“Locomotora” Castro: “El boxeo me sacó de la calle y la pobreza”
El excampeón del mundo pasó por la ciudad y habló en exclusiva con El Eco de Tandil. Los padecimientos de su niñez, la memorable victoria ante John David Jackson y el reciente entredicho con “Maravilla” Martínez, a lo largo de un extenso mano a mano.
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Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción
fernandoizquierdo@hotmail.com
Convocado por el Centro Cultural Diego Armando Maradona para brindar una charla, a sus 58 años Jorge Fernando “Locomotora” Castro conoció Tandil.
El oriundo de Caleta Olivia, también apodado “Roña”, es uno de los más notables campeones del mundo que ha dado Argentina a través de su historia.
En un receso del encuentro celebrado el sábado por la tarde en el mencionado establecimiento de Las Tunitas, el santacruceño se prestó gentilmente a un mano a mano con El Eco de Tandil, a través del cual se refirió a su dura infancia, en la que debió lidiar con un padre alcohólico y golpeador; a su memorable pelea ante John David Jackson; a la naturalidad con la que asimiló el retiro y a su reciente entredicho con Sergio “Maravilla” Martínez.
“Es la primera vez que vengo a Tandil, siempre pasaba por la Ruta 3 pero sin ingresar a la ciudad. Me gustó, es un lugar muy lindo, está como metido en un pozo. He recorrido casi todo el país, aunque sin ingresar demasiado a todas las ciudades. Se dio esta vez que vine a Tandil para dar una charla.
Me encontré con este lugar de entrenamiento precioso, con muchos chicos que intentan comenzar una carrera en el boxeo”, comenzó contando Castro.
-¿A qué apuntás en esas charlas?
-Uso estos espacios para aconsejar a los chicos. Les digo que el boxeo es un deporte que te saca de todo. Fue mi caso, como exdeportista puedo decir que el boxeo me sacó de todo. Nunca estuve en la droga ni en ninguna otra adicción, pero el boxeo me sacó de la calle y de la pobreza.
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Castro estampa su firma sobre un guante, el sábado en el Centro Cultural DAM.
-¿Sentís una vocación por transmitir todo lo que viviste?
-Sí, es lindo poder volcarles a los chicos toda la experiencia que recogí durante mi paso por el deporte de los puños. Gracias al boxeo, pude tener casa, auto… todo lo que quise lo tuve y lo tengo. Dejé catorce casas para mis hijos. Hoy vivo bien, tengo mi gimnasio y mi negocio, vivo en perfectas condiciones. Y es gracias al boxeo.
-También te has dedicado a aportar en lo social.
-Sí, tengo catorce comedores y nueve merenderos. Hay 6.400 personas a las que les damos de comer. Tenemos mucha gente grande que no se queda a comer, solamente va con el tupper. A veces a la gente le da vergüenza tener que ir a pedir. Hoy, nos encontramos con que va gente que hace un tiempo era pudiente y ya no logra acceder a todas las comidas del día.
Nos pasa de recibir personas de 70 ó 75 años llorando, porque no tienen dinero para sus medicamentos. Desde mi lugar, siempre que pueda ayudar lo voy a hacer. A veces, les consigo insulina o antibióticos. Los recibo de parte de los visitadores médicos y se los doy a la gente.
-El boxeador suele haber tenido una niñez o adolescencia complicada. ¿Cómo fue tu caso?
-Difícil, como la de todo boxeador. No hay uno que siendo rico se haya puesto a cagarse a trompadas. Todos empezamos desde muy abajo. El tema es que algunos, cuando llegaron a lo más alto, se agrandaron o se convirtieron en otra cosa. La niñez mía fue muy dura, me tocó pasar hambre, de todo un poco. Mi padre era alcohólico, vivía cagándome a palos. No me hice a los golpes, sino porque fui tocado por una varita mágica, me tocó andar bien en el boxeo. No fue algo que lo tomé como un deporte, me dediqué porque era una forma de ganar dinero que encontré. Después de hacer diez o doce peleas, sí lo adopté como un deporte. Finalmente, el boxeo me sacó de la miseria. Gané más plata estando solo que con apoderados. A los 27 años me abrí y manejé yo mismo mi carrera hasta que me retiré a los 38.
Con mi padre nunca fui rencoroso, incluso lo llevé a una pelea para que me vea como campeón del mundo. Después falleció, firmé para viva hasta dónde le dé. Tenía cirrosis y veía visiones, te hablaba de que estaba pasando una rata que en realidad no existía. Eso fue lo doloroso de mi viejo, a quien hoy ya no tengo más que en el recuerdo.
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Se vivió una jornada a puro boxeo en el Diego Armando Maradona.
-¿Extrañás el boxeo o supiste asumir el retiro?
-Imaginate que cuando peleaba era vago para entrenar…cuando me dijeron que no tenía que entrenar más no tuve problemas, me liberé de eso. No extraño nada, la carrera del boxeador es dura, me hice a los golpes. Hoy estoy bien, tengo a mis hijos que me cuidan, vivo para ellos, y económicamente estoy bien, así que no extraño al boxeo en lo más mínimo. Ya fue. Siempre dejo el lugar a otras personas que vienen desde abajo y quizá puedan lograr lo que logré yo: ser un gran campeón del mundo.
-La potencia era el sello distintivo de tu boxeo. ¿Es un atributo natural o que puede mejorarse con trabajo?
-Es natural, viene desde la cuna. Nunca pensé que iba a pegar tan fuerte. Gané por nocaut 90 de las 146 peleas profesionales que hice. Perdí sólo 10. Peleé por todo el mundo, conozco 27 países. De esas diez derrotas, sólo una fue en Argentina, contra Lorenzo García. Todas las demás fueron en el exterior. En unos veinte países gané al menos una pelea.
