“Ese día lo tomé como un triunfo más”
Jorge Olaechea, a cuarenta años de ganar Tandilia. Se mantiene como único oriundo de la ciudad en conseguirlo.
El domingo 26 de octubre de 1986, Jorge Olaechea fue profeta en su tierra y se adjudicó la 14ta. edición de Tandilia.
En 35 minutos y 13 segundos, cubrió los 10,4 kilómetros que presentó ese año como exigencia la prueba por excelencia del calendario local.
El “Vasco” le ganó el mano a mano al azuleño Osvaldo Regalado para ser el primer y, a día de hoy, único oriundo de Tandil en obtener el triunfo en la rama masculina de ese evento.
A cuarenta años de la gesta, Olaechea visitó Último Bondi (emitido de lunes a viernes de 18 a 20 por Tandil FM 104.1 y Eco TV):
-¿Ante cada edición de Tandilia deseás que un atleta local pueda emularte o querés mantener el privilegio de la exclusividad?
-No soy egoísta en ese sentido. Me gusta el deporte, ojalá alguien pueda repetirlo, sería lindo. Sergio Hoffman la ganó, pero él es nacido en Ayacucho.
No puedo creer que hayan pasado cuarenta años de mi triunfo. Estos homenajes que me hacen son muy lindos. La mamá de Agustín (Olaechea, su hijo) siempre me decía que a los reconocimientos hay que hacerlos con la persona en vida.
-¿Cuántas Tandilia habías corrido hasta ésa de 1986?
-Unas siete u ocho, corrí la primera en 1978. El año de mi victoria hice una marca de 35 minutos y 13 segundos. Lo curioso es que en otra edición hice 34’35” y no pude quedarme con el triunfo, fui segundo.
-Lo del tiempo no es tan lineal respecto a la posición final. Depende de condiciones como el clima, la calidad de los rivales. Incluso, el recorrido se ha ido modificando.
-Exactamente. En la edición que gané, la largada estaba en una parada del colectivo azul, pero a los dos años la llevaron unos 50 metros hacia atrás. También se modificó la llegada, ahora termina en el Polideportivo Municipal, antes era junto al Lago. Me parece que era lindo, la gente desde arriba veía todo. Son decisiones que han tomado los organizadores, ellos son los que dirigen.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/olaechea_5.webp)
-Parte del anecdotario está asociado a la noche previa a ese 26 de octubre de 1986.
-En esos días me había puesto de novio con quien es la mamá de mi hijo Agustín. En ese entonces, yo corría para Unión y Progreso, entonces entraba gratis a los bailes que se hacían en esa institución, incluso me invitaban los tragos.
Esa noche previa a la carrera terminé como a las 4.30 de la madrugada, no pensaba correr Tandilia. Por la mañana, Jorge Silva y Hugo Arrascaeta, dos amigos, me fueron a buscar a lo de mi mamá. Yo no tenía intenciones de participar, pero ellos me insistieron y me terminaron convenciendo, yo venía teniendo un año en el que había ganado casi todo lo que había corrido.
La carrera era a las 11.
-Y te habías acostado 4.30, con algún trago encima…
-Jaja. Pero me cuidaba, y nunca fui de consumir cosas fuertes. No me sacabas del Gancia y el Cinzano. Ese día pude ganar porque estaba muy bien entrenado, me gustaba entrenar. Del mes, descansaba dos o tres días, en los que igualmente algo hacía, algún trote liviano al menos, series de diez minutos en el pasto para recuperar los músculos. En definitiva, todos los días del mes hacía algo. Nunca nadie me regaló nada. Y jamás en este cuerpito entró alguna cosa rara, todo lo que conseguí lo hice desde el sacrificio.
-Tuviste la recompensa de los resultados.
-Seguro. Gané más de 300 carreras. Fui campeón provincial cuatro veces, dos en pista y otras dos en cross. Pude viajar a competir a otros países como Brasil y Uruguay. En 1986, cuando gané Tandilia, tuve 17 triunfos consecutivos, viajando a ciudades como Necochea, Tres Arroyos, Balcarce y Pigüé. Anduve de punta a punta por la provincia de Buenos Aires.
-Y te ha ido bien en diversas distancias.
-Sí. En pista, llegué a bajar los nueve minutos en los 3.000 metros. Creo que en Tandil lo logramos sólo Julián Peralta, Miguel Benítez, Enrique Bedascarrasbure y yo.
En los 5.000, llegué a marcar 15’12”, que no es un mal tiempo. Lo mismo que los 31 minutos que hice en Buenos Aires para los 10.000.
Y tuve la suerte de correr siete maratones. En esa distancia de 42 kilómetros bajé las 2 horas y media. Hasta hace poco, estaba en el puesto 17 de la historia a nivel nacional en esa distancia.
-¿En la largada de aquel 26 de octubre de 1986 pensaste en hacer lo que puedas por la noche que habías tenido o confiabas en tus chances de triunfo?
-En cada carrera a la que me presentaba, miraba qué ambiente había y sabía si tenía posibilidades de ganar. Pero nunca desmerecía a mis rivales y creo que, en cualquier disciplina, la victoria no está asegurada hasta que termina el partido, la carrera o lo que sea. Siempre me manejé bajo esa conducta, nunca subestimé a nadie.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/olaechea_6.webp)
-¿Qué recordás de esa Tandilia de hace 40 años?
-Agarré la punta de entrada, peleando con el azuleño Osvaldo Regalado. Llegamos “codo a codo” a la fuente del hotel Hermitage. Cuando pasamos por el Castillo Morisco le había sacado cincuenta metros, aprovechando que mi fuerte era la loma.
