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Rigante, un personaje que trascendió el arco

Extrovertido, locuaz, fue uno de los grandes en el puesto que dio Tandil, donde jugó para La Movediza, Santamarina y el seleccionado. Compinche de Maradona en Argentinos y en Boca, y pieza clave en un logro histórico de Independiente

El Eco

Roberto Rigante reúne en su personalidad todas esas características que la gente suele resumir con el apodo de “Loco”. Esa forma de llamar a los personajes que no caminan por senderos convencionales, que muestran comportamientos originales, extrovertidos. Alejados del qué dirán, nacidos para distinguirse en la multitud con modos propios y estridentes.

Nació en Tandil hace 66 años, se crió cerca de ese monstruo derrotado que es hoy Metalúrgica Tandil, y eligió el arco como forma de expresarse en la vida. Y ese talento para cuidar los tres palos lo fue llevando en forma casi frenética por los más diferentes destinos, por equipos encumbrados y también por esos más alejados de las luces del centro. En todos dejó su huella, y en algunos se lo recuerda como protagonista de momentos históricos.

“Vivo en Barracas. Me sigo dedicando a lo mismo de siempre, soy portero. La profesión que elegí de chiquito”, bromea Rigante, para describir su actualidad, que lo tiene como encargado de un edificio en el tradicional barrio porteño, donde vive con Laura y Lautaro, su hijo de 13 años.

En cada respuesta, en cada intercambio, muestra su particular estilo. “De chiquito, como era un tronco para jugar afuera, llevaba la pelota y me mandaban al arco. Nací cerca de Metalúrgica Tandil y después nos mudamos a Alberdi y Uriburu, y ahí empecé a jugar al baby en Movediza. Me llevó mi tío, Ramil, el padre del que fue arquero y presidente del club. Hice todas las divisiones juveniles y llegué a debutar en Primera muy chico. Y ahí surgió la chance de ir a Estudiantes de La Plata.

– Estudiantes fue el punto de partida de la mayoría de los jugadores de Tandil que se destacaron.

– Estudiantes es una gran familia. Es tal cual como dicen. Tenía muy buenas divisiones inferiores, yo salí campeón en sexta. Me vieron jugar, me llevaron a probar y quedé. Vivía en la pensión que estaba en el pabellón Demo, con todos los pibes del Interior, en la misma cancha de 1 y 57. Llegué a debutar en primera en un clásico contra Gimnasia, a los 17 años. El técnico era (Armando) Mareque”.

– Después de esa experiencia hay un regreso a Tandil.

– Estuve hasta el 73 y me volví para jugar en Santamarina. Salimos campeones invictos. Después, en el 75 arrancó a dirigir Tarabini y se armó otro equipazo, que salió campeón en el 76. En esos años también viví todo lo que fue el seleccionado de Tandil y el campeonato argentino que se nos escapó con Tucumán.

En 1975, antes del segundo título con Santamarina y la experiencia con el seleccionado en la vieja Copa Beccar Varela, Rigante tuvo la chance de jugar en el otro equipo de La Plata, Gimnasia, aunque allí no encontró su lugar, y apenas fue suplente de Carlos Barisio en algunos partidos.

– El Campeonato Argentino les abrió las puertas a varios para jugar en Independiente

– El “Conejo” le dijo a Pastoriza que tenía un wing y un arquero para que vea. Y el “Pato” nos vino a ver al Campeonato Argentino y me  terminó llevando a Independiente junto con mi compadre, Héctor Arrieta, y Luis Petrucci.

– ¿Te adaptaste enseguida?

– Por mi forma de ser yo me acomodaba enseguida. Me gustaba joder y que me jodan, entonces no tenía problemas. Eso sí, cuando hablaban los grandes, nosotros nos callábamos la boca. Había un respeto tremendo. Cuando se hablaba de premios y todas esas cosas con el plantel, nosotros ni pintábamos. Recién un año y medio después de estar ahí, y de haber salido campeón, empecé a opinar un poco.

– ¿Bochini era de los que opinaban?

– No mucho. Bochini era un tipo muy tímido, que cuando pisaba el césped se olvidaba de todo y era un atrevido. Jugaba como los dioses.

