“Tandil me da la posibilidad de ser más prolífico”

Martín Di Lisio nació en San Martín, conurbano bonaerense, pero hace tres años se mudó a Tandil, donde los tiempos para ser un escritor parecen ser mucho más amables. Nostálgico del tren y el subte porteño por ese tiempo de lectura obligada, escritor de cuentos pero también de novelas y teatro, apuesta a los concursos para poder editarse. Licenciado en sistemas, divide sus días entre el trabajo, su mujer, su pequeña hija y la escritura. Por un guiño o por azar, hoy festeja, además del Día del Escritor, sus 36 años. En una charla con El Eco de Tandil, Di Lisio habló de su pasado, su presente y su futuro dentro de la narrativa.

-¿Cómo fue tu carrera para convertirte en escritor?
-Mi carrera empezó hace doce años en un taller con Marcelo Di Marco. Ahí perfilé la idea de empezar a escribir. Me gustaba ir. Fueron dos años, hice contacto con otros escritores y empecé mandar textos a concursos. En realidad, o conocés editores o te metés en el mundo de la edición o participás de concursos. Y a mí me empezó a ir bien en los concursos.
-Por ejemplo en el Concurso Municipal de Córdoba.
-Ahí saque un premio por un libro de cuentos: “Hacerse agua”. Antes de eso publicaba en antologías. Ese libro salió en 2011. Fue la primera edición de un libro mío completo y de editarlo se encargó la municipalidad de Córdoba. En 2013 me contactaron para participar de la Exposición de la Narrativa Rioplatense. Se editaron 40 libritos, y yo publiqué tres cuentos en un libro que salió en la primera edición (“Distancias”). Esa fue mi segunda publicación, que en realidad es una fusión de “Hacerse agua” y “Pictografías”, el libro que se editó el año pasado por Zona Borde, que acá se presentó en Casa Tomada y que obtuvo el tercer premio en el Fondo Nacional de las Artes. Ese subsidio se fue entero a la edición.
-¿Los concursos y los premios te allanaron el camino para publicar?
-Sí. Primero cuentos sueltos y después lo más difícil, que es esto: publicar un libro. Yo vengo de la idea de no autopublicarse, no pagar la publicación. Con esa premisa, o empezás a mandar a editoriales -que yo hasta el premio del Fondo Nacional de las Artes las conocía pero nunca había entrado en contacto- o concurso. En el caso del Fondo, este te obliga a contactarte con las editoriales, y eso esta bueno porque tenés los rechazos, las sugerencias, y ves hasta dónde podes llegar.

