“Es el peor año de mi carrera, sin dudas”
Diego Sosa y su 2026 en Santamarina. El descenso, una severa enfermedad y la deuda que el club mantiene con él.
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Para Diego Sosa, el año en curso está lejos de ser el que proyectó deportivamente. El volante creativo tandilense apostó fuerte regresando a su ciudad, asumió la capitanía en Santamarina y se enfocó en ser el líder futbolístico del aurinegro de principio a fin en la temporada del Federal A.
Pero la misma le deparó más sinsabores que satisfacciones, con el peor escenario colectivo posible: el descenso; y recurrentes problemas de salud que lo privaron de disfrutar de la continuidad deseada.
A casi un mes de consumarse la pérdida de la categoría, el exArgentinos Juniors y Godoy Cruz trazó un balance al cabo de su visita a Último Bondi (emitido de lunes a viernes de 18 a 20 por Tandil FM 104.1 y Eco TV):
-¿Cómo venís procesando lo que pasó?
-Ya pasó bastante tiempo. Es algo que duele, y bastante. Más que nada por lo que no pude hacer porque la salud no me lo permitió.
Al mismo tiempo, estoy tranquilo conmigo mismo porque dejé todo. Como pude y hasta donde pude, di todo.
Obviamente, que la situación duele muchísimo. Se trata del equipo que representó a la ciudad. Hoy es Santamarina, pudo haber sido otro, pero era el equipo en el que los chicos de Tandil se podían mostrar.
-¿Entre el descenso y tu falta de continuidad se vuelve el peor años de tu carrera?
-Sí, sin dudas. Fue muy bravo. Más que nada en mi regreso tras mi problema de salud. En su momento, salí a decir algo que no era así. Actué así en ese entonces para que nadie me reclame que vuelva a jugar, yo sabía que debía hacerlo. Llegué a tener una tuberculosis pleural y conté sólo que tenía neumonía.
Fue por eso que me costó tanto en el regreso, estoy todavía con un tratamiento a base de pastillas que termina en noviembre. Esa enfermedad que tuve te hace bajar kilos constantemente y no podés recuperar tu mejor forma por mucho que entrenes.
-¿Fue algo que supiste desde el primer momento y optaste por ocultarlo?
-No, arrancó con esa supuesta molestia muscular, después pasamos a lo de la neumonía. Después, cuando fui al Sanatorio, se dieron cuenta de qué era. Cuando se comprobó, decidí que solamente lo sepa mi familia. Después, no quise decir nada porque no me gusta dar lástima.
Además, si se enteraba mucha gente, algunos se iban a querer meter para impedirme que vuelva a jugar. Y yo sentía que tenía que hacerlo. En ese sentido, me la jugué, volví mucho antes de tener el alta médica. Hice de todo para volver y lo hice como pude, ésa es la verdad.
-Y con ciertos riesgos.
-No de que suceda una fatalidad. Pero sí con limitaciones, no podía ensayar un pique. No estaba para jugar noventa minutos. Estaba para veinte en un equipo normal, pero en éste tenía que jugar 60 ó 70. Me acalambraba o terminaba desgarrado, jugaba con distensiones…pero bueno, había que terminar el año, salvar la categoría, algo que finalmente no se pudo. Me quedo tranquilo por esto que hice.
-¿En qué momento sentiste que el descenso era inevitable?
-Hay momentos en los que los vas pensando. Cuando se empezaron a ir jugadores de jerarquía, cuando en el parate de junio llegaron cuatro refuerzos y algunos se terminaron yendo enseguida. Terminás recurriendo a chicos que, más allá de que sean buenos o malos jugadores, tenían 3 ó 4 partidos en la categoría y quizá un año de primera división en el torneo local. Era normal que les cueste, estaban en su año de maduración y se tuvieron que hacer grandes de un día para el otro por las necesidades del equipo.
Después, cada vez que jugábamos de visitantes nos era imposible traer siquiera un punto. Se cometieron errores normales, propios de chicos que tienen sus primeros partidos, que se terminan pagando muy caro.
Más allá de todo, hasta último momento, uno tiene esa esperanza de salvarse, pero a veces el fútbol tiene estas cosas.
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-La derrota en San Luis, ante Juventud Unida Universitario, fue clave al tratarse de un rival directo en la lucha por la permanencia y por quedar tan poco por delante.
-Sí. Pero yo sentí más cuando perdimos con Sol de Mayo. Fue un partido que no merecíamos perder, desperdiciamos dos mano a mano. Se le escapó una pelota a Uriel (Moris), que fue una gran figura nuestra durante todo el torneo, y terminamos perdiendo.
Ahí empezás a pensar…y cada vez te cuesta más, y de locales no éramos fuertes. En la primera ronda, el equipo dependía mucho de mí, y cuando no estuve no había quien agarre la pelota, de pronto lo hizo Marchiori, hasta que se terminó yendo del club. Es un jugador de características distintas a las mías, pero cuando yo no estuve se hizo cargo del juego del equipo.
Cuando Marchiori se fue, volví yo pero sin estar del todo bien. Después, vino Devesa y lo hizo muy bien, pero es pibe, tiene 20 años, era lógico que algunos partidos le iban a costar.
