Necrológicas

V MARCELINA COBO
El pasado 18 de marzo se produjo el fallecimiento de una querida vecina de Tandil: Marcelina Cobo.
Hoy su familia realiza la siguiente semblanza:

“Ese domingo amaneció gris y lluvioso, preludio de las malas noticias que vendrían.
Durante 85 años supo embellecer cada lugar por el que pasó. Lo demuestra un verso escrito en su juventud, cuando trabajó en el tradicional comercio tandilense.

De “Casa Galver”, Cajera,
Da recibo, paga y cobra;
¡En su trabajo se esmera!
Hermosa, ¡Cual Primavera!
De sonrisa cristalina;
Delicada, culta y fina;
Noviando está, ¡lo más justo!;
La saludo: ¡mucho gusto!;
Ella es Cobo, Marcelina.

Claro y pegadizo parece que haya sido el himno, que supo honrar en toda su vida…
Sus nietos la rebautizaron con sus primeras palabras como “Lala”, no porque les fuera difícil pronunciar su nombre, sino porque para ellos su sonrisa era un hermoso canto, que no podía esconder ni aunque quisiera, porque no dejaba un solo músculo sin usar con cada regalo que les hacía…
Ya el lunes un esplendoroso sol cubrió la ciudad, generosa sonrisa que nos cobija e ilumina… Así la recuerdan sus familiares y amigos”.

 

V RICARDO ANTONIO LERGA
El 8 de febrero pasado falleció el vecino Ricardo Antonio Lerga.
Había nacido en Lobería en el año 1939, de chico llegó a Tandil a cursar sus estudios primarios y secundarios en el colegio San José.
En 1961 ingresó al Banco Comercial donde, con su capacidad, honestidad y conducta lo nombraron gerente de la nueva sucursal Terminal. Allí conoció a Maite Irastorza, con quien se casaría años más tarde.
Fuera del ámbito laboral se desempeñó como vicepresidente del Tandil Auto Club, su gran pasión, en una época inolvidable de las carreras de Turismo de Carretera.

Dedicatoria

“Papá era todo lo que está bien en la vida.
Salir a la calle con él era preguntar a cada rato “¿…quién era…?”, porque todos lo saludaban.
Era admiración.
Era orgullo.
Era el ejemplo a seguir.
Era sentirse protegido, cuidado, querido, amado.
Era mi papá, nuestro papá.
Llenar ese espacio vacío es imposible, siempre lo es, para nosotros, y para todos los que pierden a un ser querido.
Llevar su apellido es sinónimo de agradecimiento, de ser afortunado. Uno no se da cuenta lo afortunado que es.
No existen palabras, (o uno no las encuentra), para expresar lo que se siente en estas situaciones, son esos momentos incómodos, indescriptibles, que siempre esperamos que no lleguen. Pero llegan. Y quedan en nuestra memoria para siempre, no se borran, no se van, no desaparecen, jamás se irán. Nos marcan para siempre.
Con el tiempo nos vamos acordando menos, (porque no podemos decir que nos vamos olvidando), su presencia se va desvaneciendo, van llegando otros, así es la vida, muy dura. Aunque tratemos, sabemos que no podemos, simplemente no podemos olvidarnos.
Todos dicen, todos decimos, hay que seguir adelante, hay que ser fuerte. Como lo fue él luego de perder en un accidente automovilístico a su amada Maite, hace 20 años.
Ojalá fuera tan fácil.
Escribimos estas líneas con el más profundo dolor, pero seguros de que estaba orgulloso de sus hijos, de sus nietos, de su familia.
Y fue el mejor papá que hayamos podido tener.
Damos gracias por eso, y por todas las muestras de afecto recibidas. Eso es lo que nos queda, y es lo mejor que podemos conservar de él. Eso es impagable, invalorable.
Viejo querido, Richard, papá. Por siempre en nuestros corazones.
Martín, Gonzalo y Ramiro”.

