
Los Bomberos Voluntarios de Vela atienden una enorme jurisdicción que abarca 118 mil hectáreas, es decir, unos 180 kilómetros cuadrados. La zona comprende el límite del partido de Tandil, de Vela hacia Juárez, la Ruta 74, bordea el arroyo que pasa junto a las vías de Cuatro Esquinas, atraviesa la Ruta 226, alcanza hasta La Pastora y el arroyo Los Huesos hasta el final del partido de Tandil.
“El casco urbano es un porcentaje mínimo para la jurisdicción que tenemos”, dijo Matías García y señaló que muchas veces deben avanzar muchos kilómetros por caminos en malas condiciones para llegar al siniestro que deben atacar.
En la actualidad, las salidas más habituales que afrontan los integrantes del cuerpo son los incidentes viales. “Lamentablemente, cada día van creciendo más. Ya sean en rutas, en los campos, en la localidad. Si bien tenemos incendios forestales, son inevitables porque nuestra jurisdicción está muy colmada y tiene mucha carga de combustible en la forestación, día a día crecen los incidentes vehiculares”, explicó el jefe del cuerpo.

La administración

Juan Carlos Cortes, el tercer presidente en la historia de la asociación -después de Luis Iacaruso y Julio Lauzurica-, lleva una década trabajando junto a los bomberos de María Ignacia. Desde su rol, expresó que “es complicado” porque deben manejar recursos escasos y el cuerpo muchas veces plantea sus necesidades.
Hoy cuentan con un subsidio anual del Gobierno nacional. El último fue de 184 mil pesos y está destinado para la compra de vehículos, equipamiento, elementos de seguridad y mantenimiento de la flota. Deben rendir las facturas y no pueden afrontar con esos recursos los gastos fijos del cuartel.
Sumado a este aporte, reciben un subsidio mensual del Municipio y otra importante colaboración de la cooperativa Cretal.
“Hoy tenemos 30 mil pesos por mes de gastos fijos, con seguros de vehículos y de personal, y otro dentro del cuartel; el salario del cuartelero, que se lleva una buena parte”, explicó.
Por su parte, Enrique Omar Cadel, miembro del consejo directivo, describió que “todo el año tenemos que estar buscando recursos para que los ingresos nos cierren. Tenemos unos cien socios en Vela, con una cuota de cien pesos por año”.
Cortes valoró especialmente que “la gente del pueblo colabora muchísimo. Hacemos rifas, loterías, fogones, organizamos la cantina de los corsos, y siempre van, compran, colaboran. Toda esa plata es de la gente de Vela, porque los que colaboran con nosotros por ahí no son los que más tienen”.
Todos participan en las actividades para reunir fondos, los dieciocho miembros del consejo directivo más el cuerpo activo y las familias de todos. Todo se hace a pulmón, ofreciendo su tiempo y trabajo en forma desinteresada para organizar los eventos.

En el mejor
momento

“El cuartel va a cumplir 33 años y todo va en ascenso. Creo que nunca estuvimos equipados como ahora”, dijo Matías García y enumeró que cuentan con 7 móviles. Uno es “La chanchita”, el primer vehículo que tuvo el cuartel y que se utiliza como cisterna con capacidad de 4500 litros. Además, disponen de dos autobombas de porte pesado y cuatro por cuatro, un Magirus Iveco y un Magirus Deutz, uno equipado para incendio forestales y otro para los estructurales. A estos vehículos se suma un Unimog Mercedes Benz, una autobomba liviana que sirve para acceder a las sierras.
Además, cuentan con un furgón Renault Master que es ágil y se utiliza como unidad de rescate para los eventos viales, ya que deben recorrer 17 kilómetros por la Ruta 80 para salir a la 74 que es donde más se registran accidentes, vuelcos y choques.
“Para los eventos vehiculares, tenemos la tan ansiada tijera neumática e hidráulica, expansor y el material correspondiente para cuando quedan víctimas atrapadas y la extracción es complicada”, describió.
Otro móvil es una Renault Kangoo reservado para la capacitación del cuerpo y otra camioneta Toyota, cuatro por cuatro, que sale en apoyo de la unidad de rescate para llevar más personal a los incidentes viales.
En cuanto a los elementos de seguridad, el jefe del cuerpo explicó que “estamos equipados como corresponde” gracias al esfuerzo del consejo directivo y de la comunidad. El bombero es prioridad en cuanto a la protección y tiene un traje para cada tipo de siniestro.
“El bombero está equipado con todo lo que exige la homologación que pide tanto el Consejo Nacional de Bomberos como la Federación de Asociaciones de Bomberos Voluntarios de la Provincia de Buenos Aires, porque tenemos un seguro y si la ropa no está homologada, no nos cubre”, afirmó.
Al momento de una salida, se prende una luz que les indica el tipo de evento y los bomberos se uniforman. De inmediato hacen fila para que el encargado de la dotación supervise y no deja subir al móvil a quienes no se encuentran con la ropa indicada para esa salida.

