Necrológicas

 
 
 
DOMINGO GRENCI
“El pasado 1 del corriente mi papá nos dejó físicamente para ir a reencontrarse con mi mamá, que lo había hecho prácticamente dos años antes, y a quien tanto extrañaba.
Mingo, así era conocido por todos, llegó a nuestras tierras a los 4 años de edad. Junto con mi abuela dejaron atrás su Italia natal para atravesar el océano y acudir al llamado de su esposo Francisco, que ya los esperaba para volver a empezar en la pujante Argentina de los años ’30, tan ajena a lo que sucedía en Europa. Era una familia llena de proyectos; acá nacieron sus dos hermanos menores y él trabajó desde chico junto a su papá, pasando por diversos oficios. 
Casi por casualidad llegó al mundo del arte y comenzó como aprendiz en un taller de marcos para cuadros, hasta poder tener el suyo propio, a metros del Teatro Colón. 
Amaba su profesión; vivir de la pintura, de los cuadros, de los colores… Sin embargo, la realidad se empeñaba en demostrar que con eso no alcanzaría para mantenerse a él y a otros, por lo que ese sueño se fue desvaneciendo poco a poco. 
Pasaron los años y conoció a mi mamá, Nelly, con quien supieron construir una familia hermosa. Se casó de grande (ya rondaba las cuatro décadas) pero fue un papá buenísimo, siempre presente y atento a las necesidades de mi hermana Mabel y yo. Amaba a sus nietos, Sofía, Pablo, Manuel, Daniela y Leo. Tanto era ese amor que cuando decidimos venir a vivir a Tandil no dudaron un segundo en seguirnos, dejando su pasado y su barrio atrás. 
Desde su jubilación se convirtió en compañero inseparable de Rubén, su yerno, acompañándolo en trámites y trabajos. La vida incluso supo regalarle la dicha de conocer al primer bisnieto, Joaquín, al que solía recriminarle en broma “¡Me hiciste más viejo!”, por el nuevo título que le correspondía desde hacía un par de meses.  
Aquel que lo conoció sabrá recordarlo con cariño, amado y respetado en todos los ámbitos en los que se desenvolvía. Pudo compartir con nosotros hasta el último de los días de su vida; el domingo al despedirnos le dije “Papi, vuelvo a las siete”, y a esa hora se fue… en una merecida paz. 
En el fondo era algo que anhelaba desde la partida de mi mamá; la recordaba siempre y ese día -a tres de cumplirse un nuevo aniversario de ese momento- se fue con ella. Te quiero y el sólo hecho de pensar que ahora están juntos me pone feliz… ¡gracias por todo lo que nos diste!”.
 
 
HECTOR RUBEN POLIZZI
El pasado sábado 7 del corriente falleció Héctor Rubén Polizzi, cuando contaba con 80 años de edad.
Nativo de Puerto Belgrano, localidad vecina a Bahía Blanca, desde donde llegó con su numerosa familia, compuesta por sus hijos Darío, Daniel, Liliana, Alejandra, Fabián y Leticia. 
Hombre de trabajo y amigo de sus amigos, se fue haciendo de un círculo entrañable que lo acompañó hasta sus últimos días. 
Amante del deporte donde se destacó como boxeador y practicó otra variada diversidad de disciplinas. Hombre de gran temple, supo enfrentar con fortaleza las vicisitudes que le deparó la vida con la salud de su compañera Elena y la de sus hijos. 
Conocido y querido vecino quien trabajó muchos años en Metalúrgica Tandil y otros ámbitos industriales. Serán recordadas en el tiempo, cantidad de anécdotas que lo pintan de cuerpo entero como el hombre jovial y humorista que todos conocieron. 
Sus restos, previo velatorio, recibieron cremación en el cementerio de Dolores.
 
