Nuevas pruebas contra ?Picu? López y severa polémica con el defensor Castaño

Una vez más, no sólo el sentado en el banquillo de los acusados iba ser protagonista de la zaga. Su defensor, Claudio Castaño, reeditaría sus divergencias con el proceso del juicio, con apelaciones que provocaron advertencias varias del Tribunal hasta que el propio presidente, Pablo Galli, lo amonestó con una multa que prometió reeditar a cada paso en falso que diera el letrado que, finalmente,  encausó la situación, ayudado también por el propio juez que tras la furia primera bajó el tono y casi pedagógicamente buscó explicar por los carriles que debe transitar la audiencia.
Como corolario de aquella tensión y de la mismísima jornada, sería el excéntrico abogado quien finalmente pediría la palabra para disculparse y agradecer a los jueces el gesto “paternalista” frente a su virulenta conducta que, de ser en otro contexto, merecería un “sopapo” para encausar su rebeldía.

Nuevos testimonios
 
Abriendo la nueva audiencia, Galli expondría la postura del Tribunal frente al pedido del ministerio fiscal para ampliar la acusación de las amenazas ventiladas en la jornada anterior, rechazando el agravante pretendido habida cuenta que se lo consideró extemporáneo, puesto que ya la situación podía haber sido planteada en la requisitoria a juicio.
Tras cartón, la defensa insistió sobre la temática de subsidios de Desarrollo Social comunal, sospechando de la posible comisión de delito de acción pública, sobre lo cual nuevamente los jueces abortaron la estrategia porque no se ajustaba al proceso en debate.
Sobre el caso, atestiguó una vecina cuyos hijos eran amigos de “Picu” López, a quien le cedió el garaje de su casa para vivir por un tiempo. Por el albergue la mujer recibió subsidios de Desarrollo Social, aunque desde el área nunca se corroboró en qué condiciones vivía López y no se daba remito o comprobante alguno del dinero que recibía, según afirmó la mujer.
Tras la circunstancia ventilada que tal vez Castaño lo retome en su alegato, se abordaría el caso por el cual varios testigos habían sido citados, a propósito de un procedimiento en Las Tunitas donde la policía secuestró tres motos que habían sido robadas y que, según el fiscal, López las estaba “camuflando”.
Eduardo Leonardi fue el primero en ingresar a la sala, quien con poca capacidad de comunicación más una tesitura ciertamente evasiva, se llevaría buena parte de la mañana a la hora de tratar de confirmar lo que él había visto.
En efecto, el deponente fue tomado como testigo a la hora del procedimiento realizado en la vivienda de calle Baigorria y Bolivia el 16 de marzo del año pasado, cuando la policía ingresó con el consentimiento de los propietarios y secuestró las motos en cuestión.
En medio de algunas reticencias y contradicciones por lo que había oportunamente declarado en la instrucción, Leonardi afirmó que las motos estaban siendo repintadas por “Picu” López, quien ante la presencia de los efectivos “disparó” por los fondos del lugar, trepándose por un paredón de la medianera de un metro y medio.
Repreguntado por la actitud de López, luego el testigo se desdijo, indicando que no lo había visto huir a “Picu”, que lo dijo por los dichos de terceros, lo que en la jerga judicial se alude a testigos de oídas.
Sobre la procedencia de las motos, también el testigo propuso respuestas difusas, hasta que finalmente casi balbuceando ante el asedio del interrogatorio de las partes dijo suponer que las motos que tenía López eran robadas.
 
Más declaraciones
 
Ya a esas alturas la audiencia se había transformado en tediosa, con testimonios poco claros en los que el fiscal Borean como los propios jueces se esforzarían para encaminar en relatos más o menos coherentes, para con vecinos que evidenciaban entre ingenuidad hasta temer a la hora de confiar en lo que sabían y que podían comprometer al acusado, sentado a escasos metros.
La joven Escalante, propietaria de la vivienda allanada, detalló frente a los jueces que efectivamente ella recibió a los efectivos que solicitaron su consentimiento para realizar la diligencia.
Que una vez adentro, tomaron dos motos que habían en el patio de la casa que López estaba pintando. De hecho confió que entre las cosas secuestradas había un par de aerosoles que presuntamente utilizó el acusado para repintar los rodados.
En su declaración primera, en tiempos de instrucción, la mujer había asegurado que su esposo -amigo de Picu- le había dicho que las motos eran robadas. Sin embargo ahora no lo aseguraría, hasta que de tanta insistencia en las repreguntas la testigo terminaría informando que una de las motos, según escuchó de su marido, había sido robada la noche anterior de un departamento.
 
Los policías
 
En medio de cruces entre Castaño y el Tribunal por preguntas fuera de lugar, fue el turno de los policías que intervinieron en el procedimiento, que no hicieron más que ratificar aquellas diligencias, aclarando que nunca vieron a López en la propiedad, que sólo habían recibido el comentario de los testigos como de una vecina por donde “Picu” se habría fugado, aunque ellos no lo advirtieron y tampoco fueron en su búsqueda, porque su objetivo tenía que ver con el secuestro de las motos.
Es que la versión de la instrucción, según las declaraciones en su momento recogidas, daban cuenta que cuando la policía llegó al lugar López se escapó, e incluso se refirió que huyó por los fondos y se lo divisó corriendo por las sierras. Empero, aquella vecina luego no firmaría el acta del procedimiento, enojada porque “nunca metían preso a Picu”.
El debate se cerraría con el “encontronazo” entre Castaño y los jueces (ver aparte), pasando a un nuevo cuarto intermedio hasta el próximo martes, cuando se siga escuchando más relatos que hicieron al caso de encubrimiento, uno de los delitos acumulados en contra de López.

Cortocircuito entre Castaño y el Tribunal
 
Hasta aquí, la tensa relación entre Castaño y el Tribunal se venía manejando con paciente cintura entre los protagonistas, pero las intervenciones de ayer provocaron un cruce verbal fuerte con sanciones de multa para el letrado.
Los llamados de atención fueron reiterados de parte de Galli, como de sus pares Echevarría y Pocorena, quienes le alertaron sobre preguntas repetidas o un interrogatorio sobre asuntos que no hacían al objeto del proceso.
No conforme con las advertencias, Castaño insistió en formular protestos varios e incluso hablar que le estaban cercenando el derecho a defensa, lo que provocó el hastío del juez Galli, resolviendo multarlo por impertinencias varias.
También el magistrado advertiría, y ya no solo a Castaño, sobre las profusas constancias en actas que fiscal y defensa realizaban a cada dicho de los testigos, generando un dispendio de anotaciones para el futuro recurso en Casación que desvirtuaba el debate.
La tensión perduró lo que fueron los testimonios de los policías que declararon. Hasta que en una nueva interferencia, el juez Galli con un tono más conciliador aclaró que la intención no era sancionar a nadie, pero pedía a esa altura cierta cordura a la hora de poder llevar adelante el juicio.
Finalmente Castaño, entonces, pediría disculpas y reconocería en Galli y compañía la actitud comprensiva frente a sus  por momentos irascibles reacciones, agradeciendo incluso la actitud “paternalista” a la hora de aconsejarlo sobre cómo proceder en la audiencia.

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