Faltan
voluntarios

Hoy trabajan 31 bomberos en el cuerpo activo de Vela. “Es un número un poco mentiroso, porque cada cual tiene su actividad laboral, la mayoría está en el sector agrícola ganadero, y en el verano, cuando somos más requeridos, tenemos mucha gente trabajando en el campo. Entonces, cuando más somos convocados, contamos casi con la mitad, con 15 o 18 bomberos”, indicó Matías García.
El protocolo vigente establece que el cuartel recibe un llamado, se alerta a través de handies a todos los bomberos y luego suena una alarma general en el pueblo. “Es para el bombero que no escuchó el handy o lo tenía cargando en ese momento, pero también para la comunidad, para avisarle lo que va a suceder, para que traten de circular con precaución”, precisó.
A pesar del aviso general, no suelen responder los 31 voluntarios porque algunos están trabajando o pueden atravesar una situación personal complicada. “La dotación que formamos es de seis bomberos como mínimo, pero generalmente son nueve arriba del móvil. Tratamos de ocupar todos los asientos porque cuando llegamos a un siniestro, a un incendio forestal o un incidente vehicular o un incendio de vivienda después nos puede faltar gente”, reconoció el jefe.
La cantidad de voluntarios suele convertirse en una complicación durante el verano, pero también ante el incremento de eventos en las rutas que deben cubrir. “Los bomberos no somos robots que vamos, trabajamos y volvemos. Hoy estamos avanzando en que el bombero acude a los siniestros de incidente vehicular y cuando regresamos, la dotación que fue realiza una charla donde se comentan las cosas que se hicieron bien y las que se pueden mejorar, con el fin de no transportar todo esto a nuestras casas porque el bombero tiene la necesidad de contar”, resaltó y sostuvo que estos encuentros están dando sus frutos.

La escuela
de cadetes

Si bien muchos chicos suelen sentir atracción por la profesión del bombero, no todos mantienen eso proyecto en la adultez. Todos los años en Vela, el cuartel abre en enero la escuela de cadetes, con veinte vacantes. Los chicos comienzan a los 12 años, pero muchos a los 18 años optan por estudiar una carrera universitaria o trabajar y emigran del pueblo.
“Lo que quisimos hacer con el consejo directivo y el cuerpo activo es una inversión para rastrear a los chicos y en lugar de que anden en la calle, a las vueltas, o que no se sienta útil en algún lugar, reclutarlos y empezar a enseñarles un par de cosas de la carrera de bomberos voluntarios que es ahí donde se inicia. Después, cuando llegan a los 18 años, es notable la diferencia entre los que se incorporaron hace meses y los que van hace 6 años”, explicó Matías García, quien heredó el amor por la actividad de su abuelo.
Los chicos arrancan a los 12 años y durante todas las semanas tienen capacitaciones sobre las actividades de los bomberos y las emergencias. La escuela de cadetes se reinició en enero de 2015, aunque hace años ya se había implementado y aún hay dos egresados que siguen activos con años en el cuerpo.
“El cadete piensa que suena la sirena y sube a la autobomba, pero lamentablemente no es así. Hasta los 18 años que no tienen el seguro correspondiente, no pueden salir. Pero bomberos no es solamente la sirena, tiene muchas actividades, adentro hay una academia, capacitación externa e interna. En el cuartel también tenemos eventos sociales, que desarrollan los bomberos con el consejo directivo”, dijo el jefe.
Y reseñó que la renovación del cuerpo “es muy complicada, porque el reglamento de la federación dice que el ingresante debe tener 18 años y no puede exceder los 40 años para ser bombero, y el pueblo no tiene tanta cantidad de gente. Además, la persona tiene que tener lineamientos morales y éticos que la pueden excluir. Uno es bombero tanto dentro de la institución como afuera, las 24 horas”.
En Vela ocurre que muchos de los voluntarios son hijos y nietos de bomberos que en tres décadas han nutrido al cuartel de recursos humanos. Una de las diferencias que marcan a las actuales generaciones es que “hoy en día están mucho más especializados que nosotros, porque nos avocamos más a armar la institución”, contó Cadel, quien estuvo 26 años al servicio de la comunidad ante posibles siniestros.
Como jefe del cuerpo, Matías García confió que son respetados en la comunidad de María Ignacia y también en Tandil cuando prestan colaboración en servicios que demandan refuerzos. “Somos reconocidos. Uno se da cuenta cuando uno hace un evento para recaudar y la gente está; cuando salimos a un siniestro y nos respetan en todo momento; cuando venimos a Tandil, sucede lo mismo. El bombero voluntario siempre fue respetado”, aseveró.
A lo largo de estos 33 años, los Bomberos de Vela han acudido en colaboración a Tandil, Claromecó, Barker, Juárez y Sierra de la Ventana, en incendios muy potentes. Este año estuvieron a punto de acudir a la inundación de Luján, ya que tenían la experiencia de haber actuado en Zárate. u

