María Irigoyen, la tenista que en Toronto le permitió a Tandil bañarse en oro

El mes pasado, en Canadá, María Irigoyen vivió uno de los momentos más significativos de su carrera. En los Juegos Panamericanos de Toronto, la tenista tandilense obtuvo la medalla dorada en el doble mixto (junto a Guido Andreozzi) y la de bronce en el certamen de duplas femeninas (en dueto con Paula Ormaechea).
Experimentó así una experiencia semejante a la vivida cuatro años antes en Guadalajara, donde subió a lo más alto del podio en pareja con Florencia Molinero.
De paso por la ciudad, Irigoyen mantuvo un extenso diálogo con El Eco de Tandil, en el cual volcó detalles de su brillante actuación en Norteamérica, narró los entretelones de su enfrentamiento con Serena Williams por Copa Federación y se refirió al futuro inmediato de su carrera:
“La experiencia que tuve en Guadalajara, en los anteriores Panamericanos, fue lo que me motivó a dar el ‘sí’ para ir a Toronto. Eran dos semanas muy complicadas, que interferían en mi calendario personal. Pero después de haber vivido algo tan lindo en Guadalajara, cuando me llamaron para estos Juegos ni lo dudé. Haber traído las medallas fue algo impresionante”, comenzó contando.
-¿Cómo se fue dando tu competencia?
-Fue duro, porque la lluvia del segundo día complicó la programación. En el doble mixto arrancamos directamente en segunda ronda, que era cuartos de final, y al día siguiente llovió.
-Eso hizo que se te junten varios partidos en un día.
-Claro, llegué a jugar cuatro el mismo día. Primera ronda y cuartos de final del doble femenino, y semifinal y final del doble mixto. En lo personal, todo fue súper cansador, como llovía entrenábamos muy tarde. Volvíamos a la villa panamericana a las 11 de la noche y al otro día arrancábamos muy temprano.
-Difícil recuperarte adecuadamente.
-Al otro día de ése en el que jugué cuatro partidos, tenía las semifinales del doble femenino y amanecí con un dolor enorme en la pierna. Guido, mi compañero del doble mixto, también tuvo que jugar cuatro partidos en un día. Fue matador, además hay mucha presión.
-¿Te predisponés distinto cuando jugás para tu país respecto a cuando lo hacés en el circuito WTA?
-Totalmente. Jugando para Argentina tenés una responsabilidad mucho mayor, en estos eventos hay un interés colectivo en conseguir medallas. Todo el tiempo la prensa está preguntando cuántas se sumaron, se compara con los Panamericanos anteriores y demás. Es como que no importa quiénes las ganan, sino sólo sumar medallas. Para nosotros el balance fue muy bueno, el tenis trajo cuatro medallas, y yo, personalmente, dos.
-Se utilizaron en Toronto canchas duras, a las cuales tenés cierto acostumbramiento por jugar torneos WTA sobre esa superficie.
-Sí, obviamente que mi superficie preferida es el polvo de ladrillo, pero al no haber tantos torneos en Sudamérica o España me veo obligada a jugar en otros países, en los que se juega sobre canchas rápidas. A su vez, haber jugado en Canadá sobre cemento me sirve de experiencia para el circuito. Además, el envión anímico que me traje es grande, algo importante para la última etapa del año, que siempre es cansadora desde lo físico.
-¿Puede hablarse de una superficie similar a algunas de las que encontrás en el circuito?
-Sí, el complejo en el que se jugaron los Panamericanos es en el que se está disputando el torneo de Toronto (Rogers Cup). Me gusta jugar en esas canchas.
-También encontraste rivales que solés enfrentar el resto del año.
-Sí, en las semifinales del mixto le ganamos a la paraguaya Verónica Cepede, a quien enfrento habitualmente. Y la final se la ganamos a Canadá, con Dabrowski, que es 50 del mundo (en damas), y Bester. El nivel del tenis fue superior al que hubo en Guadalajara cuatro años antes.
-¿En este tipo de competencias, en el que representás a tu país, es como que el ranking queda un poco de lado en la consideración?
-Sí, no es tan importante. Obviamente, es preferible que en primera ronda te toque alguien que está en el puesto 1.000 y no en el 200. Pero cuando se da un partido parejo, no importa tanto la posición en el ranking sino cómo esa persona se desenvuelve representando a su país. Hay jugadores que rinden mucho mejor en Copa Federación o Copa Davis que en el circuito, y hay casos en los que es al revés. Hay que ver dónde ponés la presión y la motivación. Jugar para Argentina es hermoso pero difícil, y estos torneos son el único momento en el que no lo hacés sólo para vos.
-¿Eso te impide disfrutar?
