Pasa por el diván Mario Bracciale

-Desde aquella reñida elección ante Lunghi, en diez años ha ido descendiendo su nivel de votos. En octubre pasado ya no alcanzaron para una banca. ¿Nunca más las urnas?
-No sé, nunca se sabe. Hoy no pienso en lo electoral.
-¿Y la política?
-Voy a seguir participando, sin lugar a dudas en algún momento voy a seguir. Tengo algunos proyectos a nivel social y, ante propuestas, la política para mí siempre está a la vuelta de la esquina.
-Parece que el último resultado no lo afectó mucho que digamos.
-Comparativamente la elección en Tandil no fue mala. Si se quiere ver la parte positiva, no solamente retuvimos el nivel de Francisco De Narváez a nivel provincial sino que lo duplicamos. Pero cuando Massa ingresó a último momento en el escenario político ese sábado de junio supe que las cartas estaban echadas.
-¿Cree en el destino? ¿Por eso se toma las cosas con calma?
-Ante las cosas consumadas hay que aceptarlas, por algo las cosas son como son y por algo Dios te pone en determinado lugar y hay que seguir adelante; en las buenas y en las malas, ambas son parte del aprendizaje de la vida.
-Hay una cuestión matemática que uno interpreta que todavía debe darle vueltas en la cabeza: aquel puñado de votos por el que perdió la intendencia ante Lunghi. ¿Le duele aún?
-No. Me pesó el lunes después de la elección. La vuelta al Concejo fue difícil, ahí sentí la frustración de un montón de gente que trabajó conmigo y que me acompañó con el voto; ahí me di cuenta que tocamos con los dedos el proyecto, lo acariciamos y se disipó a la noche con el recuento. Sentí la carga de no haber cumplido con las expectativas de todos los que acompañaron.
-La semana pasada, en este diván, el Intendente dio una explicación de aquel triunfo que da por tierra con los análisis internos del peronismo: ambos eran médicos, explicó, pero él venía de la Clínica Chacabuco, con un trabajo allí que lo catapultó como favorito.
-No hay una causa lineal, hubo una multiplicidad. Yo me hago cargo de la derrota.  El que encabeza un proyecto colectivo tiene que hacerse cargo. Pero la perdimos nosotros, el peronismo, por las distintas listas y un montón de otros factores. La fortaleza de Lunghi también debe haber sido otro factor, pero entre tantos.
-Desde entonces siempre se le achacó falta de pasión, de hambre de gloria.
-Eso se instaló en un momento determinado de una campaña política. Le aseguro que no se juega lo mismo cuando se apuesta a un proyecto ejecutivo que a uno legislativo. El último proyecto ejecutivo que jugué yo fue en 2003 y puse todo lo que tenía que poner.
-No obstante, lo convocan siempre para encabezar las listas a concejal, ¿por qué será?
-Es algo que me lo he preguntado. Me parece que en la política hay un microclima y se cree que la instalación es solamente desde la propia política y no se mira para afuera y tal vez uno tiene una instalación desde lo social. Yo, con todas las ganas y la mayor predisposición, he pasado como médico por servicios de emergencias, neuropsiquiátricos, atención primaria, centros preventivos de adicciones, red asistencial…
-Todo muy lindo, pero finalmente tantas candidaturas repetidas terminaron siendo muy “a la carta”.
-No. Jugué en dos espacios políticos en mi vida, no tuve tantas idas y venidas -y no hago comparaciones porque son odiosas, porque hay gente que va, viene, sube y baja-: yo jugué en el PJ, en 2001 y 2003 y Unión Celeste y Blanca, en 2009 y 2013. No han sido tantas idas y venidas.
-Tal vez otra hubiese sido la historia si hubiese relegado un poco –un poquito nomás- sus trabajos particulares y se volcara más a las campañas electorales. Es lo que dicen también.
-Primero le digo que no me arrepiento de eso, para nada.