 

V FRANCISCO RICARDO NODARI
A los 79 años, el 23 de marzo pasado dejó de existir el vecino Francisco Ricardo Nodari.
Había nacido el 2 de agosto de 1938 en Gardey, en el seno de una familia de padre inmigrante.
“Ahí creciste junto a tus hermanas, aprendiste el oficio del abuelo, fuiste un excelente alumno y generaste muchos amigos, con los cuales aprendiste a jugar a la pelota …
Ahí, en el potrero, donde aprendieron los grandes. Los años iban pasando, ya eras un hombrecito, te seguías destacando en el fútbol. Jugaste en Ferro de Tandil, en Santamarina, en Loma Negra de Olavarría y de Barker…
Y en alguna de esas noches de amigos y de milongas, la conociste a ella, a la más bonita, la que te acompañó toda tu vida y con la cual un día decidiste formar una familia en Villa Cacique y trabajar durante 42 años en Loma Negra.
Tuviste tres hijas, a las cuales -junto con mamá- nos mostraste las herramientas necesarias para vivir, nos enseñaste a ser independientes, a ser responsables con las decisiones que tomábamos y -por sobre todo- a estar siempre unidas como hermanas.
Y bueno… pasó la vida, la disfrutaste a pleno, siempre junto a tu esposa, por apenas 52 años, y hoy, con tus 79 al hombro te nos fuiste, crack, medio rapidón, como resolviendo rápido el asunto, como para protegernos de tu sufrimiento…
¿Pero sabés qué nos consuela? Es que conociéndote, creo saber de tu prisa: es que seguro -pero seguro- que te invitaron de allá arriba a un fulbito de estrellas. ¿Y como no ibas a estar vos, si fuiste el mejor 9 de la historia de Tandil; así que ya que estás en ésta, corré, divertite, tirá rabonas, meté caño y llenalos de goles, para que todos vuelvan a corear tu nombre una vez más, como en las viejas épocas.
Y cuando sientas el pitazo final, con el último aliento que te quede, hacete un pique a abrazarte con los tuyos, a esos que hace mucho tiempo que no los ves.
¿Qué más podemos decirte? Gracias por haber sido nuestro padre, por tanto amor y dedicación a tu familia…
Te amamos y te recordaremos por siempre.
Tus queridas hijas”.

 

V JUAN ALBERTO BONTEMPO
El 23 de marzo, a los 57 años, falleció Juan Alberto Bontempo.
“Había nacido el 20 de febrero de 1961 en la ciudad de Castelli. A los tres años se mudó a Ayacucho, siendo el menor de dos hermanos.
A los 13 años se fue a la ciudad de Mar del Plata a cumplir uno de sus sueños: embarcarse y recorrer el mundo. Y lo logró. Fue mozo de un barco, donde conoció a su referente: el capitán Cacho. Sus eternas anécdotas quedarán en el corazón y la memoria de sus seres queridos.
Con los años se dedicó a ser comerciante de la carne. Tuvo carnicerías en Mar del Plata, Azul, Olavarría y Tandil, donde se instaló para formar su familia. Fue padre de cinco hijos: Juan Manuel, Vera, Nicolás, Catarina y Valentino, y abuelo de Renata.
Era fanático del rock and roll y supo dejarle ese fanatismo a sus dos hijas mujeres, y a sus dos hijos varones la pasión por los autos de carrera, campeón de APAC en 2003.
Laburante como pocos, trabajó de domingo a domingo para darle todo y más a sus hijos.
Nos dejó un vacío enorme en el corazón y con la tranquilidad de que hicimos todo lo que pudimos por él.

´Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva
o puedes abrirlos y ver todo lo que ha dejado;
tu corazón puede estar vacío porque no lo puedes ver
o puede estar lleno del amor que compartes;
puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el vacío, dar la espalda
o puedes hacer lo que le gustaría:
sonreír, abrir los ojos, amar y seguir´.

¡Te vamos a extrañar mucho Papá!
Te amamos y te amaremos siempre.
Tus hijos”.

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