Marcelo Artero, el deporte como parte esencial de la vida

Por Ana Pérez Porcio

Nos recibe en el departamento familiar de inmensos ventanales por los que la luz se cuela sin pedir permiso brindando una vista fantástica de la ciudad y sus serranías. El amplio living comedor de estilo minimalista luce espléndido y despojado de elementos innecesarios lo que da al ambiente sensación de equilibrio y armonía, ha sido decorado con muy gusto y calidez. Los contrastes lo aportan dos de las paredes que  lucen un tríptico y otra pintura realizadas por  las hijas del matrimonio que componen Marcelo y Marita.

“No hemos venido solamente a hablar de deporte –le decimos mientras disfrutamos del café que su mujer nos sirvió  antes de salir hacia el trabajo-, queremos conocer al niño que se crio en el barrio de la estación, al estudiante aplicado, al hombre que ha hecho un culto de la amistad y que toma  al deporte no como un hobby sino como su pasión”.

-Me crié en el barrio la estación donde está la avícola (Los Pinos),  era el negocio familiar antiguo de Arana y 11 de septiembre. Allí nacimos, tengo una sola hermana, Susana, pero mi familia es atípica.

-¿Cómo es eso?

-Vivíamos dos familias juntas en la misma casa, mi padre Paco y Sara y mis tíos Pepe y Claudia, ambos con sus hijos y a la casa venían tíos, primos, amigos se parecía más a una romería que a una casa de familia (risas).

-Su casa estaba muy cerca de  la familia Malisia…

-Claro porque la madre de “Pepino” es hermana de mi papá.

El potrero y la pileta

-¿Cómo fue su infancia?

-Como la de los chicos de entonces porque  no había peligro,  teníamos el potrero para jugar a la pelota o lo hacíamos  en la calle y a la noche los padres llamaban para que los chicos entraran… no pasaba nada y ahora no se puede casi ni cruzar la calle caminando porque el movimiento que ha tenido ese hermoso barrio, me encanta.

-¿Resultó un mandato continuar con el negocio familiar?

-El antiguo almacén que había en esa esquina en un momento se cerró, mi padre y mi tío habían comenzado con la actividad avícola y nosotros colaboramos  más porque  ya desde chicos ayudábamos todos ya sea en el negocio o en el reparto. Siendo más grande me iban tirando algunas responsabilidades y me gustaba, andaba con los camiones y  lo acompañaba a mi papa que viajaba mucho y ya a los trece años le estaba ayudando a manejar.

-¿Cuando comienza a percibir que la actividad física iba más allá del juego de niños?

-Caminar, correr las cosas básicas estuvieron siempre presentes… durante la primaria representé corriendo varias veces a la escuela 37… pero también ya desde los cinco o seis años íbamos al club Ferro a la pileta… cruzando entre los vagones y la avenida llegábamos al club. La escuela, el club, todo nos quedaba cerca.

Chapuceaba en el agua hasta que empecé  a nadar y los pasos hacia el deporte se fueron dando junto con  el baby fútbol. En natación comencé a competir en los inter clubes,  con Independiente que era uno de los adversarios y a morir con Remo de Azul. Llegaban los domingos y era un Boca- River y nosotros allí prendidos.

Viedma y después

-¿Se siente un profesional del deporte?

-Lo hago con seriedad,  no es profesional. La actividad física se fue dando a través de las etapas de mi vida porque si bien mis padres no hacían deporte,  sí nos lo fomentaban y como le contaba empezamos con la natación y el fútbol y eso se fue haciendo cada vez más intenso hasta que me recibí de profesor de educación física en Viedma.

Claro, suena como demasiado lejos habiendo institutos en Buenos Aires o La Plata y es aquí donde Marcelo nos cuenta que en la escuela primaria fue abanderado, estudiaba fuerte,  pero en el secundario –en la escuela de Comercio- se relajó un poco y le quedaron dos materias por rendir y los lugares más cercanos no permitían entonces comenzar a cursar el terciario sin tener el título. En Viedma pudo hacerlo en el Instituto Superior de Educación Física y en el primer semestre ya había rendido lo pendiente. Tenía 18 años y vivió los 3 siguientes en un internado e hizo grandes amistades –como en todos los lugares del mundo que ha estado-, amistades que perduran hasta el día de hoy.

Cuando terminó su educación regresó a Tandil en 1977 con el título de profesor de educación física bajo el brazo. Vino a trabajar en el negocio.