 
CONRADO HECTOR MARZOCCA
“Había nacido en Tandil, el 4 de enero de 1943, sus orígenes estaban en Italia, papá Angel Nicolás de Molfetta, mamá María Tangorra de Santeramo In Colle, ambos de familia de constructores y emprendedores, gente laboriosa y esforzada que supieron construir, junto con muchos otros extranjeros, hermosas casas y la Argentina grande y próspera. 
Fue el tercer hijo de su familia, sus hermanas Angela y Petra, le continuaban los mellizos Lito y Mario, cuya desaparición le produjo un gran dolor, y por último el dulce Marcelito. 
Hizo sus estudios primarios y secundarios, figurando siempre en el cuadro de honor, en el Colegio San José; egresando con 16 años del bachillerato. Mientras cursaba dichos estudios practicaba atletismo, siendo campen juvenil de la Provincia de Buenos Aires, en lanzamiento de bala y jabalina, además del pentatlón y cosechando infinidad de amigos. Otro de sus placeres era la práctica del ajedrez, siendo campeón en un torneo de Acción Católica. 
Estudió farmacia en la Universidad Nacional de La Plata, y antes de cumplir 21 años había terminado de cursar sus estudios universitarios. Volvió a Tandil, empleándose en el laboratorio de Metalúrgica Tandil, donde permaneció siete años, ganándose el aprecio y la admiración de jefes y empleados. 
El 5 de diciembre de 1964 formó su propia familia, con Maité Hidalgo (nieta de cántabros y vascos, y bisnieta de un italiano), con quien tuvieron siete hijos Conrado Mauro, María Lucía, Pedro, Laurita, Victoria, Cristina (farmacéutica como él) y María Manuela. 
El 15 de diciembre de 1969, abrió su farmacia en avenida Marconi 1202, estuvo siempre atento a las necesidades y dolencias de quienes llegaban hasta él buscando alivio y orientación. 
Trabajador incansable, de humildad y modestia profundas, su espíritu cristiano fue puesto a prueba ante la pérdida de seres muy queridos para él, dos de sus hermanos y su hija Laurita. 
Para la infamia y la ingratitud tuvo el perdón y el olvido, para la familia todo su amor, para los amigos y colegas la mano y el corazón abiertos, no sabía de mezquindades ni de envidias. 
En el mes de mayo de este año pudo finalmente ir a Europa, fue a las ciudades donde era originaria su familia, estuvo en Roma el día 8 para la homilía y la bendición papal. En Molfetta visitó la iglesia de San Corrado, santo patrono del lugar cuyo nombre llevaba y que significa "consejero sabio".
Con los años la familia se fue ampliando con una  hija del corazón Betina, y todos sus nietos: Joaquín y Pierina, Joaco, Catalina y Juliana, Agustina y Nicolás, Iman, Sofi y Aziz, y el más benjamín, Cayetano.
Durante todos estos años participó de las actividades del Colegio de Farmacéuticos como así también de Acofar, brindándose en ambas instituciones con honrado desinterés. 
Hace pocos días le comentó a sus allegados que había soñado con su amigo Héctor Pis (fallecido hace 14 años), quizá desde el más allá lo estaría llamando para resolver alguna fórmula.
El pasado jueves 5 del corriente el Señor lo llamó a su lado, "no se borrará su memoria, porque la bondad de su corazón y el amor a su familia le conquistaron el afecto de todos". San Agustín”.
 
 
AIDA GLADI LOVISOLO DE CONFORTI
“Nació el 28 de enero de 1921 en Juan N. Fernández. Desde pequeña trabajó en el campo, donde aprendió el sentido de la responsabilidad que ella supo transmitir siendo el mejor ejemplo. Antes de jubilarse, trabajó en escuelas como parte del personal no docente, ganando el cariño de distintas generaciones de colegas, maestros y alumnos.
El 21 de julio de 1937 contrajo matrimonio con Francisco “Pancho” Conforti (fallecido en 2002), unión de la cual nacieron Humberto, profesor y respetado farmacéutico aún en actividad, y Stella Maris, “Vivian”, docente y reconocida artista plástica de vasta trayectoria (fallecida en 2011). Sus nietos Fabián, Paula, Cecilia y Gustavo tuvieron la suerte de recibir su gran generosidad, la misma que compartieron sus bisnietos Francisco, Catalina, Martina, Lucía y Celina.
A pesar de contar con una espléndida lucidez a sus 92 años, la madrugada del domingo 8 del corriente su corazón dijo basta, provocando un eterno dolor entre sus seres queridos. Dejó un inmenso legado. El de ser una excelente persona. Conocerla era quererla. Quienes lloramos su partida y la extrañamos permanentemente no tenemos un consuelo, pero sí una certeza. Sabemos que si somos como ella la volveremos a ver en un lugar mejor, al que partió para cuidar a su marido y a su hija. Por eso, los que la sobrevivimos no la despedimos con un “hasta siempre”, sino con un simple “hasta luego”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
 