Después, venía una parte del terreno cuesta abajo, mi debilidad. Me pasó en la bajada del Parque. Lo pude alcanzar nuevamente cuando ingresamos en la zona del Dique. Se me venía la bajada del Murallón, en ese momento yo estaba nuevamente como líder. Lo aguanté como pude, sabiendo que, al momento del descenso, él me iba a sacar nuevamente una ventaja.
En el tramo final, recuerdo que había un mundo de gente, que me empujó hacia la victoria. Cuando llegué a la cima de la loma de la estatua del Fundidor, nuevamente le había sacado cincuenta metros de ventaja.
-Ya sobre el final.
-Quedaban mil metros hacia donde, en ese momento, estaba la llegada. Cuando pasamos por “La Islita” se me había puesto a treinta metros y, en el ingreso a Villa del Lago, miré y lo tenía a veinte. Se me había puesto ahí nomás.
-¿Desde qué momento fue un mano a mano entre Olaechea y Regalado?
-En realidad, no hubo un tercer atleta que nos discuta la victoria. Creo que rápidamente nos cortamos los dos. Quedamos mano a mano y la punta fue mía durante casi toda la carrera. El único tramo en la que me la sacó fue cuando me pasó en la bajada del Parque. Habrán sido 200 metros en los que quedé segundo. Me habrá marcado una diferencia de 20 ó 30 metros.
En las pendientes me hacían diferencia porque yo bajaba “enroscado” y mis rivales lo hacían sueltos, con más naturalidad. Yo lo compensaba con mis virtudes, como la fuerza que tenía para las trepadas.
-¿Qué dimensión le diste al triunfo en ese entonces?
-En ese momento, no te das cuenta. Como te contaba, yo venía de varias victorias consecutivas. Y, ese día que gané Tandilia, lo tomé como un triunfo más. Con el correr de los años, vas tomando conciencia. Pasaron diez años y no la ganó otro tandilense, veinte y lo mismo, treinta…a día de hoy no hubo otro ganador tandilense. Ojalá pueda aparecer alguien que la gane. Sería lindo que suceda y que yo esté con vida para presenciarlo.
-En 2023, con motivo del 50mo. aniversario de Tandilia, volviste a participar, a pesar de algunos inconvenientes físicos que arrastrabas.
-Sí, largué. Una amiga me insistió para que lo haga. Me dijo que la gente me quiere y que se trataba de una fecha especial, porque se cumplían los cincuenta años de Tandilia.
Alterné trote con caminata y lo pagué caro. Me generó muchos dolores, estuve dos o tres días para recuperarme. Tandilia es una prueba que no te perdona, por más que hagas algunos tramos caminando. Es una carrera muy difícil, con muchos altibajos a lo largo de su trayecto. Y también puede sumarse como dificultado el tema del clima, ha habido ediciones que se desarrollaron con temperaturas muy altas.
:format(webp):quality(60)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/10/olaechea_7.webp)
26/10/86. Olaechea, rumbo a la victoria en Tandilia.
-¿Seguís trotando?
-No, pero me mantengo en peso. Cuando gané Tandilia estaba en 72 kilos y ahora estoy en 71,5. Me mantengo haciendo abdominales y flexiones de brazo. Hace poco comencé nuevamente mis entrenamientos, me había quebrado hace un par de años. También estuve internado dos meses por una infección hospitalaria. Dios me dio un cuerpo privilegiado.
-¿Más allá de toda tu dedicación, hay cierta condición genética que te ayudó?
-Sí, seguro. Yo jugaba al fútbol y era malísimo. Pero agarraba la pelota por la punta, bajaba el lomo y picaba, no me paraba nadie. Y tiraba el centro para que hagan goles mis compañeros.
Mi hermano Miguel me insistió para que empiece a competir en atletismo para aprovechar que era ligero. Le dije que no me parecía pero, finalmente, me convenció. La primera vez fui a la plaza de los troncos. Mis dos primos y mi hermano daban diez vueltas en el tiempo en el que yo hacía siete, me sacaban tres. Me enojaba y me iba.
Al otro día, me insistían para que vuelva y pasaba lo mismo, me terminaba yendo enojado por la diferencia que me sacaban. Estuve como una semana o diez días volviendo y fui progresando. De las tres vueltas del comienzo, me sacaban dos, después sólo una…hasta que, un mes y medio después de haber ido por primera vez, empecé a ganarles.
Hasta que me anoté en la primera carrera, y llegué segundo a cincuenta o sesenta metros de Enrique Bedascarrasbure, que no entendía nada porque no me conocía.
-¿Qué te ha dejado el atletismo?
-Algo muy lindo como las amistades. Pero lo más hermoso de todo es el cariño de la gente. Todo el mundo me saluda. Entre mi carrera en el atletismo y mi trabajo en la Municipalidad, donde estuve a lo largo de 26 años, he hecho muchos conocidos.
El sábado fui a comprar un repuesto para el auto y había cuatro personas. Apenas entré, el dueño del local les dijo a los demás: “¿Saben quién es este hombre? El único tandilense que ganó Tandilia”. No sabía dónde meterme, me dio mucha vergüenza.
-¿Cuál es tu reflexión respecto a la Tandilia de la actualidad?
-Para ser sincero, considero que a Tandilia solamente le quedó el nombre. Han hecho modificaciones con el horario, el recorrido, la cantidad de metros…han cambiado todo.
Antes, se doblaba en Rodríguez, ahora en Chacabuco. Si la tuviera que correr, lo haría, no voy a decirte que no. Pero me gusta que se mantenga lo tradicional, más allá de que entiendo que en la vida todo cambia.