Y es aquí y será la única vez durante la nota que Marcelo se queda callado unos segundos como no queriendo tener que volver al pasado: “Estando en segundo año fallece mi papá…fue mi tío el que me animó a terminar los estudios”.  Será la única vez –como señalábamos que se quede callado y con los ojos llenos de lágrimas.

“Venía a trabajar porque en el negocio se necesitaba gente, después comencé a tener horas en la escuela Técnica 1 en 1980 y allí me jubilé, fui el primero en recibirme y fui abanderado de la institución porque realmente me gustaba mucho lo que estaba haciendo y lo quería hacer bien. (N.R. Nos pide que no incluyamos este dato en la nota y le contestamos que nos parece importante resaltarlo por lo valioso)

-Es un empresario exitoso y un gran deportista, pero no le gusta mucho la exposición…

-Puede ser (risas)

-¿Tiene muchos amigos?

-Felizmente sí. He conocido mucha gente en el ambiente del deporte y cuando voy a Uruguay o a Brasil siempre tengo que parar aunque sea un día o dos en la casa de determinado amigo y cuando vienen acá es lo mismo.

Con Jorge San Miguel y Guillermo Rave somos íntimos amigos, los dos estudiaron ingeniería en Bahía Blanca y a veces con ellos viajamos a Viedma a correr y de paso visito a esos amigos que quedaron allá y con los que nos reunimos cada tanto.

-¿Es un hombre metódico?

-Mis amigos se ríen porque dicen que soy muy obsesivo (risas) en cuanto a las comidas, al descanso … Hemos ido a correr a Montevideo con estos mis queridos amigos “chantas” (San Migel y Rave) y la noche anterior querían salir a tomar algo pero les dije que no contaran conmigo porque si había elegido esa carrera debía llegar bien.

-¿Se cuida mucho en la alimentación?

-Básicamente toda la familia se alimenta bien, con comidas variadas y nos damos gustos, obviamente. Los muchachos se reúnen en las peñas y me dicen que vaya porque quieren verme, pero muchas veces no voy porque tengo que descansar… !no digo que esté mal, soy yo el que no lo puede hacer! Es que además trabajo 10 ó 12 horas por día, entonces el descanso es fundamental.

Salgo a la mañana a entrenar cerca de las seis y vuelvo a casa me ducho y me voy a trabajar y después de comer me tiro un ratito porque a la tarde hay que seguir trabajando. Pero cuando se acercan las competencias no salgo en absoluto porque tengo que estar bien y el descanso, como le decía,  es fundamental.

El atletismo tiene algo que no lo tiene el fútbol que para jugar necesita un grupo. En esto todo depende  de uno y hay que ser muy responsable y tomar la actividad con seriedad.

“Bien cool”

-¿Por qué cree que cada vez hay más gente que corre o camina?

-Porque la persona se siente bien, todo lo contrario al sedentario…

-Hace unos años ser maratonista, por decirlo de algún modo  no era “cool”.

-Sigue corriendo el que lo hizo siempre y con el tiempo se le fue agregando otra élite, gente de otros sectores sociales y si bien La Tandilia es bien popular y ahora se le ha sumado muchísima gente.

-¿Qué siente cuando llega a la meta?

-En 1999 corrí mi primera Tandilia y llegué 783 y tardé una hora y  la sensación  es siempre la misma, muy linda como que uno hizo las cosas bien.  No podemos estar pensado en la llegada y menos en las maratones.

La pared o el muro

-Muchos atletas en determinados momentos de la carrera  presentan un problema físico que al que en la jerga deportiva se le llama  pared o muro. ¿Le ha pasado?

-Eso se da a los 34 km de correr a una velocidad determinada de acuerdo a cada uno, pero es que no das mas y tenés que llegar y parece que el trayecto hasta la llegada es eterno, por  eso hay que trabajarlo.

-¿Con un psicólogo?

-Con el entrenador, muchas veces pasan cosas en las carreras porque alguna cosa no estuvo bien planificada o faltó algo y hay que ver qué fue.

-¿Y usted como supera la pared?

-No salgo buscando el final sino los primeros 10 kilómetros, luego  los próximos 21 y después  los 30…

-¿Y después?

-Como decía mi papá que era comunista: “Los que crean en Dios que recen”.

-¿Cómo fue recibir el Movediza de Plata en 2011 como Mejor Deportista del Año?

-Fue el premio más grande que he recibido.

Marcelo no corre por ganar dinero o recibir trofeos sino porque es su pasión y lo hace con seriedad y profesionalismo. El ser una persona disciplinada y de importantes valores morales no sólo lo ha convertido en un atleta respetado en todo el mundo sino en un hombre querido por su familia y su… millón de amigos.

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