 
DELIO PABLO ZALAZAR
“A los 71 años de edad, el pasado martes 3 del corriente decidió dejarnos el “Abuelo Pablo”.
Pablo, como lo conocían, había nacido el 19 de julio de 1942 en Chajarí (Entre Ríos), y desde muy chico, con tan sólo 8 años, fue traído por un tío a Buenos Aires, en busca de un mejor bienestar, para poder estudiar.
El destino quiso que se quedara en esta ciudad. Aquí conoció a quien sería su esposa: Martina Bertón (f). De esa relación nacieron sus dos hijos: Pablo Marcelo y Jorge Delio. Más tarde llegaron sus nietos: Anabella, Lino y Belén, Martina, Emanuel, Bautista, Erica, Elizabeth, Braian, Pablo, Talia, Karen, Kevin y Ariel; sus nietos políticos: Víctor y Diego, junto a sus bisnietos: Morena y Dylan.
Fue un amante del campo, la mayor parte de su vida la pasó en contacto con la naturaleza y los animales, siempre trabajando en estancias, tambos y guacheras. “La Pascuala” lo cobijó durante muchos años hasta que llegó su merecida jubilación, por ese tiempo decidió comprar su casa, en la zona de Villa Gaucho, donde siguió cuidando algún perro que encontraba y acomodando siempre aperos y encerados, trenzando riendas por si alguien necesitaba alguna, entonces le decía: “andate ´pa las casas, comemos un asadito y algo vamos a encontrar…”.
Infaltable en las domas o festivales camperos, igual que en la Fiesta del Ternero en Ayacucho, ahí también cosechó amigos.
La vida lo sorprendió con un malestar, una cirugía sencilla dijo y no era así… pasó el Día del Padre entre las paredes de la Clínica Chacabuco, peleando y luchando contra una enfermedad que no sabía que tenía. Pero siempre, con su entereza de paisano, nos decía “cuando salga, comemos algo…”.
No fue así. Dios quiso que ese martes 3 de septiembre nos dejara. Pasó los últimos días al cuidado de sus nietos y familiares. Enfermeras y amigos, porque si algo tenía eran amigos.
Nos queda el dolor del recuerdo y anécdotas de aquel abuelo Pablo que nunca vamos a olvidar, pero sabemos que no le gustaban las despedidas. Entonces solo vamos a decir hasta luego y estés donde estés, sabe que te vamos a recordar y a extrañar mucho”. Nietos y familiares.
 