-El descenso termina siendo un resultado lógico en un club dañado institucionalmente, con cuatro entrenadores diferentes a lo largo de la temporada y un plantel que se fue deshilachando cada vez más.
-Sí. Éramos conscientes de que había cosas malas desde todos los sectores. Además, los jugadores no sumábamos desde adentro. Entonces, se hace todo muy difícil. Hubo cuatro entrenadores, arrancamos cuarenta jugadores y terminamos siendo veinte. Al último partido terminamos yendo 16 ó 17, con muchos chicos de Tandil. A lo último, con experiencia éramos tres o cuatro. Y ya somos grandes y nos costaba, hubo una seguidilla de cuatro partidos en dos semanas, de los cuales me perdí dos. Todos “granitos” que fueron tirando el carro hacia abajo.
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-Dejaste en claro que no te arrepentiste de la decisión de volver al club. ¿Tampoco de haber firmado por dos años?
-Tampoco. En su momento, lo hice porque quise. Soy alguien que se mueve por sentimientos. Y, en este caso, sentía que tenía que volver a Tandil, independientemente de mis proyectos personales.
Sentía que podía dar una mano en este equipo. Está mal que hable sobre el pasado, pero siento que, si yo hubiese estado bien, no descendíamos.
Sobre el hecho puntual de firmar por dos años tampoco me arrepiento, lo veía como un lindo proyecto. Todavía no sé qué va a pasar porque mi contrato está en vigencia. Veré qué ocurre en el transcurso de estos meses.
-¿Cuánto te debe Santamarina?
-Bastante. Hablé con Diego (Puissant, presidente del club) hace diez o quince días y me dijo que la idea es ir pagándonos de a poco, que por estos días nos iba a dar un dinero.
Nos toca esperar y la verdad es que se hace difícil. Se me complica a mí que, gracias a Dios, jugué en clubes de primera división. Calculá cómo se les complica a los chicos.
Lo fuimos llevando lo mejor que pudimos durante todo el año. Hay que ver qué noticias habrá en estos meses.
-El día a día se vuelve muy arduo en ese contexto. Quizá, más en tu caso a partir de tu rol de capitán.
-Soy muy positivo respecto a este tipo de situaciones. Siempre traté de buscarle la vuelta. Con el “Vasco” Igartúa le pedíamos al resto del plantel que sigamos entrenando, metiéndole para adelante, enfocándonos en el partido.
Tratábamos de llevarla de la mejor posible en un marco donde a veces aparecían pagos y, en otros, se atrasaban. Había que resistir porque cada fin de semana teníamos partido. Yo soy de pensar así, no soy de los que ante la falta de pago hacen un paro. Quizá, hace unos años, lo hubiera hecho.
Esta vez sentí que tenía que dar el ejemplo, ayudar a los chicos cuando se les complicaba para comer o con el pago del alquiler del lugar dónde vivían. Traté de ayudar desde todos lados.
-Hubo jugadores que, con el equipo ya descendido, optaron por no viajar a Neuquén. En tu caso, decidiste hacerlo. ¿Tiene que ver con una forma de ver las cosas o con tu condición de capitán?
-Con las dos cosas. Empezamos hablando sobre el dinero, porque realmente lo necesitábamos. Creo que Diego López (vicepresidente del club) acercó algo, hubo quienes quisimos viajar y otros que no. Y está bien, cada uno tiene su postura.
El torneo para nosotros ya había terminado, entonces pasó a ser algo muy individual. En mi caso, decidí viajar porque le tengo mucho cariño al club, tengo familiares y amigos que son hinchas de Santamarina. Sentí la obligación de seguir poniendo el pecho. Lo hice por mi familia, que siempre está, y por el respeto a mi trabajo, a algo que amo tanto como es el fútbol.
-¿Qué te dice el hincha de Santamarina en la calle?
-Muchos me agradecen. Como lo hice en las redes sociales, les pido disculpas. Porque no fui el jugador que puedo ser, sólo lo fui en los primeros partidos.
Sabemos que el club viene mal hace mucho tiempo. Y estaría bueno que Santamarina sea una institución modelo. En Tandil tenemos todo para contar con clubes modelo. Contamos con muchos chicos que son muy buenos jugadores, sería importante que puedan quedarse en algún club de la ciudad en lugar de tener que irse a Buenos Aires u otro punto del país cuando aún son muy chicos.
-¿Recibiste ofertas para jugar el Regional Federal Amateur?
-Sí, pero todavía no me he puesto a pensar nada. Todavía estoy con esto de la deuda que el club tiene conmigo, viendo cómo me acomodo porque se empieza a complicar. Aparte, tengo un contrato. Todavía no me puse a pensar en jugar el Regional o en qué voy a hacer el año que viene.
Tengo que afrontar estos meses viendo cómo darle un sustento a mi familia. Ya no tengo doce años como para irme a vivir con mis padres. Tengo que ponerme al frente de mi familia, como lo hice siempre.
-¿Dónde te ves en 2027?
-Jugando, aunque no sé dónde. Esta semana arranqué una pretemporada bastante larga con mi cuñado, que es preparador físico. También con Seba Del Río, que me va a ayudar. Quiero volver a ponerme bien.
Pero no me puedo poner a pensar mucho más allá, tengo que enfocarme en resolver este problema que tengo, que es bastante duro.
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