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PRIMERA NACIONAL

Papaleo, las manos que sostienen a Santamarina

El arquero del aurinegro es uno de los puntos altos en la actual campaña. Cree que el equipo debe ajustar detalles para "estar mucho más arriba". Y asegura estar "mentalizados para traer un buen resultado" mañana frente a Defensores de Belgrano.

Joaquín Papaleo, consolidado en el arco de Santamarina.

Mariano Leunda

En las buenas y en las malas, Santamarina sabe que cuenta con un firme respaldo. Desde que Joaquín Papaleo llegó al arco aurinegro, ha mostrado un progreso que lo llevó a la consolidación para portar el buzo con el número 1.

Honrando el puesto que en viejas épocas supo ser de Rómulo Romeo y de “Mingo” Pastor. El que entre los ’70 y los ’80 ocuparon Enrique Del Bueno, Roberto Rigante, Julio Nocito y “Tato” Medina; el que más adelante fue testigo del lucimiento de José Luis Ducca y la aparición de Hernán Coldeira; el que recibió con satisfacción a dos formados en Ferro como Fabio López y Juan Manuel Ijurco. El lugar desde el que se proyectó Esteban Dreer, por el cual pasó con gran suceso Víctor Sieracki y en el cual se hizo ídolo Daniel Bertoya.

El santafesino es uno de los infaltables en las formaciones dispuestas por Pablo Ricchetti. Como lo fue en su momento con Mauricio Nosei, Héctor Arzubialde y Fernando Quiroz; todos entrenadores que confiaron en sus condiciones. Aún cuando llegó a Tandil con 22 años recién cumplidos, cedido por Unión de Santa Fe.

Hoy, le aporta seguridad al equipo y un par de penales tapados (a Enzo Díaz, de Tigre; y Felipe Cadenazzi, de Brown de Adrogué) le permitieron sobresalir en la actual campaña. Su identificación con el aurinegro es buen tema para iniciar la charla con este Diario.

-¿Sentís ese apego con Santamarina?

-Sí, porque el club me permitió iniciarme como profesional, cuando llegué por primera vez en 2016. Con el tiempo, uno va tomando cariño y se siente parte de esto.

-¿Cómo fue tu evolución en Tandil?

-Recuerdo que cuando llegué dije que venía con la idea de ser titular. En mi cabeza estaba eso. Me tocó debutar en Copa Argentina, cuando le ganamos a Nueva Chicago, y creo que tuve un rendimiento de menor a mayor. En los primeros cinco o seis partidos tal vez no daba la seguridad que esperaba. Con el tiempo, se fue dando de encontrar mayor regularidad.

-¿En eso influye mucho el rendimiento del equipo?

-Claro, nosotros no empezamos bien, después vino el cambio de técnico (Arzubialde por Nosei) y fueron apareciendo mejores resultados. Ganar siempre te da confianza, tuvimos una buena racha sin perder y varios partidos con valla invicta. Eso nos fortalecía a todos, desde lo individual y lo colectivo.

-¿Ahí se da tu regreso a Unión?

-Sí, después de dos temporadas acá volví a Unión. Al principio tenía intenciones de volver a salir, porque el puesto estaba cubierto y contaba con otras opciones interesantes. Se dio la salida de uno de los arqueros y el club me pidió quedarme.

-¿Fue una buena elección, aún sabiendo que te tocaba empezar como suplente de Nereo Fernández?

-Sí, yo sabía que el arco estaba cubierto, pero era una buena opción. Al cabo de algunas fechas me tocó debutar, nada menos que en el clásico con Colón. Fue cumplir un sueño, aunque tuve la mala fortuna de una lesión.

-¿Cómo fue esa jugada que te dejó afuera, por un golpe en el ojo?

-Solamente lo veo como una situación fortuita. Fue algo complicado, me tuvo parado como dos meses. La lesión en sí no era tan complicada, pero había que cuidar la zona, porque cualquier golpe podía generar algo peor. Por suerte, no me quedó ninguna secuela.

-¿Cómo se dio el nuevo contacto con Santamarina, a mediados del año pasado?

-Hablé con los dirigentes y con el técnico (Quiroz). Fueron todos muy convincentes conmigo. El hecho de conocer el club y la ciudad ayudaron a que la decisión de volver no fuera difícil.

-¿Qué tipo de plantel encontraste?

-Un grupo excelente. Conocía por amigos en común a Mariano (González) y Fernando (Telechea), además de haber tenido como compañero a Martín Michel, Fernando Piñero y a los chicos del club, como “Pitu” Leiva, “Nico” Valerio, Tomás Casas, Matías Kabalín y Agustín Mazzola.

-¿Por qué les costó tanto la primera rueda?

