Rousseff vs. Neves: ballotage sorpresa

La presidenta brasileña Dilma Rousseff y el candidato opositor Aécio Neves disputarán el gobierno del mayor país latinoamericano en un balotaje que, según analistas, es de resultado incierto tras la sorpresiva primera vuelta de este domingo.

Rousseff fue la más votada con 41,6% de apoyo para continuar con las políticas que su Partido de los Trabajadores (PT), de izquierda, implementó en los últimos 12 años, de acuerdo al 99% de los sufragios contabilizados.

Sin embargo Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), considerado de centro, cosechó un inesperado 33,6% para pasar a la segunda vuelta del 26 de octubre eliminando a la ambientalista Marina Silva, con 21,3%.

El sistema automatizado permitió conocer los resultados rápidamente.

Este resultado reedita el duelo entre los dos partidos que han ejercido el poder en Brasil en las últimas dos décadas y que tienen claras discrepancias en temas económicos o de política exterior, con Neves más orientado al mercado y la apertura comercial.

Los analistas sostienen que la ventaja que Rousseff obtuvo la coloca como favorita hacia el balotaje, pero está lejos de asegurarle la victoria ante la incógnita de qué harán los votantes de Silva.

"Es una elección abierta, sin dudas", le dijo a BBC Mundo Cristiano Noronha, experto en
política brasileña de la consultora Arko Advice, con sede en Brasilia.

Nueva polarización

Rousseff y Neves tienen importantes diferencias tanto en sus historias personales como en las políticas de gobierno que defienden.

La presidenta, de 66 años, es una exguerrillera que estuvo presa en los años 70 durante el último gobierno militar brasileño y que asumió el gobierno en 2011 como sucesora de su compañero de partido Luiz Inácio Lula da Silva.

Neves, de 54 años, es nieto de Tancredo Neves, el presidente brasileño electo indirectamente en 1985 que murió antes de asumir el cargo. Al igual que su abuelo fue gobernador de Minas Gerais.

La polarización entre ambas opciones comenzó a asomar este domingo, un día después que las encuestas indicaran por primera vez que Neves había superado a Silva, algo que muchos creían imposible unas semanas atrás.

"Hoy voté al PT porque tengo miedo de Aécio", dijo Rodrigo Toscano, un carioca de 37 años que trabaja en un hotel.

Sostuvo que "el PT mejoró muchas cosas de gente de renta baja" y Brasil podría retroceder con un gobierno del socialdemócrata Neves.

En cambio, Alberto Flavoni, un abogado jubilado de 73 años, señaló que votó a votó por Neves porque "lo más importante es que el PT salga" del gobierno.

"No hay ni un petista eficiente", afirmó.

Discrepancias económicas

Durante la campaña Neves atacó a la presidenta por el manejo de la petrolera estatal Petrobras, que está sacudida por un escándalo de corrupción, y dijo que reduciría los controles en los precios de combustibles.

Ambos candidatos son economistas, pero este es precisamente uno de los campos donde han exhibido sus mayores diferencias.

Noronha sostuvo que en un gobierno de Neves habría un menor peso de los bancos públicos en la concesión de créditos y un mayor énfasis en controlar el gasto público y la inflación con Armínio Fraga como su ministro de Hacienda.

"Es muy bien visto por el mercado", sostuvo en referencia a Fraga, que fue presidente del Banco Central de Brasil en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, del mismo partido que Neves.

Rousseff ha dicho que su actual ministro de Hacienda, Guido Mantega, habitual blanco de críticas desde el sector privado, dejaría el cargo en un nuevo gobierno suyo.

Pero ha evitado anunciar cambios de rumbo significativos.

Cuando Neves critica el estancamiento de la economía brasileña, que entró en recesión técnica en el primer semestre del año, Rousseff responde que su gobierno sentó las bases para un nuevo ciclo de expansión y mantuvo el desempleo en mínimos históricos.

Políticas sociales

Las políticas sociales que implementó el gobierno del PT desde 2003 y que permitieron sacar a 36 millones de la pobreza extrema según el gobierno fueron clave para muchos votantes de Rousseff.

"Voté por Dilma", dijo Célia Regina, una brasileña de 34 años y con nueve hijos que obtuvo una casa de un programa gubernamental de viviendas para personas de bajos recursos.

"Prometí que iba a votarla a ella si ganaba esa casa", añadió.

Neves asegura que mantendrá esos programas sociales y buscará mejorarlos si llega al gobierno, pero un desafío es mostrar cómo hacerlo cortando el gasto público al mismo tiempo.

"Ese electorado que emigró para Aécio tiene la expectativa de que sea posible", dijo Carlos Pereira, un analista político de la Fundación Getúlio Vargas, una universidad brasileña de elite.

"Es una ingeniería que va tener que mostrar claramente qué puede hacer", añadió en diálogo con BBC Mundo.

El socialdemócrata también ha indicado que buscará acuerdos comerciales con países desarrollados y con la Alianza del Pacífico, en lugar de priorizar las relaciones con el Mercosur como hizo el gobierno del PT, que apoyó el ingreso de Venezuela al bloque.

Los votos de Marina

En los últimos debates, Rousseff y Neves también se enfrentaron con acusaciones cruzadas en materia de corrupción. Aunque siempre se trataron con respeto, la disputa que viene por los votos de Silva podría aumentar la polarización.

La candidata del Partido Socialista Brasileño (PSB) ha evitado por el momento decir a quién piensa apoyar, pero tras los resultados del domingo dijo que "Brasil señaló claramente que no está de acuerdo con lo que hay".

Sus votantes parecen divididos sobre la opción a tomar.

Fernando José, que vive en una favela de Río y tiene un puesto callejero de venta de flores, dijo que se se sentirá "obligado a votar por Dilma" en la segunda vuelta pese a los escándalos en manejo de fondos públicos que le llevaron a apoyar a Silva el domingo.

El partido de Neves "también tuvo escándalos" y "gobierna para los ricos", indicó.

En cambio Nara Ferreira, una carioca de 49 años que votó por Silva, dijo que apoyará a Neves pese a haber votado al PT en elecciones anteriores.

"Es hora de cambiar", sostuvo. "La política está muy mal, falta credibilidad".

Fuente. Gerardo Lissardy | BBC

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