Testigos aportaron sobre la cadena con la que ataron el cadáver de Tchami

Ayer se reanudó el juicio que lleva adelante el TOC 1 que definirá el futuro procesal de los hermanos Gabriela Maldonado y Alejandro Lastra, acusados del asesinato y desaparición de Walter Tchami Bazán, hallado luego en el arroyo Las Calaveras.

De la nueva jornada sobresalió el comparendo de testigos que siguieron alimentando la hipótesis fiscal sobre las discusiones y agresiones mutuas entre la pareja, previas a la desaparición de Bazán. En tanto, también se incorporaron por lecturas aquellos testimonios que dieron cuenta sobre el auto utilizado por Lastra que terminó volcando en la Ruta 74, en el trayecto que une el paraje Cuatro Esquinas con María Ignacia.

Los elementos que se sumaron al expediente, y ahora ventilados en el debate en torno al auto, no resultan menores. Para el fiscal, el coche siniestrado fue el que utilizó Lastra para ayudar a Maldonado a trasladar el cuerpo de Bazán, asesinado en la casa del barrio La Movediza a puntazos y ahorcamiento.

Es más, responsables del vehículo reconocieron que la cadena con la que maniataron el cadáver a una viga de cemento, para hundirlo en las profundidades del arroyo, era la que utilizaban con el auto para acarrear otros rodados.

El auto

En efecto, según reza en la acusación del Ministerio Público Fiscal, Maldonado y Lastra trasladaron el cadáver de Bazán al arroyo en cuestión. En su regreso, volcaron y merecieron el socorro ambulatorio como policíaco. Desde aquella noticia del accidente se comenzó a hilvanar el sendero de cómo habría ocurrido el homicidio y dónde se habían deshicieron del cuerpo, hallado por casualidad por unos circunstanciales pescadores.

A la hora de ser indagado oportunamente Lastra sobre el accidente, adujo que el auto en cuestión se lo habían dejado por un desperfecto eléctrico, más precisamente en el alternador,  y por ello salió a probarlo a la ruta, negando obviamente cualquier relación con el macabro hallazgo en el arroyo y mucho menos con haber colaborado con su hermana acusada del crimen.

El fiscal Marcos Eguzquiza, en tanto, descree de la versión del señalado, descartando que para el presunto desperfecto mecánico que tenía el rodado fuese necesario salir a la ruta y transitarla a alta velocidad, como quedó asentado en el oportuno peritaje accidentológico.

Para despejar dudas sobre el entuerto, consta en el expediente los responsables de la agencia de remís Tandil, cuyo titular, Daniel Emiliozi, reconoció el auto como propio, pero que poco pudo aportar a los interrogantes puesto que, quien llevó al auto a arreglar y trató con Lastra fueron dos colaborares que si bien declararon en la causa (sus testimonios fueron incorporados por lectura) ahora no podían comparecer porque habían fallecido.

De todas maneras, los testimonios redundaron en que en ningún momento Lastra les dijo que iba a salir a la ruta a probar el coche y que tras el accidente quisieron cobrar el costo del siniestro sin suerte, además de no poder cubrirlo con el seguro porque no tenían seguro.

Asimismo, aportaron un dato sabroso al paladar fiscal. Los testigos que fallecieron reconocieron la cadena encontrada arrollada al cuerpo de Bazán como la que utilizaban en aquel auto para remolcar algún coche de los remises.

Ayer, Emiliozi, si bien no tuvo contacto directo con el acusado, de oídas sí ratificó aquella versión de sus colaboradores, pero al ser exhibida la cadena dijo no recordarla e imaginarla más gruesa, lo que despertó una mueca de satisfacción en el defensor Carlos Kolbl.

Tampoco pudo aportar mucho sobre la ubicación de la rueda de auxilio que, vale reseñar, se la encontró en el asiento trasero y no en el baúl, como habitualmente se lleva, en este caso complementado con el tubo de gas con el que circulaba el auto. Claro está que para el fiscal el auxilio estaba allí porque en el baúl Maldonado y Lastra habían llevado el cadáver de Bazán.

 

Más testigos

Tras la exposición del propietario del rodado siniestrado, desfiló frente al Tribunal un amigo de los hermanos y una policía que oportunamente entrevistó a Maldonado por la desaparición de Bazán.

Respecto al amigo, identificado como Claudio Echeverría, poco pudo o quiso aportar al caso. Reconoció la mala relación de la pareja, pero a preguntas de la defensa intentó instalar la idea que a Bazán se la tenían “jurada” por pleitos pasados. Hipótesis que no pudo solventar con más elementos, por lo que la idea se fue diluyendo ante la inconsistencia del testigo, con claro interés en ayudar a sus amigos que estaban sentados en el banquillo de los acusados.

Sobre los dichos de la policía Cresi, sirvió para seguir poniendo en tela de juicio la actitud de Maldonado una vez desaparecido Bazán. Según recordó la uniformada, cuando se le consultó sobre el paradero de su esposo respondió que se habían peleado y que no lo había vuelto a ver.

Finalmente, pasó frente al estado del Tribunal uno de los pescadores que halló el cadáver de Tchami, quien dio precisiones sobre dónde y a qué distancia del puente hallaron el cuerpo atado con la cadena a una viga, y las dificultades que presentaba la inhóspita zona para acceder al arroyo.

 

Las vecinas

 

Cerrando la nueva jornada judicial, prestaron declaración en la audiencia madre e hija, que resultan vecinas linderas a la vivienda donde residían Bazán y Maldonado.

Ambas afirmaron haber escuchado fuertes discusiones y peleas previas a los días de la desaparición de Bazán, como así también sobre la quema de prendas en el fondo del terreno de la casa, en un tanque.

Ya sin más por escuchar, hoy se aprestan a comparecer los peritos que intervinieron en el caso. El profesional que utilizó el Luminol para hallar los rastros de sangre en la pared de la casa, que había sido pintada tras la desaparición de Bazán, como el médico forense que practicó la autopsia del cadáver una vez hallado en las turbias aguas del arroyo.

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