Rocío Alvarez, una tandilense que vuelve con su danza

Rocío Alvarez vuelve hoy otra vez a Tandil, pero ahora a recorrer la ciudad y sus recuerdos sobre el escenario. Es que la bailarina, coreógrafa y profesora de danza local se subió al Mayo Teatral con “Secretomotivo”, un espectáculo de danza donde la memoria y los recuerdos de la infancia son los protagonistas. Actualmente en Mar del Plata, Rocío se dedicó durante los últimos ocho años a la investigación y perfeccionamiento en técnicas de danza contemporánea, neoclásica, improvisación y composición del movimiento en una búsqueda continua de un lenguaje propio y dinámico capaz de nutrirse de distintas disciplinas artísticas. En su currículum se destacan compañías, obras, premios y una nutrida capacitación. En diálogo con El Eco de Tandil, repasó sus recuerdos de Tandil y cómo fue el proceso creativo de su último trabajo.

-¿Por qué decidiste dedicarle tu vida a la danza? ¿Qué es la danza para vos?

-Estudié en la escuela de danza de la ciudad y luego viajé a estudiar otra carrera. Así llegué a Mar del Plata, y durante muchos años dejé de bailar… algo se había roto. Luego, sin pensarlo, empecé a tomar clases porque el gimnasio no es lo mío y necesitaba moverme. Al mes de haber retomado ya estaba bailando, otra vez y después de muchos años, en el Teatro Auditórium. A partir de ese momento comenzó el romance nuevamente. Un camino distinto, más maduro, donde pude ser consciente que si no hacía esto no iba a poder hacer otra cosa. Trabajo para mejorar cada día, no es el camino más fácil pero es el que me hace feliz: construir a pulmón de manera independiente por pura convicción y dedicación. La danza es mi trabajo, mi hobby y mi pasión. Es lo que soy.

-¿Cómo surge “Secretomotivo”?

El Teatro Auditórium de la Provincia de Buenos Aires lleva a cabo el ciclo Mardeldanza hace ya varios años. En 2015 convocaron directores en el rubro danza contemporánea y también se abrió la propuesta al teatro, ya que el proyecto fue coordinado por Pierrick Malebranche, un coreógrafo francés que ha orientado su trabajo al teatro visual de objetos. Yo participé de una capacitación que él nos brindó. Luego, cada director con su grupo debía elegir un objeto para trabajar y desarrollar un bloque coreográfico. Estos bloques fueron coordinados por Pierrick para su ensamble y posteriormente dieron origen a lo que fue la presentación de Mardeldanza 2015. Lo rico de este trabajo es que Pierrick estaba disponible para presenciar nuestros ensayos, lo que fue de gran aprendizaje para nosotros. Fue él quien me incentivó a hacer la versión completa de “Secretomotivo”, los bailarines se sumaron y así fue como seguimos trabajando.

-¿Cómo es trabajar con un elemento?

Fue un desafío porque no estaba acostumbrada a involucrarlo en una obra de esta manera, donde pasa a ser prácticamente un bailarín más, un protagonista. Yo elegí el papel, y el proceso creativo estuvo basado en trabajos de improvisación para familiarizarnos con el objeto. Al momento de las devoluciones todos coincidíamos que nos remitía a recuerdos generalmente de nuestra infancia. Ese es el origen de “Secretomotivo”. Empezamos a escribir recuerdos propios y recolectamos recuerdos ajenos. Luego comenzamos a trabajar con ese material que nos fue nutriendo y le fue dando forma a la obra. Están plasmados recuerdos muy personales de los distintos integrantes pero a su vez trata de estimular la memoria de cada uno.

-¿Cómo fue el proceso creativo?

-En ese momento se despertaron muchas emociones y fuimos descubriendo que realmente somos la suma de todos esos momentos vividos, lo hermoso de recordar y compartir las vivencias es recordarnos a nosotros mismos: quiénes somos, de dónde venimos, y entender un poco mejor donde nos encontramos parados hoy. El proceso creativo fue muy lúdico y eso también se ve plasmado en la obra. Se trata de encontrar metafóricamente la punta del ovillo que desencadena un recuerdo que da origen a tú historia. El enfoque está puesto en lo positivo de recordar, esa fue una premisa. No intentamos contar una historia lineal, sólo intentamos despertar a través del movimiento, la música y las imágenes sensaciones que lleguen al espectador, que generen alguna emoción. Si en algún momento logramos conmover de alguna manera, por más breve que sea, ese momento para mí está logrado.

-“Es como regresar a casa”, cuenta la sinopsis. ¿Cuánto de nostalgia por Tandil hay en el espectáculo?

-Tandil para mí es mi familia, mis amigos eternos y la ciudad hermosa donde me crié y me empecé a descubrir. Creo que no siento nostalgia porque la tengo muy presente en mi vida. Todos mis recuerdos de la infancia son en Tandil y con esos vínculos sólidos que siguen hoy y que la distancia no quiebra. En lo personal hay una escena que está basada en varios recuerdos con mi hermano y cuenta un poco esa relación de “hermanos”, la distancia, el amor, el cuidado y el encuentro.

 

-¿Qué imágenes te llevan de inmediato a Tandil? ¿Cómo es volver, en palabras?

-Hace muchos años vivo en Mar del Plata, es una ciudad a la cual quiero y estoy agradecida, pero me pasa algo particular cuando me encuentro en otras ciudades que tienen paisaje montañoso o sierras y mesetas: me siento como en casa. Cada vez que llego a Tandil lo disfruto mucho y siento que no me fui nunca. Es como si hubiese estado ayer. Me emociona llegar, se me hace un nudo en la panza. Es hermoso sentirlo. Es que realmente es mi casa, me reciben mis papás y mis amigas, los vínculos intactos, me hace feliz regresar y cada vez que me voy me digo a mí misma, ¡tengo que venir más seguido!

 

Del poder del tiempo

 

Para los que soñaron alguna vez con volver el tiempo atrás, “Secretomotivo” es una producción transdisciplinaria con una fuerte impronta plástica y escenográfica, donde los recuerdos se hacen presentes como si solo se tratara de un juego. Cinco bailarines en escena despiertan cada cual a su modo o a su tiempo y, casi como un mecanismo frenético e imparable, van desempolvando aquellos momentos que conforman su baúl lleno de recuerdos y de sorpresas.

Bajo la composición coreográfica de Rocío Alvarez, esta es una obra que habla sobre el poder del tiempo y la consistencia que pueden tener los recuerdos si uno solo se anima a estimularlos para buscarlos y enaltecerlos.

Presente con distintas rugosidades, tamaños y densidades, el papel madera es el elemento revelador que da sentido, conecta las escenas y apoya toda la obra de danza. Cuenta con la asistencia general de Fausto Gusberti, el diseño de luces de Gustavo Martincic y la realización plástica y escenográfica de Valentina Baldini. Intervienen como intérpretes y colaboradores, Matías Javier Rubio, Gabriela Soto, Emiliano García, Gonzalo Menéndez y Rocío Alvarez.

 

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