 
MARGARITA MARCHIONI DE MASMAN             
“Un café menos. Margarita hoy, no vendrá. No vendrá este viernes. No vendrá el próximo…
Cada viernes nos reuníamos felices de reencontrarnos y compartir lo sucedido en la semana. Las últimas citas a las que asististe, tenías la grandeza  de disimular lo que ya sabías que iba a llegar.
Y acá estamos, otra vez, juntándonos los viernes a tomar un café. Recordándote permanentemente, involucrándote en la conversación, mirándonos cómplices, con la tristeza escondida para demorar las lágrimas, celebrando por los tantos encuentros que nos alegró tu presencia.
Duele esa silla que sobra en la mesa, duele tu ausencia física. Y distraemos el tiempo y hurgamos en nuestro archivo buscando temas que nos distraigan y casi sin darnos cuenta,  estamos nuevamente nombrándote. Porque nunca se van las personas que queremos. Porque el poco tiempo que compartimos, ya que eras muy joven para morir, lo colmaste de ejemplos, de enseñanzas. La fragilidad física, fortaleció tu espíritu y fuiste un modelo de optimismo, de lucha, de perseverancia.
Te dolió irte porque eras madre y esposa; hija y  amiga. Te dolió irte porque tenías proyectos y ganas de vivir. Te dolió irte porque deseabas seguir  trabajando. Y nos conmovió tu resignación cuando te diste cuenta de que la batalla estaba perdida. Y nos queda  un vacío profundo. Un vacío en tu casa, en tu escuela, en esta mesa del café de los viernes, en los tantos libros que querías leer y en las primaveras que ya no estarás. 
“Cuando un amigo se va / queda un espacio vacío / que no lo puede llenar / la llegada de otro amigo” dice la canción de Cortés. Y así es. Tu lugar, seguirá siendo tu lugar. Y tu charla amena y tu sonrisa dulce y la sencillez noble que te caracterizaba,  seguirán vigentes en nuestra memoria. Sabe el corazón hacerle guiños al olvido para retener en el presente,  a los que ya no están. 
Te has ido, Margarita, pero estás en el amor que brindaste a tu familia, en la lealtad con que cuidabas a tus amigos, en la franqueza y sabiduría que entregaste a tus alumnos. Estás, en nuestros corazones, en los que tuvimos la suerte de conocerte y disfrutar de tu compañía. 
Hasta donde estés, se extienden nuestros brazos para alcanzarte en un abrazo del alma y decirte ¡gracias! por todo lo que nos enseñaste con la gentileza de tu manera de ser tan especial, tan plena, tan querible…
Tus amigos con quien compartías un café cada viernes”.
 
 
DELIA ARACELI ETCHEBARNE de BUJACICH
“Tenía 89 años y se fue luego de vivir una vida plena, rodeada de afectos y amistades que supo cultivar con un corazón generoso.
La puerta de su casa estaba siempre abierta y disfrutaba de la compañía de los demás.
Hija única, de padre vasco y madre italiana, pasó cu infancia en Gardey.
Ya instalada en Tandil, contrajo matrimonio con Koren Bujacich, con quien tuvo un hijo. Disfrutó luego de sus cuatro nietos, a quienes brindó todo su cariño y dedicación al igual que a su hija política.
Acompañó a su marido en su comercio de Mary Ton, tarea que disfrutaba y desplegaba activamente. De espíritu inquieto e independiente, vivió su vida con la firme convicción de hacerlos desde sus valores y principios.
Quienes la conocieron, recordarán su sonrisa y especial sentido de la amistad. Vivió hasta el último día brindando y recibiendo afecto”.
 
 
DIOGENES ALBERTO CAVIA
El pasado sábado 7 del corriente y cuando contaba con 79 años de edad, se produjo el fallecimiento de Diógenes Alberto Cavia, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
Alberto nació en esta ciudad el 24 de septiembre de 1933; era hijo de Olivia Salvatori y Diógenes Cavia. Desde chico se crió con su madre y su hermana Edith; comenzó a trabajar a los 13 años en los viejos Molinos Río de la Plata, La Tandilera y en Metalúrgica Buxton, donde alcanzó su merecida jubilación.
Estaba casado con Susana Elena Pasarín, tuvieron dos hijos, cuatro nietos y dos bisnietos, con quienes disfrutó su paso por la vida.
Dueño de un corazón generoso y buen compañero, quienes compartieron buenos y malos momentos que lo recordarán por siempre, como sus cuñados Mabel, Delia, Maruca, Raquel, Pichón, Alfredo, Mery y sus respectivos hijos, tías políticas y vecinos, que hasta sus últimas instancias lo acompañaron, demostrando el cariño que él supo cultivar. “Quienes quedamos de paso por esta vida, seguiremos tu guía y ejemplo”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
 
 
OSVALDO PEREZ SALDIA
“Viejito, siempre te vamos a recordar, fuiste un gran padre y persona. Gracias por todo lo que nos diste y enseñaste, dejaste un gran vacío en nuestras vidas. Te extrañamos muchos, siempre te llevaremos en nuestro corazón.
Danos fuerza para seguir adelante ¡Te amamos! Tu esposa Pabla, tu hijo Ariel, José, Beto, Alicia y Tati”.
 
