Nada podía salir bien
Era cuestión de tiempo. Errores de planificación, cambios de conducción a mansalva y un plantel poco competitivo.
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Cuando se menciona como una necesidad que, en pos de un objetivo, es indispensable la armonía del tridente dirigencia-cuerpo técnico-jugadores bien puede verse como una exageración en términos de rigurosidad aunque de ningún modo es una frase antojadiza.
Y este Santamarina 2026, e incluso el de tiempos cercanos anteriores, lejos estuvo de alinearse con ese viejo adagio. Los descensos se dan en cancha pero tienen -casi sin excepción- un correlato con lo que sucede fuera de ella.
Desde lo dirigencial/económico, el aurinegro viene padeciendo y no es de ahora. La era “post Bossio” viene mostrando a una institución complicada en la consecución de recursos para afrontar sin sobresaltos la participación en una categoría onerosa por dónde se la mire.
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En los últimos tiempos se suscitaron también errores de planificación que decantaron en deudas que aún hoy siguen sin solventarse (desde entrenadores como Jorge Izquierdo y Navarro Montoya, pasando por el plantel actual y trabajadores del club).
La imagen para “el afuera”, además, lejos estuvo de ser decorosa, desde la increíble agresión física del presidente Diego Puissant a un periodista, hasta la reciente gresca -en el mismísimo Predio Centenario- entre el otrora mánager deportivo Christian Daguerre y un allegado, reyerta que incluyó un arma blanca y derivó en una denuncia policial.
Todo como parte de un camino lleno de sinsabores que incluyó también el desesperado pedido de un ídolo futbolístico de la institución como Martín Michel, con quien el club también se atrasó al momento de cumplir con su salario.
En línea con episodios previos (renuncias de dirigentes como César Villarruel, Pedro Cappelluti y Javier Brazzola, entre otros) que poco tienen que ver con lo que debería esperarse como dinámica lógica de una institución emblema de la ciudad.
Aunque todo ello sea materia extrafutbolística, es imposible que no tenga su repercusión dentro de la cancha. Y que no afecte la salud mental de un grupo de futbolistas que, fecha a fecha, deben lidiar con resultados desfavorables, atrasos en el pago de sus haberes, e incumplimiento en condiciones establecidas en su vínculo con la institución.
En cuanto a los cuerpos técnicos, también vale apuntar que está lejos de un ideal que haya tres transiciones en cinco meses. Así las cosas, no hay idea futbolística que pueda sellarse.
Pasó un Duilio Botella que, tras apenas seis jornadas y resultados aceptables, pegó el portazo disconforme con ciertas condiciones, dejando entrever que tenía mucho más por decir respecto a lo que manifestó públicamente en torno a su salida.
Un Luis Murúa, cuya llegada no terminó de convencer antes de que los resultados avalen esa presunción. Un muy efímero ciclo de Matías Tatangelo, que se alejó cuestionando situaciones administrativas. Y, por último, Nicolás Serantes, un DT que aceptó el desafío tentado por una primera chance en la categoría como líder de un cuerpo técnico, asumiendo el concreto riesgo de quedar en “la foto del descenso” y a costa de sumergirse en un mar de pura turbulencia, del que poco antes ya había sido parte.
Naturalmente, semejante cúmulo de desaguisados tuvo su impacto en lo futbolístico.
Quizá, ante el poco alentador contexto institucional, el armado inicial del plantel pareció no estar tan mal. Desde la permanencia de valores de probado rendimiento en la categoría como Domínguez, Romat e Igartúa (acuciado por el contexto y un mínimo descanso entre temporadas, bajó ostensiblemente su rendimiento respecto a campañas anteriores, en las que fue un líder indiscutido desde su nivel) y la llegada de futbolistas que despertaron cierta ilusión como Ignacio Lucero, Nicolás Ihitz y, sobre todo, Diego Sosa, sobre quien pesaron imponderables físicos que lo privaron de estar pleno durante más de la mitad de la campaña. Al menos en el once inicial, daba “para pelearla”.
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A Sosa no lo acompañó la salud.
El mencionado infortunio de Sosa, futbolista indispensable para un equipo que en todo el torneo adoleció por su falta de elaboración y de gol, la depuración cada vez más masiva del plantel, no haber podido ganar un solo partido de visitante y perder la confiabilidad de otras épocas en el San Martín fueron factores determinantes para que, conforme el transcurrir de la temporada, el objetivo pase a ser otro.
Es cierto que, en el contexto económico actual del país, conducciones poco apropiadas y una categoría que promueve números deficitarios, varios son los clubes que están igual o peor.
Pero, de tanto tirar de la cuerda…