Necrológicas

JUANA AGUSTINA IGLESIAS DE RODRIGUEZ

El pasado 11 de agosto falleció Juana Agustina Iglesias de Rodríguez. A los 85 años de edad, inesperadamente, partió hacia un lugar mejor.
Toda su familia la recordará siempre como un ejemplo de vida, una excelente madre, abuela, hermana, una persona activa, servicial, honesta, alegre y luminosa.
“Te pedimos por Dios que descanses en paz. De ahora en más sos nuestro ángel. Te amaremos eternamente. Gracias por brindarnos todo”, expresaron sus familiares.
“Querida abuela…
Tus alas ya estaban listas para volar pero mi corazón nunca estuvo listo para verte partir…
Sé que allá en el cielo donde estás me seguirás guiando.
¡Seguí brillando como siempre lo hiciste abuela!
Siempre estarás en mis recuerdos y en mi corazón.
¡Gracias por ser mi abuela!”, Jorgelina.

RAUL ESPINOSA

El 8 de agosto de 2016 falleció Raúl Espinosa, a los 87 años, dejando un gran vacío entre sus familiares, seres queridos, amigos y conocidos.
Raúl había nacido el 4 de diciembre de 1928 y era integrante de la numerosa familia que construyeron sus padres, Francisco y Carmen, quienes tuvieron nueve hijos, cinco mujeres y cuatro varones.
Desde su nacimiento, vivió en Necochea 49 y asistió a la Escuela 7, ubicada en España y 14 de Julio, donde cursó hasta cuarto grado. Ya de adulto, logró uno de sus sueños al completar los estudios, en las aulas del Sindicato de Trabajadores Municipales.
Durante 20 años trabajó como chofer de la empresa Terrabusi y luego realizó la misma tarea en Río Paraná y en la Línea 505 (marrón) del Transporte Urbano de Pasajeros. Luego trabajó, también como chofer, en el corralón municipal, donde se alcanzó la merecida jubilación.
El 4 de agosto de 1955 se casó con Blanca Avila y de ese matrimonio nacieron cuatro hijos, Raúl Horacio, Silvia Esther, Pablo Favian y Javier Edgardo. Logró construir su casa en avenida Perón 1286, barrio que vio crecer.
De joven jugó al fútbol y fue el primer arquero del equipo del club Talleres, institución que se nació en los talleres de su suegro Don Diego Avila. Más tarde fue guardameta del club Rivadavia, en el cual colaboró durante muchos años.
Ya de adulto, disfrutaba realizar artesanías y objetos con madera. También le gustaba ir a cazar y de mirar fútbol, ya que era hincha y seguía las actuaciones de River Plate. Otra actividad que desempeñó fue la de dirigente del Centro de Jubilados.
Hoy sus restos descansan en paz en el Cementerio Municipal.

CLEMENTINA EMILIA ROMERO DE TOMAS

El 8 de agosto pasado murió Clementina Emilia Romero viuda de Tomas, a los 87 años.
Clementina, “Tina”, “La flaca”, había nacido el 23 de noviembre de 1928, el mismo día del cumpleaños de su padre. Fue una sagitariana de ley y la hermana mejor de los cinco hermanos Romero.
Allá por la Navidad de 1947 conoció a Eduardo Tomas y en junio de 1950 se casaron. Años más tarde llegó su única hija. Los tres formaron una familia chiquita y juntos caminaron por la vida.
Marcó, como dueña de casa, la cabeza de ese hogar, ese mismo que fue el reflejo del que luego su hija formó junto a Daniel Baretta, de quien “Tina” fue muy compañera.
“Madre, gracias por habernos encontrado en este largo camino juntas y de la mano por más de 60 años, y que tus enseñanzas de amor hayan marcado mi vida y la de mis hijos. Te extrañaré muchísimo”.

“Se fue la artista… Muchos conocen a mi abuela famosa, pero yo tenía otra abuela. Una artista más oculta… mi madrina, la romántica, la pintora, la escritora, la que tallaba en madera, la artesana, una hincha de Boca sin igual… La que estuvo ahí cuando me quebré por primera vez mi brazo, la que iba a la iglesia, la que cuando estaba mal me cantaba la justa, a la que le gustaba todo lo que yo hacía en teatro, a la que algún día se me ocurrió decirle que me enseñara a pintar, la que me hacía el arroz con pollo más rico.
Se fue ayer con una paz inmensa y dejándonos como ella lo hubiera querido, ¡sentados en casa comiendo asado a los cuatro! Y brindando por ella (romántica imagen como le gustaba a `Tina`). Hoy solo hay felicidad… el amor incondicional a la persona que plantó gran parte del arte que llevo en mi cuerpo y mente. Convivo con mucho de su arte y cada vez que veo sus tallas, encuentro detalles que no había visto y la redescubro. Gracias a ella amo las manualidades y pintar lo que me pasa… y lo que siento… ¡ella me lo enseñó! Te amo artista… Mi abuela ‘Tina’”. Tus nietos Diego y Marcelo.