 
VICTOR ARMANDO DE ANTON
“Cuando un amigo se va… queda un espacio vacío… pero éste no será tu caso, para todos nosotros, tus amigos y jugadores de Caribú Rugby Club, que tuvimos la suerte de compartir contigo querido Víctor tantos momentos de alegrías, de viajes, de amistad, matizados por tu buen humor que tanto nos divertía.
Fuiste dirigente e instructor de la Escuelita de Rugby, compañero y maestro de la vida, pero, por sobre todas las cosas, un ser humano excepcional, excelente amigo y mejor persona. Por todo esto aprendimos a quererte, nos honraste con tu amistad y hoy ante la adversidad que tronchó tu vida nos hacemos el deber de recordarte como fuiste siempre, bueno, emprendedor, amistoso, cordial y alegre.
No te decimos adiós porque nunca te irás de nuestro corazón. Que Dios te conceda la paz en tu descanso eterno. Para tu esposa Adriana, tus hijos y demás familia, rogando al Señor les dé pronta y cristiana resignación.
La familia de Caribú Rugby Club despide a su amigo Víctor”. 
 
 
HERMINIA MARIA VAN INGEVELDE de LAFOURCADE
El pasado viernes 6 del corriente se apagó la vida de Herminia María Van Ingevelde de Lafourcade.
“Mary” nació en esta ciudad el  28 de junio de 1934; transcurrió su niñez y adolescencia en Villa Italia, donde cosechó amistades.
Cursó estudios de enfermería, profesión que ejerció con gran tesón en la Clínica Chacabuco, hasta que se casó con Mario Lafourcade; madre de cuatro hijos, incansable trabajadora como ama de casa, atendiendo con esmero a sus hijos.
Cuando sus hijos, uno a uno fueron partiendo del hogar, llegaron uno a uno los nueve nietos, los cuales la colmaron de dicha. Dedicó su tiempo a sus plantas, las que cuidaba, y sus infaltables comidas de las que todos disfrutaron.
Su cuerpo dejó de luchar a los 79 años, combatió los avatares de una larga enfermedad, cual guerrera libró varias batallas, hasta que la última no pudo vencer. Vamos a extrañar tu presencia, sabiendo que donde estés cuidarás de nosotros.
 
 
CARLOS ALBERTO CESCHI
El pasado martes 10 del corriente partió a la Casa del Padre, Carlos Alberto Ceschi, un querido y respetado hombre que contaba con 71 años de edad.
Carlos nació en esta ciudad el 9 de octubre de 1941; era hijo que inmigrantes italianos, nació y se crió en Villa Laza.
Trabajó muchos años en Metalúrgica Tandilfer y durante treinta años fue mecánico de la empresa de colectivos 9 de Julio.
Se casó a los 22 años con Julia Hipólito y fruto de esa unión nacieron sus hijos Marcela, Silvia y Juan Carlos, quienes luego le dieron cuatro nietos: Matías, Lucía, Belén y Agustín.
Amante de la lectura y de los documentales, fue un verdadero autodidacta, además de un hijo, marido, padre, abuelo y vecino ejemplar.
Supo cosechar a lo largo de su existencia, innumerable cantidad de amigos que disfrutaban enormemente de sus entretenidas charlas cargadas de conocimientos e historias apasionantes.
Pero, por sobre todas las cosas, fue lo que no muchos llegan a ser y que no se estudia en ninguna universidad… un Señor (así con mayúsculas)… una persona excepcional.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el cementerio parque Pradera de Paz.
 
 
FRANCISCA VARACALLI de POLIFRONI
El pasado martes 3 del corriente se apagó la vida de Francisca Varacalli de Polifroni, quien contaba con 90 años de edad.
Italiana de nacimiento, llegó a la Argentina cuando contaba con 8 años de edad, junto a sus padres.
En 1941 se casó con José Polifroni (italiano) y tuvieron tres hijas: Rosa, Isabel y Marta, que luego le regalaron siete nietos y diez bisnietos.
Era cumplidora al máximo, jamás olvidaba cumpleaños, aniversarios que acompañaba con una tarjetita en la que escribía los versos más lindos para cada persona, querida por todos los que la conocieron, era todo paz. ¡Mamita nunca podremos olvidarte! Tus hijos.
 
