Por la caída de precios, los alquileres de campos se fueron a pique

“Todavía hay operaciones sin cerrar y quedaron campos sin alquilar”, dijo a Noticias Argentinas el ingeniero agrónomo y titular de Agroprecisión, Sebastián Villena. El asesor explicó que muchas de las renegociaciones se realizan a la baja y en lotes de muy buena actitud de entre 14 y 16 quintales (qq) de soja la hectárea (1.4 y 1.6 toneladas).
La caída en la rentabilidad de la actividad agrícola, producto de la baja de las cotizaciones internacionales de los granos, que retrocedieron en dólares y en precios en el caso de la soja casi un 50 por ciento, se trasladó a los alquileres.
Villena desde su base de operaciones en Pergamino aseguró que “los campos de regular a baja aptitud han disminuido los precios de los contratos de alquiler entre un 20 a un 30 por ciento”.
“En zonas como el sur de Entre Ríos y Sudoeste de Buenos Aires bajaron de 10 quintales a entre 4 y 6 quintales”, de soja la hectárea, analizó. Mientras que René Pollak, dueño de una inmobiliaria rural en territorio cordobés aseguró a NA que debió bajar “arrendamientos de unos campos en el sur entrerrianos de 11 a 7 quintales”. En las primeras charlas entre arrendatarios y arrendadores en los primeros meses del año, se manejaban valores de 20 qq de soja por hectárea en la zona núcleo, incluso de 24 qq y parecía razonable.
Pero no fue así porque la soja a 730 pesos la tonelada está muy lejos de los 600 dólares de principio de año: “casi todo se ha vuelto a negociar con bajas entre 20 y 35 por ciento”, afirmó Villena. Se calcula que en el país el 60 por ciento de las actividades agrícolas se realiza en campos alquilados, mientras que en Entre Ríos, esa cifra trepa 20 por ciento más.
Es importante ordenar el proceso que ocurrió en 2008. El prolongado conflicto agrario por las retenciones fijas sumado a la feroz sequía, demoró las transacciones. Cuando se arrendaron campos, los precios se pactaron un 20 y hasta un 50 por ciento más que la renegociación actual. La crisis llevó a que algunos de los propietarios que antes trabajaban la tierra por sus propios medios, cedieran ante las ofertas arrendatarias. También ocurrió lo contrario, muchos contratistas se apresuraron a intentar negociar la devolución de los alquileres porque la siembra en campos arrendados les significa rentabilidad negativa. El proceso terminó con “la consiguiente concentración” porque los “pooles reciben más oferta de tierra” para alquilar, explicó a NA, el titular de la empresa Agroprecisión.
Los grupos que tienen la posibilidad de negociar insumos pueden producir 10 toneladas por hectárea de maíz para hacer frente a los costos de arrendamiento, añadió Juan Manuel Garzón, economista de la Fundación Mediterránea. “El año próximo van a realizarse contratos a porcentaje según las hectáreas trabajadas y los rendimientos”, también opinó el delegado de la Federación Agraria de Paraná Alfredo Bell, en diálogo con NA. Los rindes este año son bajos y la rentabilidad para los pequeños y medianos productores es dudosa.
En trigo hasta el momento no superan los 900 kilogramos por hectárea en promedio, son inciertos los rendimientos que tendrá el maíz por, según Villena, “el menor uso de tecnología y por lo tanto menor fertilización” para el desarrollo del cultivar.

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