Sueños de fútbol y libertad
Los internos del pabellón 10 de la Unidad Penal 37, en Barker, desafían el frío de la mañana de un martes como tantos. La pelota volverá a rodar y el mundo cambiará para ellos, al menos por un rato.
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La barrosa canchita vuelve a ser escenario de un partido de aquellos. Las líneas marcadas y las redes colocadas brindan una imagen de prolijidad que no pasa desapercibida para el que llega desde afuera.
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Llegaron al lugar con la expectativa renovada de cada día, aunque con un agregado especial y muy valorado.
Esta vez fue Manuel Aguirre, director técnico de la Primera División de Independiente, quien les indicó ejercicios con pelota, previos al partido. A pocos metros, el profesor Nicolás Arrospide encabezó de forma didáctica los movimientos físicos; al tiempo que Roberto Casco colaboró en la parte organizativa. Tres trabajadores del club rojinegro que aportaron tiempo y conocimiento para tenderles una mano.
La actividad estuvo enmarcada en la inauguración formal del "pabellón de deportistas", sector donde funciona la selección de fútbol integrada por internos que forman parte de un proyecto orientado a promover hábitos saludables, estudio y capacitación laboral.
El pitazo inicial del profesor Emiliano Ríos le da paso a la acción. Un ocho contra ocho intenso, sin concesiones ni demasiados espacios para maniobrar.
Algunos más habilidosos, otros más aguerridos. Todos leales y con pierna fuerte. La mueve el "Zurdo" contra la raya, se luce "Chucky" con una gambeta, encara "Buda" con decisión. Responden con arrojo ambos arqueros; poniendo manos, cuerpo y corazón para evitar goles.
Ellos y todos los demás, dejando de lado por un tiempo sus historias de privaciones, marginalidad y violencia. Cada uno tendrá la suya y será el único en conocerla de manera completa. Resonará, eterna, la pregunta-sentencia del Indio Solari: “¿Vos pensás que los chicos nacen malos?”
En el rectángulo de juego se mezclan un pantalón de Tigre, una remera de Defensores del Cerro, un par de medias de San Telmo y las infaltables camisetas albicelestes que visten a uno de los equipos. El otro luce prolijas pecheras a modo de identificación.
Poco importa que el entorno no se parezca a los imponentes estadios que muestra la televisión durante el Mundial. Como en cualquier picado, parece haber un “Dibu” Martínez que inspira respeto desde el arco, un “Cuti” Romero firme en los cruces, un De Paul que recorre el medio con criterio o un Julián Álvarez insoportable para los defensores rivales.
La pelota voló más de lo que rodó y el resultado final de 1-0 le cayó justo a un trámite cerrado, con defensas casi insuperables y pocas situaciones de gol. Hora de dejar el campo de juego y volver al pabellón, hasta el próximo partido.
Cosas de 10
De los más de mil internos que cumplen condenas en la Unidad 37, setenta y tres conviven en el pabellón 10.
Como si fuera un homenaje a ese número, Maradona y Messi parecen saludarse desde una pintura en la pared. Cercanos, sonrientes y felices.
Las referencias futboleras son varias. Acá, el escudo de River con la leyenda "Los Borrachos del Tablón". Allá, el de Boca con la inscripción "La 12".
"Se respeta a todos los equipos", aclara un interno y queda claro al ver que conviven, en pocos metros, prolijas pintadas de Newell's, Estudiantes de Caseros, San Lorenzo, Nueva Chicago y muchos otros clubes, incluso extranjeros como Milan, Liverpool o Inter Miami.
Conocer parte de las historias de quienes ahí habitan es sumergirse en sus orígenes. Los hay de Tandil y otros puntos de la provincia, pero mayormente del Gran Buenos Aires. Para ellos, el traslado a la Unidad 37 fue ir "al campo", como se conoce en la jerga al penal de Barker. Una especie de castigo mayor, que los aleja de los afectos que puedan haber dejado en sus hogares.
Algunos volverán pronto a las calles. A otros les queda un tiempo mayor en prisión. Inevitablemente los recibirá un difícil proceso de reinserción.
Ahora, la casa de todos ellos es la misma. También son comunes los sueños de libertad y el gusto por la pelota. La que, por un rato, los sacó de la rutina y los hizo futbolistas.