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El dueño de la única calesita de Tandil lamentó que “esto no lo puedo aguantar más”

Eduardo Tondelli habló con El Eco de Tandil y explicó su tristeza por el panorama incierto de su actividad. Señaló que tuvo que pedir un permiso de "parquero" para que lo dejen hacer el mantenimiento del lugar. "Espero volver cuando retomen las clases", dijo.

Eduardo Tondelli, dueño de la única calesita de la ciudad

El Eco

Cuando abrió, en diciembre de 2015, sus puertas, el dueño de la única calesita de Tandil nunca imaginó que iba a vivir este presente signado por la pandemia del coronavirus y con la prohibición de brindar sus servicios desde el 20 de marzo pasado, sin fecha certera de volver a la actividad.

Eduardo Tondelli, dueño del emprendimiento ubicado en la Plaza de los Troncos, en la esquina de 4 de Abril y Maipú, relató a El Eco de Tandil el sombrío panorama por el que está atravesando y lanzó: “Esto así no lo puedo aguantar más”.

Las plazas no son lo que eran antes, cuando estaban repletas de chicos que jugaban en los diferentes escenarios. En las frías tardes tandilenses, Tondelli trabaja en la calesita con las rejas cerradas. El mantenimiento de un lugar que se encuentra al aire libre y sin uso pasó a ser prioritario para él.

“Es un problema grande la situación como está, además porque es preocupante el tema de los contagios”, dijo Tondelli y se refirió luego al público de ellos: “Nosotros trabajamos acá con los chicos. Pienso que vamos a arrancar cuando vuelvan las clases, eso espero”.

Para el dueño de la única calesita de la ciudad, “es muy triste el panorama. Yo estos meses sigo pagando el canon municipal. No abro, pero lo sigo haciendo. Yo estoy ocupando el espacio, más allá de eso. Pero ya no lo puedo pagar”.

“Ya no se puede aguantar. Ya no lo puedo aguantar. Mi señora trabaja, pero no tiene que hacer la cosa. Yo me siento muy mal si no genero algo”, reconoció.

Sin respuestas

Tondelli supo ser el titular de la calesita que giró durante 12 años, desde 1993 a 2005, en Maipú y Santamarina, la otra esquina de donde está ubicada ahora. “Yo estoy bastante en contacto con la Asociación de Calesitas a nivel nacional, pero la verdad es que no hay protocolos sobre el tema, creo que solamente una de Carmen de Areco abrió, pero después es todo incertidumbre”, reconoció.

“La calesita tiene una estructura de 20 metros de circunferencia. Cada piso está separado por dos metros. A su vez, cada juego está separado. No pasaría por la proximidad el tema”, analizó y deslizó que “el protocolo debería ser para el padre, no para el calesitero. Se deberá pasar, porque corresponde, un desinfectante. Nosotros limpiamos las cosas antes de que existiera el Covid-19. Pero no sé cómo será ahora acá”.

La preocupación de Tondelli es mayúscula. Desde el Municipio no le brindaron certezas sobre la vuelta. Incluso, tuvo que gestionar un permiso de “parquero” para poder realizar la actividad de mantenimiento que cumple casi a diario.

“Cuando arrancó todo lo de la cuarentena casi la Policía me mete preso. Yo tenía que venir para darle al menos una vuelta a la calesita por un tema de los engranajes, pero me sacaron en más de una oportunidad”, relató.

Con los protocolos que fue siguiendo de las otras actividades a Tondelli le preocupa también la rentabilidad futura del negocio. “Hoy los números son finitos para todos. Nosotros cuando abrimos en 2015, un boleto costaba 15 pesos y era el dólar de ese momento. Y ahora una vuelta vale 30 pesos y el dólar está más de 90 pesos. Lo mismo nos pasó con todo. Ya no era rentable antes”, aseguró.

“Yo soy jubilado. La situación en general no estaba bien y había bajado el trabajo. Ya veníamos mal y esto precipitó todo. Encima esto está al aire libre. Es muy triste el panorama”, dijo y finalizó al decir que “los chicos pasan caminando por al lado y la ven con las puertas cerradas y por ahí si me ven me preguntan cuándo volveré a abrir, es así, así estamos”.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

1 comentario

  • Es incomprensible que sigan cobrándole el canon cuando se le impide funcionar. No sólo debiera eximírselo sino que debiera recibir un subsidio para mantenimiento de la instalación.

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