 
JUAN CARLOS BERRIOS
Cuando contaba con 85 años de edad, el pasado domingo 8 del corriente, falleció Juan Carlos Berrios, causando dolor y tristeza entre sus familiares y amistades.
Juan Carlos nació en esta ciudad el 2 de septiembre de 1928; era hijo de Isabel Vázquez y Luis Ramón Berrios, teniendo 11 hermanos de sangre y dos de crianza, llevando una vida de mucho trabajo y sacrificios en esos años localidad de María Ignacia (Vela).
Años después se trasladaron a cercanías de Tandil, trabajando siempre de tambero; en 1958 contrajo matrimonio con Dora Esther Pérez y años más tarde nació su hija Juana Marcela.
Siguió con sus tareas hasta 1981, en que cambió de trabajo en el paraje La Numancia, hasta alcanzar su merecida jubilación, disfrutando de sus últimos años junto a sus cinco nietos y tres bisnietos, además de un alegre y oportuno reencuentro con su única hermana: Isolina.
“Viviste tu vida de mucho trabajo y honradez, dando valores y cariño a tu familia que te llevaremos siempre en nuestro corazón. ¡Hasta siempre!”.
Sus restos, previo velatorio, recibieron inhumación en el Cementerio Municipal.
 
 
ADELINA JUANA FAIS de BLOTTO
“A la madre más buena del mundo”
A la edad de 87 años, el pasado jueves 5 del corriente dejó de existir Adelina Juana Fais de Blotto, irreparable pérdida que causó gran dolor y pesar entre sus seres queridos.
Su familia y amigos, quienes más la conocieron, la llamaban cariñosamente “Juani”.
Nacida en esta ciudad el 20 de noviembre de 1925 en la zona de El Centinela, campo raso en aquel entonces, donde pasó su infancia junto a sus siete hermanos.
Hija de descendientes italianos y austríacos dedicados a los trabajos rurales. Desde pequeña supo de los quehaceres de la agricultura y ganadería.
Ya jovencita, se trasladó a la ciudad para completar sus estudios, paralelamente cursaba el Profesorado de Piano en el Conservatorio “Chopin”, dirigido por la señora Bertha Nielsen de Blotto, quien años después fue su suegra, al contraer matrimonio con su hijo “Lulo”, con quien tuvo tres hijas, naciendo posteriormente sus nietos Juan Sebastián y Federico Agustín, a los que les brindó su amor incondicional.
Madre y abuela ejemplar, inigualable, sumamente sensible, siempre con el corazón abierto, dispuesta a dar, presente en todos los momentos de nuestras vidas, colmando de amor, ternura, paciencia, bondad y buenos consejos a los suyos.
Con su gran personalidad supo ir ganando el respeto y la admiración de la gente, cosechando en su larga vida excelentes amistades.
Vivió feliz, rodeada del afecto y cariño de sus seres queridos, quienes la acompañaron hasta el momento final.
“Querida mami Juani: nunca olvidaremos tu espíritu alegre, optimista y protector que atesoraremos en nuestro corazón por siempre. Te adoramos y elevamos oraciones para que tu alma descanse eternamente en paz”.
Con amor tus hijas y familia.
 
 
ISABEL MIGUELTORENA de GOGORZA
Cuando contaba con 92 años de edad, falleció Isabel Migueltorena de Gogorza, causando dolor y tristeza entre sus seres queridos.
“Beba” Gogorza nació en esta ciudad el 8 de julio de 1921, se crió con sus padres en la zona de De la Canal y en plena juventud se casó con Ignacio Gogorza (f).
Muy pronto fueron conformando su hogar junto a sus hijos: Ignacio (f), Raúl (f) y Norma; su hijo político Néstor Gentil, sus cuatro nietos y seis bisnietos, quienes hoy lamentan profundamente su partida y elevan una plegaria para que descanse en paz junto a Dios.
 
 
 

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