El proceso de escribir

-¿Por qué escribir?
-Uno puede escribir para adentro o a nivel catarsis todo lo que quiera. Ahora, ¿por qué escribir para un lector? Porque tenés cosas para decir y porque ya aprendiste, aunque no sepas qué vas a contar, cómo hacerlo. Eso es fundamental. Yo dudo mucho en todas las artes del superprolífico: dos libros por año, dos discos por año… tanto para decir no hay. Entonces, si tenés algo para decir y encontrás los mecanismos para decirlo, esta buenísimo escribir, publicar, editarte y disfrutar de la lectura del otro, de la devolución.
-¿Te acordás qué fue lo primero que escribiste?
-Relatos muy cortitos. A mí me gustaba mucho escribir en la primaria. La famosa “una redacción” que te decían de una página. Yo escribía cuatro. Me acuerdo de eso.
-Jack Kerouac escupía sus textos. Ernest Hemingway se sentaba todas las mañanas frente a la máquina de escribir. ¿Cómo es tu proceso de escritura?
-¡Tener una rutina estaría buenísimo! Yo no puedo: trabajo de otra cosa, tengo una nena chiquita, los dos en casa tenemos horarios flexibles así que todo eso en un punto te juega un poco en contra. Estaría buenísimo, no te digo seis horas porque no es algo que a uno le pagan, pero sí un par de horas por día. Sería lo ideal. Y el día que no podés, que no tenés ganas, que no estás creativo, corregís. Siempre hay para corregir.
-Ante la imposibilidad de tener una rutina, ¿como hacés?
-Por ahí en un break de trabajo, o a la noche antes de dormir. Uso mucho la noche, aunque tampoco está bueno porque uno llega cansado. La mañana, si te levantás una hora antes, es fructífera. La noche la uso mucho más para corregir. Igual ahora es un caos por los horarios. Sin embargo, desde que nació Vera -que ahora tiene un año y nueve meses-, terminé novelas y escribí cuentos. Tandil también me da la posibilidad de poder ser más prolífico en eso.
-¿En qué sentido?
-Ahora tengo más tiempo. En Buenos Aires trabajaba nueve horas por día en una oficina y tenía tres horas de viaje entre ida y vuelta. Militaba, daba clases, volvía a las 12 de la noche al departamento.
-Tandil es más amable para el escritor.
-Sí, es mucho más amable para el escritor, aunque no para mí lector. Yo leía mucho en el subte y en el tren. De hecho, terminaba mucho más rápido el libro de viaje que el libro de la mesa de luz. Ahora todo es medio caótico. No tengo una rutina, aunque me gustaría tenerla. Siempre estoy escribiendo varias cosas, eso sí. Hay una lista que voy armando donde hay en proceso diez cuentos de los que, por ahí, uno viene hace cinco años, además de tres novelas más de las que tengo un párrafo escrito, o la idea. Y eso va madurando.
-¿Como elegís los libros que leés?
-Ahora leo lo que venga. Tengo una suegra que es muy lectora y compra demasiados libros. Cada vez que viene a Tandil o yo voy allá me dice “este lo terminé”, y me lo tira. Ahí no elijo, y de ahí me llegan cosas que me gustan y cosas que más o menos. Después, nunca llegan a cero los libros no leídos de la biblioteca. Ahora estoy leyendo mucha literatura argentina contemporánea. Tengo un grupo de escritores amigos, somos cinco, que no tenemos los mismos gustos, lo que es típico, pero nos leemos. Voy eligiendo y trato además de no leer a Saer.
-¿Por qué?
-En los últimos diez años leí casi todo de él. Saer me parece imprescindible, es una referencia muy fuerte. Es como cuando tenías 20 años, leías 20 libros de Cortázar, escribías todo en directo simple y sonaba todo a Cortázar. Con Saer todos queremos hacer la novela completa, la descripción detallada de lo que está pasando, y te volvés saeriano enseguida. Por eso dejé de leerlo. Leo de todo un poco. Ahora estoy leyendo a Padura, un libro sobre Trotsky.

La nueva narrativa

-¿Por qué escritores argentinos apostás?
-Nuevos no sé, ¡ya son bastante cuarentones todos! Mi amigo Martín Hain, que sacó el primer premio del Fondo, puede ser un nuevo escritor, aunque tiene más de 45. Lo poquito que leí de Falco me gustó. Me debo un libro completo de él. Me encanta cómo escribe Jorge Consiglio, aunque por ahí lo que escribe a veces me deja un poco de dudas. Y después nos leemos mucho entre nosotros: Martín Hain, Miguel Sardegna, Daniel De Leo, Luis Cattenazzi, que publicó en Inter Zona. Venimos los cinco con una historia de vida constante y lo que escriben es muy interesante. Hay de todo. Tendría que ponerme a revisar lo nuevo.
-¿Cómo ves la realidad de los escritores en Tandil?
-Yo me junto cada tanto a tomar un café con Patricia Ratto, nos juntamos bastante con Lucas Vesciunas, de ex Casa Tomada, con quien también nos corregimos. Con Lucas tenemos la idea de armar una especie de autotaller para leernos y criticarnos. En la actualidad yo no veo una movida, pero sí hay posibilidades de armar algo, lecturas por ejemplo de autores de acá y de otros lugares también. Y después está Patricia. Ella arme lo que arme, siempre hay gente. Tiene la magia de que convoca. Esa igual es una movida para lectores. Habría que ver de armar algo para escritores.
-¿En qué proyectos estás trabajando?
-Me activé un poco después de varios meses y me anoté en concursos interesantes para publicar. Estoy preparando también algo para el Fondo de las Artes, corrigiendo dos novelas y cerrando un libro de cuentos. Tengo ganas, a partir de julio, de hacer una novela nueva.
-¿Cómo te ves de acá a 30 años?
Espero estar editando prudentemente cada tanto tiempo y trascendiendo un poquito más.

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