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La historia

El disparador del nacimiento de los Bomberos Voluntarios de Vela fue el voraz incendio que se produjo en la vivienda de la familia Borione, donde no quedó nada. Los Bomberos de Barker debieron viajar 50 kilómetros en auxilio. “Para cuando llegaron, con muy buenas intenciones, esa familia quedó sin casa. A raíz de eso, un montón de vecinos se propuso fundar los Bomberos de María Ignacia Vela”, contó Enrique Omar Cadel, quien durante 26 años formó parte del cuerpo activo y hoy trabaja desde el consejo directivo.
Arrancaron con muy pocas herramientas y sin vehículo, hasta que pudieron armar el primero que fue bautizado “La chanchita” y todavía está en circulación para tareas de apoyo. El cuerpo activo tenía unos veinte hombres de todas las edades, que se fueron capacitando paulatinamente.
A cinco años de su fundación, ya habían adquirido tres vehículos. Con apoyo del intendente Julio Zanatelli (f), lograron comprar la propiedad donde se iba a instalar el Banco Comercial, ubicada en Uriburu y Mitre, y comenzaron a trabajar para reacondicionar las instalaciones que comprenden más de 500 metros cuadrados.
“Cuando comenzó la base Antonio Gorosito, miembro fundador, que ya había sido bombero voluntario en Balcarce, era el que más había incursionado en la actividad y más herramientas tenía. Fue quien brindó las primeras armas a los voluntarios y después salieron a capacitarse a distintos cuarteles”, contó Matías García a partir de los comentarios que escuchó de sus compañeros mayores en el cuartel.

A pulmón

En esos momentos, el consejo directivo y el cuerpo activo buscaban recursos económicos que reforzaran los provenientes del apoyo de las autoridades y las rifas. “Se empiezan a hacer servicios de fiestas, cumpleaños, bautismos, a la par que comenzamos a remodelar el salón, que era angosto, tenía piso de madera. Entonces, techaron el patio y lo unieron, y empezaron la remodelación”, contó Cadel.
Con un enorme esfuerzo, pusieron en valor el salón de fiestas, de unos 320 metros cuadrados, y la casona donde funciona la institución. La obra llevó muchos años, ya que trabajaban los bomberos e integrantes de la comisión a contraturno de sus empleos.
Frente a todos estos años de lucha, el actual presidente Juan Carlos Cortes quiso agradecer a “la población de Vela y de la región por las grandes colaboraciones que recibimos” y les pidió que “nos sigan apoyando porque a la vista está lo que hemos logrado. Vamos a seguir para adelante si tenemos el apoyo de la gente. No le vamos a aflojar”. Además, le agradeció al delegado municipal Fabián Riva el constante acompañamiento, al Municipio de Tandil y a Cretal por sus aportes económicos. u

“Cuando suena la alarma, al
bombero no le interesa nada”

El oficial auxiliar de escuadra Matías García ingresó a los Bomberos Voluntarios de Vela a los 16 años. Su abuelo Ramón Felipe Cornejo fue uno de los fundadores del cuerpo y lo inició en la noble actividad. Hoy con sólo 32 años es el jefe del cuerpo activo, cargo que asumió el 11 de junio de 2013.
“Es una palabra simple de decir, pero muy compleja. Un bombero voluntario no percibe un sueldo. Tiene su jornada laboral, su familia como todos. Es una persona común que está trabajando y al momento de que se convoca por alarma, no ve si es rico, si es pobre, si la está pasando bien o mal. Cuando suena la alarma, al bombero no le interesa nada. Pongo las manos en el fuego por los 31; cuando llegan al cuartel lo único que preguntan es cuándo pasó y quieren saber cómo se tienen que uniformar. No les interesa si es Juan o Pedro. Es salir… Es tratar de colaborar y salvaguardar la vida del prójimo sea quien sea”, reseñó el jefe.
En esa misión, los bomberos voluntarios arriesgan su propia vida. “Es pura solidaridad”, definió sobre su labor.
Como medio de vida, Matías García trabaja de enfermero en el Hospital Rodríguez Larreta de Vela, otra profesión de una gran sensibilidad. Además es padre de dos hijos que se preocupan cuando surge una salida. En este sentido, contó que “el bombero cuando se uniforma, se olvida de todo” y muchas veces se arriesga en forma desmedida.
Por ese motivo, hicieron un video con entrevistas a las familias y les preguntaron qué les despierta el toque la sirena. “A todos les pasaba lo mismo: temor. Nos vamos y no sabemos cuándo volvemos. Decimos que está todo bien y hay cosas que no comentamos porque no queremos preocupar”, confesó. u

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