-En lo personal, lo más duro son las semifinales. Cuando jugás la final lo hacés con la tranquilidad de saber que ya te aseguraste una medalla, sea de oro o de plata, tenés garantizado tu lugar en el podio. La semifinal es súper ingrata, quizá hiciste un buen torneo, llegás hasta ahí y después te quedás con las manos vacías. Con Paula perdimos la semi y después pudimos ganar la de bronce, pero nos podríamos haber quedado sin nada, lo que hubiese sido lo mismo que perder en primera ronda. La semifinal es el partido en el que más nervios hay. La final con Guido la disfrutamos, veníamos de levantar en semis un partido en el que estuvimos set abajo y 1-3 en el segundo. Cuando zafás de algo así, te liberás, nos relajamos y nos salió todo.
-¿Cómo fue jugar con Guido?
-Siempre hemos tenido muy buena onda, es uno de los chicos con los que mejor me llevo. Fue sorpresiva la noticia de que íbamos a jugar juntos, la recibimos diez días antes del torneo. Fue a partir de la desgracia de Nadia (Podoroska, baja por lesión), lamentablemente se dio así, pero ante ese escenario, en el que yo no podía hacer nada, me puse contenta por la chance que se me dio. Tanto él como yo tuvimos que preparar en cuatro días nuestra actuación en single, doble mixto y doble, en su caso, masculino. Para ambos era la primera vez jugando mixto, no sólo que nunca lo habíamos hecho juntos.
-Más allá de lo estrictamente técnico y táctico, es clave llevarse bien.
-Seguro. Salió todo bárbaro, me sentí cómoda con él y lo disfruté. Y lo que buscamos fue “esconder” mis limitaciones, dado que en el doble mixto la mujer es la débil y se apunta a ocultar sus puntos flojos y que el hombre tome un poco más de protagonismo. Por suerte, coincidió que a mí me gusta devolver sobre la izquierda y él se siente más cómodo del otro lado. Una casualidad que nos vino bien, se fue alineando todo para que podamos ganar la medalla.
-¿Y con Paula?
-Tampoco hubo problemas, porque para ella es indistinto ir de cualquier lado, porque no ha jugado tanto doble en su carrera. Ya hemos jugado juntas muchas veces y no hay inconvenientes con eso. El doble femenino fue la prueba que menos entrenamos en la previa.
-Quedaron a un paso de la final.
-Sí, perdimos con Dabrowski y Zhao. Fue un partido en el que jugamos bastante mal y a ellas les salió todo, ese día no había forma de ganarles. Si me das ese partido a jugar de nuevo me tengo toda la fe, pero ese día ellas jugaron bárbaro y ganaron merecidamente. Puede ser que nosotros nos hayamos relajado, ese día debutamos con un partido durísimo, contra las estadounidenses Davis y Chirico, y a la hora y media estábamos otra vez en cancha. Es como que al haber tenido tanta presión en el primer partido, en el siguiente no pudimos rendir igual.
-¿Te quedó la espina por no haber avanzado un poco más en el single?
-Sí, perdí con Zhao 6-4 en el tercero, sin jugar del todo bien, pero tampoco lo hice mal. Estaba preclasificada y soñé con una medalla, pero a la hora del balance veo que conseguí dos, así que estoy más que conforme. Lo importante es traer medallas, no importa en qué prueba.
-¿Cómo fueron tus días en la villa panamericana?
-Es como la villa olímpica, una especie de ciudad, con muchos edificios, cada país tiene el suyo. Está buena la convivencia, tenés restaurantes, lugares de ocio, te encontrás con otros deportistas de tu país, eso te permite ir sabiendo cómo le va a cada uno.
-¿Te hiciste tiempo para ir a ver a otros argentinos compitiendo?
-Una vez que empezamos a competir, no nos quedaron días libres. Sólo tuvimos los cuatro anteriores. Nuestra vida era como en cualquier torneo, nos levantábamos, desayunábamos y nos íbamos a entrenar, al gimnasio y nos volvíamos a la villa. Personalmente, no fui a ver ningún otro deporte. Uno de los días libres estuve en la ceremonia de inauguración, que fue algo fantástico. Cuando jugábamos era imposible, porque terminábamos muy tarde. Igual, seguíamos todo por internet y la televisión.
-¿Cómo sigue tu temporada?
-Me voy a Estados Unidos a jugar la clasificación del US Open, luego vuelvo para entrenar durante dos semanas. Después viajo a Canadá para jugar un WTA en Quebec y sigo con una gira de Challenger en México, tres torneos de 50 mil. El resto del año no lo tengo definido.
-¿Un próximo objetivo es ingresar por primera vez al cuadro principal de un Grand Slam en single?
-Sí. Vas dando pasos, ganar tu primer Future, tu primer Challenger, y esto está entre lo siguiente.
-¿Sentís que en este US Open tendrás posibilidades concretas?
-Me parece que las chances siempre están porque el circuito está muy parejo. Si me siento bien, como me vengo sintiendo, tengo confianza en que puedo lograrlo.
-Debe ser gratificante ser la mejor argentina de los rankings WTA de single y doble.
-Sí, en lo personal vengo cumpliendo lindos objetivos. Pasé la barrera del 150 en single, en el doble me sigo afianzando, ubicada entre las mejores 90, gané un torneo de 50 mil y ahora tengo el premio de quedar número 1 del país también en single, es algo que me pone muy feliz.
-¿Coincide con el mejor momento de tu carrera en cuanto a nivel de juego?
-Siento que sí, que estoy muy equilibrada, muy bien de la cabeza.