ANGELICA LOURDES PENEDO DE RENIS
El 17 de julio pasado falleció Angélica Lourdes Penedo de Renis, a los 85 años.
“Partió una gran persona. Cuando su esposo y sus hijos decimos grande, creemos no equivocarnos, fue grande en su familia de origen, como hija y hermana. En su trabajo tuvo grandes logros.
Años más tarde, en su núcleo familiar, como mujer, esposa, madraza de sus hijos y con sus amistades.
Había nacido en la ciudad de Rauch, el 29 de octubre de 1930, lugar en el que conoció la felicidad y el tremendo dolor por la pérdida de su hermano mayor y de su madre, a muy temprana edad.
A los 17 años se estableció en Tandil, donde fue recibida como una hija por la familia de Nazareno Maggiori, su mujer Coca y sus hijas.
Continuó su vida en el Sanatorio Tandil, desarrollando su vocación de enfermera y obtuvo su título en el Hospital Ramón Santamarina. Una vez recibida, fue escalando posiciones hasta llegar a enfermera de cirugía. Trabajó en forma particular y fue a De la Canal, a la salita de salud, porque allí eran necesarios sus servicios.
Poco a poco se fue ganando el cariño de sus nuevas amistades, a las cuales les fue sumamente leal y agradecida.
Conoció el amor, se le presentó inesperadamente en su dura vida y comenzaron los tiempos alegres con el noviazgo hasta su matrimonio con Alberto Julián Renis, persona a la que amó profundamente toda su vida.
Junto a su esposo construyeron un hogar, donde seis hijos nacieron. Luego llegaron, a través del tiempo, sus seis hijos políticos, con los que vendrían diez nietos y tres bisnietos, a los cuales disfruto con gran alegría y aconsejó cuando fue necesario.
Fue un ejemplo de vida. Sorteó sus tiempos felices como los tiempos amargos, con un rostro alegre. Algunas veces decía que a sus 42 o 44 años había tocado el cielo con las manos al dar a luz a sus dos hijas menores.
Su buen humor, su sonrisa, están en cada uno de nosotros. Siempre había lugar para el festejo, por mínimo que fuera el motivo.
Nos repitió hasta el cansancio, junto con papá, que el estudio era su única herencia y fue así que conocimos la escuela pública primaria, la secundaria y luego la universidad, donde cada uno de sus hijos decidió qué carrera elegir.
A su enfermedad la llevó con convicción, fe, fortaleza y voluntad, fueron sus lemas que llevó a cabo de manera impecable. La pelea con el Mal de Parkinson fue su lucha, su mente estaba lúcida pero su cuerpo cada vez iba menos hasta que no le respondió.
Su vida no transcurrió en vano, la honró, vivió cada minuto que Dios le regaló, intensamente, y dejó huellas en papá y todos nosotros que nunca olvidaremos.
¡Hasta prontito mamá! Te extrañaremos y seguiremos tus enseñanzas. Descansa en paz. Te amamos por siempre. Ya estás en el regazo del poder celestial”.

FELIX CANO

El 8 de agosto, a los 97 años, falleció Félix Cano y dejó un gran dolor entre sus familiares y amigos, quienes lo recordaron así:
“Fue para nosotros el pilar de la familia, aunque decía que se sentía muy solo desde que le faltó su compañera. Se había casado a los 24 años con ella, Dolores Requena, con quien vivió alegrías y tristezas. Tuvieron cuatro hijas, María Delia, Hilaria Elena, Carmen Alicia y Marta Noemí. Al casarse, las hijas le dieron ocho nietos: Graciela, Alberto, Adriana, Mariel, Daniel, Silvina, Mauricio y Victoria, quienes los alegraron con la llegada de los bisnietos. Félix llegó a ser tatarabuelo, pero él decía que era tatita porque la palabra era muy larga.
Vivían en el campo cerca de San Manuel, después se vinieron a Tandil. En San Manuel era colaborador de distintas comisiones. Tenía muchos amigos que se le adelantaron en el camino y ya no están.
Desde hacía 15 años, cuando se fue su compañera, vivía con su hija María Delia y su yerno Raúl. Después se iba a lo de Carmen y Nené. Al principio salía a pasear con ellas pero en el último tiempo decía que estaba cansado.
Siempre decías que no te llamáramos, pero eso era imposible. Ahora descansá junto a mamá Lola, y nosotros te decimos que te extrañaremos y te recordaremos. Querido papá, descansá en paz. Tus hijas”.

