Spelta: de la geografía a la fermentación de coco, almendras y cajú
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailHace 4 años que Lucas Ramírez vive en Tandil. Nació en el Gran Buenos Aires hace 43, es licenciado en Geografía, con una maestría en Turismo, y empezó un doctorado en Geografía vinculado al Turismo también. Vino, en ese entonces, a trabajar a la Unicen para realizar tareas de investigación y sumó a su cargo tres materias en la carrera de Turismo.
Suelto de palabras, movedizo y con mucha energía positiva, Lucas me cuenta que antes de venirse para acá, trabajó analizando el turismo en las Termas de Entre Ríos; que viajaba cada dos semanas de Buenos Aires a Entre Ríos y de ahí a Tandil, y que tuvo que poner un freno porque no podía más y ahí planeó con colegas su inserción en Tandil, a donde vino a ver qué podía hacer.
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Hasta que empezó la pandemia Lucas estuvo, en esos años, muy metido en el trabajo académico e institucional; también trabajó para el municipio en el área de gestión de tecnologías de información geográfica, dentro del área local de estadísticas.
En el marco de la cuarentena y, como muchos, al borde del colapso mental, Lucas empezó a centrar su pensamiento en los hábitos alimentarios, en comer más crudo, más frutas y verduras; la alimentación se le cruzó como objeto de estudio. Hubo un momento en que, además, se dio cuenta de lo tanto que disfrutaba preparar un alimento y compartirlo. La fermentación lo conquistó, probó con la masa madre y con un curso de fermentación vegetal arrancó su movida. Conoció a su compañera, Luján Rosso, nutricionista, con quien se conectó a partir del interés de ambos por la alimentación en la sociedad.
Mientras hacía cursos y practicaba en su casa, Lucas pensaba en su obra creativa: alimentos a base de vegetales fermentados. Primero eligió su nombre: Spelta, en latín, un tipo de trigo salvaje, sin hibridar. Luego se vino el slogan de descolonizar el paladar. Con un primo diseñador llevó sus ideas a unas imágenes inspiradas en dibujo botánico que son soñadas; el logo es la raíz y la flor del jengibre y también acompañan decorando las etiquetas, las semillas que utiliza: coco, almendras y castañas de cajú.
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Lucas invirtió en máquinas y tecnología, inició su producción en una sala elaboradora del Municipio y, al tiempo, cuando la demanda creció tuvo que buscar otro espacio de trabajo para poder seguir con Spelta, que no deja de sorprenderlo.
Sus increíbles productos son la mozzarella de cajú, boconccinos de almendras, flan y yogur de coco, este último acompañado de un dulce que está buenísimo. Los ofrece en muchos locales comerciales de nuestra ciudad. Con ayuda de nutricionistas, técnicos en alimentos, gente de bromatología, la universidad y el municipio, Spelta logró obtener la habilitación pertinente para venderse en el partido y está gestionando los permisos para avanzar a provincia.
En el contexto de incertidumbre en que vivimos, Lucas maneja sus proveedores de manera variable, pero cada vez con mayor solidez. De a poco la gente fue conociendo Spelta que crece a paso sostenido. En el inicio, llegó a vender 150 flanes en un mes.
¿Objetivo? Un espacio propio.
¿Desafío? Que crezca, con más alimentos.
¿La Vedette de Spelta? El yogur de coco.
En Instagram: @spelta.tandil
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