Un fin de semana imposible de olvidar

De antemano, Juan Martín Del Potro sabía que el fin de semana copero en Mar del Plata sería inolvidable para él y se constituiría en uno de los puntos más trascendentales de su incipiente carrera profesional, independientemente de la que ésta le depare a futuro.
El hecho de que se trate de la primera vez que Argentina pueda definir la Copa Davis en casa teniéndolo como protagonista de relieve y la chance de ponerle un broche dorado a un año excelente con cuatro títulos y participación en el Masters de Shangai eran ingredientes que contribuían decididamente a que el tandilense viviera uno de los fines de semana más especiales de su vida.
Y de hecho, estos días serán más que significativos en su carrera, aunque con el desenlace menos deseado. Es que en su recuerdo emergerán como una enorme frustración, seguramente la de mayor impacto desde que juega al tenis.
La escena era la ideal para que Del Potro se dé otro gran gusto. Llegaba como top ten, como el argentino de mejor ranking y después de haber y haberse demostrado condiciones para rendir en Copa Davis (siempre un mundo ajeno al circuito de la ATP), luego de descollar en las semifinales ante Rusia.
Como si faltara algo, a días del inicio de la gran final se confirmó la baja de Rafael Nadal, nada menos que el mejor tenista del planeta y por añadidura el as de espadas de los españoles, pareciendo en su momento otra guiñada del destino a favor de los albicelestes.
La mesa parecía estar servida a pedir del local. Pero volvería a quedar en evidencia lo impredecible que es el tenis, y a menudo la Copa Davis en particular.
Y los imponderables tuvieron su lugar en la serie. El primero en flaquear en lo físico fue España, con la baja de Nadal. Pero el viernes Argentina perdería a uno de sus soldados, que no sólo resignaría el punto ante Feliciano López, sino también se despediría definitivamente de la serie.
Un pequeño desgarro (ese resultado arrojó una radiografía efectuada el sábado) dejó con las manos vacías a un Del Potro inundado de ilusión.
Tras el dobles del sábado, el tandilense abandonó el complejo Panamericano en la parte trasera de un auto, esbozando una sonrisa ante el regocijo de sus fanáticos, denunciando que aún mantenía intactas sus expectativas de contribuir desde la cancha con su equipo. Así lo había deslizado Alberto Mancini sólo minutos antes, en la conferencia de prensa.
Al mismo tiempo, José Acasuso entrenaba a sabiendas de que era muy factible que se le presentara otra gran oportunidad, luego de haber perdido el quinto punto de la final ante Rusia, en 2006.
Si bien trascendió en las últimas horas del sábado que el misionero era el elegido para saltar a la cancha, la decisión se tomó ayer, cuando Del Potro confió en su círculo íntimo que le dejaría su lugar a ?Chucho?.
En un último intento, el tandilense notó que podía impactar con normalidad, pero el aductor le jugaba una mala pasada al momento de efectuar los movimientos laterales.
Así fue que, con resignación pero entendiendo perfectamente la situación, debió renunciar al partido que seguramente ha soñado ganar desde que agarró una raqueta por primera vez.
?No tiene sentido que juegue, quizá pueda sentirme bien dos, tres games o un set y después tenga que abandonar. Además, es un punto decisivo, por eso está bien que juegue ?Chucho??, declaró el tandilense a la televisión a sólo minutos del comienzo de la actividad de ayer.
Serán inevitables los planteos que cuestionarán su concurrencia al Masters de Shangai, donde el tandilense, dispuesto a no resignar una oportunidad que nadie le asegura se le volverá a presentar, fue a disfrutar el hecho de haber conseguido un objetivo que pocos meses atrás aparecía como una quimera.
Naturalmente, para él no será sencillo digerir este mal trago. Con el tiempo la herida irá cerrando, y la gran figura del deporte tandilense en la actualidad podrá aliviar su dolor al tomar conciencia de que su tenis le sobra como para tener motivos para soñar con una nueva oportunidad de esta naturaleza y con muchas más satisfacciones en su carrera individual en el circuito.
Su gran desafío de aquí en más será dejar atrás este episodio, saber asimilarlo como apenas una experiencia más y no como un suceso que pueda marcar a fuego, negativamente, su carrera.

 

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