“Abuelito mío. Muchas gracias por permitirme disfrutar tantos años de tu presencia, de tus caricias, tus besos, tus charlas y tus consejos; tu razonamiento, tu lucidez, tu inteligencia y tu gran amor.
Muchas veces en nuestras charlas me pediste que no llorara en tu partida porque ibas a estar feliz con el amor de tu vida. No pude cumplir con tu pedido porque mi corazón está triste.
Tres días antes de tu partida nació tu nueva tatita, a quien no llegaste a conocer, tal vez dejándole el lugar a ella.
Abuelito amado, descansá en paz. Tu nieta Graciela”.

“Se apagó una de las mentes más lúcidas, más claras, más sensatas, de nuestra familia, con sus 97 años. Sin lugar a dudas ha dejado recuerdos, frases invaluables para conmigo. Desde ahora va a ser la estrella que más me va a iluminar. Gracias por todo, los consejos y por las charlas que hemos tenido. Abuelo Félix, fuiste, sos y serás un ídolo para mí. Te fuiste a encontrar con tu mamá y con Lola, como vos querías. Abuelo, padrino, ídolo, como te decía, gracias y te recordaré. Siempre Alberto, tu nieto”.

“Abu Félix, cómo voy a hacer para no verte y que me digas ‘mi hermosa -como me decías- la vida continúa’. Pero es muy difícil continuar. Mi consuelo es que ya estás donde vos querías, con tu amada Lolita. Si vos supieras el dolor que dejaste acá, pero era tu deseo y nos tenemos que acostumbrar. Pero tu luz me va a iluminar el camino siempre. Te voy a extrañar. Tu fosforito Adriana y tus dos biznietos Belén y Gastón”.

CARLOS ALBERTO PENA
Con enorme tristeza, familiares y amigos despidieron a Carlos Alberto Pena, quien solo tenía 51 años.
Carlos había nacido en Tandil y se crió en Cerro Leones. Soltero, vivió siempre con su mamá Mabel, a quien cuidó siempre.
Tuvo un hermano, Miguel, y un hermano de la vida, su amigo incondicional, Omar Fulguez.
Su hobby eran los autos de colección. Tenía un Ford de 1970 con el desfilaba en cuanta oportunidad se le presentaba, acompañado por su madre Mabel.

JOSE RODRIGUEZ CAMPOS
El 8 de agosto pasado falleció José Rodríguez Campos y sus restos descansan en el Cementerio Municipal.
José Rodríguez Campos nació en Parque Patricios, en 1918, y vivió largo e intenso. Hijo de inmigrantes españoles humildes, desde muy joven conoció y se formó en el trabajo duro.
Desempeñó tareas administrativas relevantes en la función pública, sobresaliendo su conocimiento del oficio y un deseo profundo de superación a veces rayano en la intransigencia. Transitó en silencio las adversidades y compartió las alegrías.
“Para nosotros fue el tío Palito; mago, pescador, explorador, de ocurrente ingenio, que con cariño nos congregó en su casa durante décadas. Lo conocimos hace 50 años, de forma casual, en una plaza, noviando con mi tía Pica… Jugábamos con mis hermanos, hubo reconocimiento mutuo, y fue como una bienvenida. Transcurrió el tiempo y en estos días se hizo recuerdo. Hoy es como una despedida”. Su sobrino, Jorge Gentile.

SALVATORE MIRRA

Salvatore Mirra falleció el 8 de agosto pasado, a los 70 años, causando gran dolor entre sus seres queridos.
Nacido en Italia, en la provincia de Campobasso. A sus ocho años, Salvatore vino a la Argentina con toda su familia y se radicó en la ciudad de La Plata. Ya más grande llegó a Tandil para trabajar con su hermano en Bobinados Mirra, conoció a su mujer Amanda Carmen Lucero y se casaron.
Vivieron algunos años aquí y luego se fueron a Ayacucho, donde trabajó en la municipalidad hasta jubilarse. En 2015 volvieron a Tandil, donde pasaron sus últimos días.
Su esposa Amanda Carmen Lucero; sus hijos Karina Mirra, Mauricio Mirra (f), Mariela Mirra y Eber Mirra; su nieto Tomás; su hijo político Carlos Miribuk; sus hermanos, sobrinos y demás familiares agradecen a Julián Koch por sus últimas palabras para que se vaya en paz, a quien quería como un hijo.
“No he muerto. Solo me fui antes y no quiero que me recuerden con lágrimas, como aquel que no tiene esperanza.
No he muerto, aunque mi cuerpo no esté, siempre mi presencia se hará sentir.
Seré el silencio de nuestro hogar que tanto compartimos, seré la brisa que besará sus rostros, seré un recuerdo dulce que asista a su memoria, seré una página bonita de su historia.
Perdón a todos, tomé únicamente uno de los trenes anteriores y se me olvidó decirles…
No estoy muerto, solo me fui antes”.

“Papá, hoy estás al lado de tu hijo Mauricio, que también se fue pronto. Juntos está en paz. Te vamos a extrañar. Te amamos con el alma. Desde donde estén, guianos para que podamos atravesar este dolor tan grande”.

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