-¿Qué significado tuvo en lo personal ser campeón del mundo?
-Lograr eso es lo mejor, porque el mundo es grande. Y consiguiendo ese título pasás a ser el mejor de todos, fue lo más lindo. A lo largo de mi carrera, pude ganarles a boxeadores del más alto nivel como John David Jackson y “Mano de Piedra” Durán. Le hice una gran pelea a Roy Jones Jr., que era uno de los mejores campeones del mundo libra por libra. Cuando lo enfrenté, él tenía ganadas por nocaut sus 19 peleas, fui el primero en aguantarle los diez rounds. Y le pegué bastante.
El round del campeón
El 10 de diciembre de 1994, se produjo una de la más notables recuperación que se recuerden de un boxeador argentino.
Ya en la segunda mitad del combate celebrado en la mexicana Monterrey, Castro parecía estar “nocaut parado” ante el estadounidense John David Jackson, holgado dominador en las tarjetas hasta ese segmento de pelea.
En su relato para El Eco de Tandil, “Locomotora” viaja casi 32 años en el tiempo para rememorar de manera vívida aquella noche histórica:
“Fue una pelea dura, muchos dicen que fue una pelea de Rocky. El tema es que en Rocky era todo ficción, y ésta fue una pelea real. A mí me cagaron a piñas de verdad. El tema es que John David Jackson tenía una mano de algodón. Me conectaba muchos golpes pero no me hacía daño. Al acumular tantos golpes, mi cara se empezó a inflamar, se me cortaron los párpados. Entre el octavo y noveno round, el doctor subió al cuadrilátero y dijo que no podía seguir. Ahí fue cuando Don Luis Espada, que estaba en mi rincón, le pidió que me den “el round del campeón”. Me lo dieron. Salí al noveno, Jackson me metió una piña y me hice el sentido. Cuando se me vino para definir la pelea, le tiré una derecha para noquearlo, pero lo terminé agarrando con la izquierda”.
-Fue una definición instantánea.
-Cuando le pegué se le pusieron los ojos blancos, como a los cieguitos. Cuando lo vi, dije “no se levanta más”. Se levantó dos veces más pero ya estaba liquidado. En la segunda caída no le alcancé ni a pegar porque se desvaneció contra mi cuerpo. En su tercera caída, lo impacté con un gancho en la pera que me permitió asegurar la defensa del título.
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Castro pone de rodillas a Jackson, comenzando a ejecutar una memorable reacción.
-El ambiente del boxeo tiene a ésa como tu pelea más significativa. ¿También lo es para vos?
-Tengo otras que también han sido importantes. Lo que pasa es que ésa contra Jackson fue por un título del mundo. Pero la pelea que me sacó a flote fue la que le gané al “Puma” Arroyo en el Luna Park, lo vencí por nocaut en el noveno round. Ése triunfo marcó mi despegue, más allá de que yo ya venía muy bien posicionado.
Entre los mejores
-¿Dónde debe colocarse al “Roña” Castro en el ranking de los mejores boxeadores argentinos de todos los tiempos?
-Entre los primeros cinco, junto a los que nombran siempre, como Carlos Monzón y Nicolino Locche. En Argentina ha habido boxeadores de mucho nivel. El problema es que hoy en el país el boxeo está un poco en decadencia. En mi época, no sólo yo era campeón del mundo, también Coggi, el zurdo Vázquez, Marcelo Domínguez, Carlitos Salazar…en un mismo año tenías cinco campeones del mundo argentinos. Hoy, la cifra es mucho menor.
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Castro, junto a Eduardo Martínez, uno de los organizadores de la clínica.
-¿Se puede soñar con que Argentina vuelva a disfrutar de una época como ésa o los problemas de estructura lo vuelven algo quimérico?
-Está muy complicado. Siempre se pronunció el dicho “Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires”. Y los mejores boxeadores están en el Interior, Buenos Aires es boom en toda clase de deportes, el fútbol, el básquet…todo pasa por Buenos Aires. Yo soy de Caleta Olivia, a 2.000 kilómetros de Capital y tuve la suerte de triunfar allí, como también en el resto del país. Acá, peleé con todos y solamente me pudo ganar Lorenzo García. Pero cuando me tocó perder nunca me gustó poner excusas, si perdía era porque mi rival había sido mejor que yo. Creo que hice una carrera muy linda, con sólo diez derrotas.
Entredicho
-¿Qué te pasó con Sergio “Maravilla” Martínez?
-No me gusta que hable de los pobres despectivamente. Cuando uno inicia esta carrera del boxeo lo hace siendo pobre. Se puso a hablar de personas de bajos recursos que tienen que cagar en un balde. Empezó a insultar en medio de su discurso, usa un vocabulario que para mí no corresponde. Me gustaría pegarle en la boca, pero se cagó, no me quiso pelear, se le cayó la bombacha.
-¿Estás para pelearlo?
-Yo le peleo a cualquiera aunque tengo 58 años. Él está también arriba de los 50. Pero no me gusta que hable como lo hace. Él habla de España, diciendo que es un país que le dio lo mejor. Siempre le dije que se vaya a vivir allá, que él debería defender a Argentina, si él es de acá. Tuvo la suerte de meter una mano y ganar una pelea por el título del mundo, como hice yo en México. Pero después no pudo hacer muchas defensas.
Yo siempre voy a defender a la gente humilde, soy alguien que se crió con bajos recursos y tuvo la suerte de ser campeón del mundo y así salvarse económicamente. Pero, por más que hoy tenga plata, no me olvido de que soy un tipo que vino desde abajo.
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