-Arrancamos bien, se veía un equipo sólido de mitad de cancha para atrás. Después, hicimos algunos buenos partidos pero nos costó cerrarlos, como los casos de Rafaela en Tandil y All Boys de visitante. Fuimos mermando el rendimiento y caímos en un pozo del cual fue difícil salir. Por suerte ganamos el último con Villa Dálmine y terminamos el año con un buen resultado.

-¿En esos casos aparece la falta de confianza?

-Siempre pasa eso, cuando no se dan los resultados. Pero creo que estábamos trabajando bien, tenemos un grupo muy serio. Entramos en un bache del cual nos costó salir. Fue una mala racha, que duró más de lo que tendría que haber durado.

-Encima es una categoría en la cual los errores se pagan muy caro.

-Como todo el fútbol argentino, hay gran paridad. Realmente cualquiera le pude ganar a cualquiera y está demostrado. La mayoría de los equipos son duros, no te regalan absolutamente nada y proponen un juego trabado.

-En ese contexto, ¿qué es Santamarina?

-Creo que nosotros estamos más abajo de lo que merecemos. Siempre intentamos tratar bien la pelota y en parte lo estamos logrando. Nos falta un poco de contundencia a la hora de cerrar los resultados. No tengo dudas de que vamos a lograrlo. Si lo conseguimos, estaremos mucho más arriba.

-¿Aprendieron a jugar partidos de acuerdo al trámite? Eso pareció con Chacarita y con Brown de Adrogué.

-No sé si lo logramos ahora. Creo que lo recuperamos. En la primera rueda tuvimos partidos en los cuales hicimos lo que teníamos que hacer de acuerdo al momento, por ejemplo en el empate con Quilmes de visitantes.

-¿El partido con Defensores de Belgrano es uno de los más duros de la temporada?

-Sabemos que es un rival que se amolda muy bien a la categoría y apuesta al juego aéreo. Su cancha es parecida a la de Adrogué, con espacios reducidos. Un mal control puede significar un ataque inmediato y hay menos tiempo para leer la jugada. Estamos mentalizados para traernos un buen resultado de allá.

 

 

Espaldas cubiertas

-Tus dos compañeros arqueros son jóvenes tandilenses, Tomás Casas y Juan Pablo Mazza. ¿Qué podés decir de ellos?

-Antes que todo son excelentes personas, tenemos una relación bárbara. Son dos grandes compañeros. Desde lo deportivo, están a punto y preparados para hacerlo bien cuando les toque.

-¿Qué características tienen?

-Tommy es rápido y tiene buen manejo de pelota, con potencia y reacción. Juampi también tiene mucha potencia y personalidad.

 

 

La familia en la piel

El rostro de una mujer anónima decora el brazo izquierdo de Papaleo. No es el único tatuaje en su cuerpo y las razones son claras: “Es la imagen de mi vieja, y también tengo la de mi viejo. No soy fanático pero me gustan los tatuajes, y elegí algo que me identifique y merezca estar en mi piel para toda la vida. Con ellos tengo una relación especial y estoy agradecido por la familia que me tocó”.

-¿Ellos fueron fundamentales en tus comienzos en el fútbol?

-Siempre tuve el apoyo de ambos. Yo nací en Santo Tomé, que está pegado a Santa Fe, separado por un puente. Arranqué en una escuelita de fútbol, de los 7 a los 9. Después en un club de Santo Tomé y desde los 10 en Unión. Le decía a mi viejo que me llevara a Unión y ellos preferían que me quedara un poco más, porque era muy chico.

-¿Cómo se dio el salto a Unión?

-El club me invitó a jugar un torneo y después me pidieron para integrar el equipo de mi categoría en la Liga Santafesina. Insistimos tanto, que me terminaron llevando.

 

 

Un “Tata” inolvidable

En 2010, Papaleo formó parte del seleccionado argentino Sub 17, convocado por José Luis Brown, en un ciclo que luego fue conducido por Oscar Garré. En aquel grupo había dos futbolistas que actualmente son considerados para la selección mayor, Lucas Ocampos y Leandro Paredes, por entonces jugadores de River y Boca respectivamente.

-¿Qué te dejó aquella etapa?

-Fue sensacional, estuve convocado durante casi un año. Ganamos un torneo amistoso en Japón y quedé fuera de la lista del Sudamericano de 2011, que se jugó en Ecuador.

-¿Qué conceptos te dejaba “Tata” Brown?

-Primero, tengo el recuerdo de una excelente persona y técnico. Gran formador. Inculcaba lo que significaba estar en el seleccionado y aplicaba conceptos relativos al juego. También transmitía tranquilidad, nosotros éramos todos chicos que de golpe estábamos en una selección y él nos brindaba seguridad.

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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