Se cumplieron cinco años de impunidad y misterio en el caso del cadáver de Gardey

Se cumplieron cinco años de la aparición del cuerpo sin vida de una joven con el rostro desfigurado, producto de un balazo sufrido desde muy corta distancia, macabro hallazgo realizado por una vecina de Gardey que juntaba leña y que en un primer momento confundió al cadáver con una muñeca.
En este lustro es muy poco lo que se ha podido avanzar en la causa, quizás una de las más enigmáticas de la historia reciente, ya que pese a los múltiples esfuerzos en tal sentido jamás se ha podido siquiera identificar a la víctima, punto central para acercarse a conocer su entorno y las posibles circunstancias en las que pudo haber sido asesinada.
La causa siempre ha estado en manos del hoy fiscal de juicio Agustín Echevarría y es el único crimen que le quedó sin esclarecer durante su acción en la etapa instructiva, por lo que casi se ha convertido en un desafío personal aportar las pautas que lleven luz al caso.
Aún hoy el fiscal no ha archivado nunca la causa y sigue ordenando diligencias.
?En Tandil hemos dado vuelta todas las piedras y no logramos un sólo indicio?, se le habría escuchado decir ante sus colaboradores, no obstante lo cual en los últimos tiempos la incorporación de dos abogadas a su grupo de trabajo determinó que se resolviera ?volver a dar vueltas ésas y otras piedras?.
Las profesionales Florencia Giombine y Sandra Garmendia nuevamente están convocando a gran cantidad de personas que han testimoniado y a otras nuevas, por lo que a diario hay diligencias judiciales.

Otros caminos

Por otra parte, la Justicia ha profundizado los caminos iniciados a poco de la aparición del cuerpo, cuando se reclamaron informaciones sobre personas desaparecidas a todas las policías provinciales y de países limítrofes.
Es que la profunda investigación no arrojó que nadie se haya presentado a reclamar por quien pueda ser su familiar.
?Nadie ha podido mantenerse ante la segunda pregunta sobre quién puede ser esa mujer, dónde pudo vivir, si tenía familiares o a qué se dedicaba?, se ha escuchado decir muchas veces sobre la víctima, cuyo cuerpo está en depósito ?como NN- en el cementerio local.
De allí que hayan difundido las características del cuerpo y las circunstancias de su hallazgo en varias Organizaciones No Gubernamentales dedicadas a combatir la trata de blancas.
Desde un primer momento la sospecha de que se tratara de una mujer de la noche fue una de las hipótesis. Nunca pudo ser corroborada fehacientemente, pero los indicios no hacen más que afirmarla, pese a que ?nada se descarta?, como es muletilla en toda investigación.
Pormenores del caso pueden hallarse en páginas web oficiales y privadas sobre desaparición de personas (Registro Nacional de Personas Desaparecidas, Ministerio de Seguridad Provincial, Fundación María de los Angeles, secretarías de Derechos Humanos, etc.)

 

Reserva total

Sin embargo, no ha podido lograrse indicio alguno que permita develar el misterio inicial: Quién es esa N.N. Luego será el turno de correr el velo de otros enigmas tan o más difíciles de sacar a la luz, como son cómo, cuándo y por qué la mujer llegó a ese lugar.
Sin dudas, que el mayor objetivo es saber quién le dio muerte y dejó el cuerpo en el camino de acceso a Gardey, por esos días desvío obligado de la Ruta Nacional 226.
De allí que se ofrecieran desde la fiscalía local nuevamente todas las garantías para quien pueda aportar algún dato. No sólo la habitual reserva de identidad, sino hasta pueden proporcionarse datos verificables en forma anónima, mediante un llamado telefónico (al 44-2345) o hasta por una esquela.
El hallazgo

El cuerpo fue hallado el 7 de julio de 2003 por una mujer que juntaba leña y la operación de autopsia determinó que la muerte databa de entre 36 y 72 horas y que era producto de un disparo en el rostro.
Se estima que la mujer fallecida tenía entre 25 y 40 años y su estatura era de 1,60 metro. Era de cabellos ondulados y largos, color castaño oscuro, tez trigueña, y presentaba un embarazo de tres meses aproximadamente.
Se agregó que presentaba como señas particulares uñas postizas blancas, cejas prolijamente depiladas, además de pequeñas cicatrices lineales y paralelas en la cara anterior de la muñeca izquierda, de antigua data, que impresionan similares a las producidas por autolesiones.
Vestía pantalón vaquero azul marca Drakkar, talle 38, con manchas blancas delanteras; pulóver azul con rallas verde claro, amarillo, turquesa y buzo gris claro, con inscripción “Deer Ridee Mountain Resort Gatlin Bure Tennessee”.
La víctima presentaba un pañuelo de cuello, color azul con arabescos blancos; zapatos negros con plataforma marca Layde; tanga blanca con bandera argentina; cinta de Boca en la muñeca izquierda; cinta rosada en la muñeca derecha y una cinta negra en el tobillo del pie derecho.

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