Copa Federación

Su regularidad y experiencia le han permitido a “Mery” ser habitué en el equipo nacional, que busca su lugar entre los mejores.
-¿Cuál es el objetivo en Copa Federación?
-Volver al Grupo Mundial. Estuvimos tres años en él, perdimos con potencias como Rusia y Estados Unidos. Apuntamos a jugar el repechaje para regresar.
-¿Sentís que ejercés cierto liderazgo luego de ser parte de tantas convocatorias?
-Creo que tanto como Paula (Ormaechea) como manejamos un claro liderazgo. Soy la más grande y quizá la que lo ejerce en cuanto a lo emocional y psicológico, Paula ahora está un poco más baja de nivel, pero cuando era top 100 hacíamos una gran pareja, ella con su tenis y yo con lo emocional.
-¿A qué atribuís que desde hace un prolongado tiempo no haya argentinas en los primeros planos del circuito WTA?
-Creo que es un gran problema que no haya torneos grandes en Sudamérica. Si ves el calendario de hombres, en Argentina hay veinte Future, contra unos cinco de tenis femenino. Los sponsors apuestan en mayor medida al circuito masculino y a nosotras nos perjudica. Viajar para competir es difícil.
-¿Te sentís respaldada por la AAT desde tu posición de número 1 del país?
-Lógicamente, el apoyo es más para las jugadoras chicas, las que están surgiendo. A mí me ayudan convocándome a la Copa Federación, no es que tengo un apoyo directo. Ellos están todo el tiempo buscando respaldo, como lo hicieron en estos Juegos Panamericanos.

Frente a la mejor

En febrero, la serie de Copa Federación entre Argentina y Estados Unidos puso a Irigoyen frente a Serena Williams, la número 1 del mundo y una de las mejores tenistas de la historia. La lógica victoria de la norteamericana no privó a la tandilense de una experiencia sumamente enriquecedora.
-¿Cómo fue enfrentarla?
-Es difícil preparar un partido así. Dos semanas antes, cuando se había confirmado que las hermanas Williams venían y yo sabía que, siendo la singlista número 2 de Argentina, iba a enfrentar a la 1 de ellas, me quedé dura de la espalda en un entrenamiento. Fue una semana de mucha tensión, soy de la idea de que ese tipo de lesiones suelen darse por factores psicológicos. Después, me recuperé, pude entrenar normalmente y llegué bien a la serie.
-¿Qué sensaciones experimentaste en la previa?
-La semana la disfruté muchísimo, me puse un poco nerviosa el día anterior al partido, cuando se confirmó oficialmente que iba a jugar contra Serena. La idea era centrarme en mi juego y disfrutar la experiencia, iba a enfrentar a la mejor de todos los tiempos en mi país y sobre polvo de ladrillo, algo que difícilmente vuelva a vivir. Cuando gané mi primer game le dije a “Majo” (María José Gaidano, la capitana) que había logrado algo importante, porque tanto Serena como Sharapova son jugadoras que pueden barrer 6-0 y 6-0 a cualquiera, no sólo a una 100 ó 200 del mundo como soy yo.
-En cierta manera, mucho del partido pasa por ella. Si está certera, al ser tan agresiva, no te deja chances.
-Exacto. Cuando empecé bien fue una tranquilidad. A ella seguramente le afectó el cambio de superficie, porque venía de ganar el Abierto de Australia la semana anterior. Claramente, el polvo de ladrillo de Buenos Aires, tan lento, no le queda bien a su juego. Era mi situación favorita, ante la peor para ella.
-¿Cómo lo planteaste?
-Busqué lo que siempre intento con mis rivales, hacerla retroceder. “Toti”, mi hermano y entrenador, le había dicho a un amigo que Serena iba a estar todo el tiempo sobre la línea de base tirando misiles sin retroceder. Pude hacer mi juego con ella, logré que se mueva, lo que más le cuesta, y que la pelota no le quede a la altura de la cintura, porque desde ahí te revienta. Sentí que pude jugarle de igual a igual.
-¿Tenías antecedentes de enfrentar a alguien tan “grosa”?
-En single, no. A lo sumo había jugado con una 15 ó 20 del mundo. En doble, sí, he enfrentado a las mejores.

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