-Pero Mario, a usted le faltó enseñar básquetbol de noche…
-Sí (carcajada). Le voy a explicar de una buena vez qué me sucede: a mí me quedó el síndrome del que siempre tuvo que trabajar y estudiar.
-A ver, ¿cómo es ese síndrome?
-Mi primer trabajo lo tuve en 1975, estudiaba en La Plata y a la vez trabajaba en una fundición en Haedo de 6 a 14, con tarjeta. En el 78 nos echaron a todos y viví 90 días tremendos, de desesperación, con hijos chicos. Ahí comprendí lo que significa quedarse sin trabajo. Pero Dios aprieta pero no ahorca y hay gente buena siempre y a través de un médico que conocía, empecé a trabajar otra vez, ahora en toda la zona de La Matanza. Desde ahí me quedó para siempre eso de tener dos trabajos por si las cosas se ponían jodidas.
-Ahí se dijo “en la calle nunca más”.
-En la calle nunca más. Me quedó esa cultura del trabajo. Y hoy puedo decir que terminé de pagar mi casa y que cada uno de los ladrillos de ella me los gané trabajando. Uno por uno. Como también le digo que arrastro una historia personal de sacrificio porque la vida me regaló salud y una familia, pero desde lo material no me regaló nada, tuve que ganármelo todo.
-Si esos son los parámetros, usted es un tipo exitoso. ¿Suele pensar en aquellos que llegaron más lejos como Lunghi, por ejemplo, que diez años después quiere ser reelecto o los que desde el peronismo no se la hicieron fácil? Usted sabe, la comparación parece inevitable porque estuvo tan cerca de la gloria.
-En absoluto, para nada. Le diría que tengo como virtud no guardar rencores, no ando con la ‘vendetta’, y sé cerrar los capítulos dolorosos de la vida sin resentimientos. No puedo tener ningún tipo de resentimientos porque al fin de cuentas tuve la posibilidad de venir desde un hogar muy humilde –mi padre trabajaba en una panadería de la mañana hasta la noche, incluido sábados y domingos- y logré edificar un progreso ascendente, llegar a ser médico que era la profesión que tanto anhelaba.
-Pero en política, concretamente, ¿no se arrepiente de no haber sido un poco más…
-Jodido.
-Eso.
-¿Sabe que a veces lo pienso? Más de una vez digo ‘pero si al final siempre llegan o ganan los malos’, bueno, lo he pensado. Pero no me arrepiento.
-No lo acompleja ser campeón moral.
-Para nada. El asunto es cómo te encontrás con vos mismo; sentir un equilibrio, paz interior, eso es fundamental. A mí no me gusta la zancadilla, la chicana, no me gusta ese estilo de hacer política con el hostigamiento hacia el otro, la confrontación permanente por la confrontación misma.
-Aunque esa sea la razón por la que no llegó a ser intendente u otros objetivos.
-Aunque, probablemente, esa sea una de las tantas. Pude haber sido mucho más jodido. Usted me decía ¿por qué me llaman siempre? y bueno, creo que la gente está buscando mediadores sociales, eso es lo que se necesita: gente que tenga que mediar en los conflictos de una sociedad crispada, violenta. Un cargo político hoy no tiene que ver solamente con el ejercicio propio de la función sino con mediar, contemporizar y pensar que estás representando a todos los sectores. Por eso no reniego para nada de mi estilo, de mi forma de ser, pude haber sido más jodido, pero no me arrepiento: tengo paz espiritual. u
 
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Ficha personal
 
Edad: 62 años
Casado, cuatro hijos y cuatro nietos.
Médico clínico.
Fanático de Boca Juniors.
Cursó la primaria en el colegio San José. Secundario en la Escuela Normal y medicina en la Universidad Nacional de La Plata.
Estuvo a muy poco de ser intendente por el peronismo en 2003 (menos de 300 votos).
Dos veces concejal: 1999-2003 y 2009-2013. u

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