– ¿Ese año y medio en Independiente fue lo mejor de tu carrera?

– Creo que sí. Siempre fui titular, no tuve altibajos. Atajé en el Metropolitano, que fuimos subcampeones y en el Nacional, donde ganamos el título con aquel famoso partido en Córdoba. Me hicieron solamente ocho goles. Tuve la valla menos vencida junto con Fillol.

Rigante fue el arquero titular en aquella final del Nacional 1977 frente a Talleres, que se recuerda como una de las grandes hazañas de Independiente y de todo el fútbol argentino. En el partido de ida, igualaron 1-1 en Avellaneda, y los cordobeses eran favoritos en la revancha, con un equipo plagado de figuras como Luis Galván, Luis Ludueña y José Daniel Valencia. Todo estaba preparado para el festejo en Barrio Jardín, sobre todo después de que el local se pusiera 2-1 con un polémico gol de Boccanelli. Los jugadores de Independiente, con Rigante a la cabeza, protestaron una mano del delantero y el árbitro Roberto Barreiro expulsó a Enzo Trossero, Rubén Galván y Omar Larrosa, dejando a Independiente con ocho hombres. Los dirigidos por Pastoriza amagaron con irse de la cancha, pero tras algunos minutos, y empujados por su director técnico, regresaron y alcanzaron el milagroso empate por medio de Bochini, que coronó una gran pared con los ingresados Daniel Bertoni y Mariano Biondi. Los dos goles de visitante le dieron el campeonato a Independiente, que tuvo a Rigante sosteniendo el empate hasta el último minuto.

“Fue algo impresionante. Era toda gente de Talleres. Apenas había unos hinchas de Independiente que se metieron de prepo en una de las tribunas. Fue terrible como arreglaron ese partido. Estaba todo listo para que ganara Talleres y para que Nuccetelli, que era el presidente de Talleres, agarrara la AFA después. Era todo político, arreglos de los militares. Pero bueno, que le vas a hacer, les salió el tiro por la culata.

-¿Tan evidente fue la forma en que los perjudicó el árbitro?

– La pelota iba para arriba, saltaban dos y cobraba para ellos. Era así. Barreiro, que fue el árbitro que nos dirigió en ese partido, desapareció del mapa, no dirigió nunca más. Me hizo acordar a Brazenas, el que dirigió esa final de Vélez y Huracán y después de eso no apareció más en una cancha. En ese tiempo se veían cosas increíbles. Me acuerdo de la final con Tucumán, en el Campeonato Argentino, también nos robaron.

– Pastoriza fue importante en esa final.

– El Pato era un motivador espectacular. Sabía lo que le tenía que decir a cada uno. Sabía a quién putear, a quién alentar. Porque a todos los jugadores no se les habla igual. Él sabía cómo manejar a cada uno. Y después había otras cosas que te motivaban, como los asados de los viernes. Eran un espectáculo, aparecía un tipo con el bandoneón, otro con una guitarra, después venía un grupo de folklore, había imitadores. La pasábamos bárbaro. Jugábamos domingo y miércoles, por la Libertadores, pero la pasábamos genial. Siempre concentrábamos en el Palace Hotel de Constitución y de ahí nos movíamos para todos lados. Era una época muy linda esa en Independiente.

– Había otra bohemia, otros códigos con lo que pasaba afuera de la cancha.

– En esa época los jugadores estaban de moda. Venía el Mundial del 78 y nosotros éramos como estrellas. Íbamos al teatro de revistas, al cine, a ver tango, te invitaban a todos lados. Éramos como una especie de vedettes. Estábamos a nuestras anchas, todas las noches había algo para hacer.

– Eras de los que disfrutabas las salidas nocturnas

– En ese tiempo no había celular. Venía uno y decía que lo había visto a Rigante en un boliche, que estaba con fulanita de tal. Pero vos lo negabas y entonces no pasaba nada. Ahora te escrachan con los celulares en todos lados, la cibernética avanzó y te tenés que comer muchos garrones. Yo me salvé por eso, si no iba preso como loco. Había más códigos, se respetaba muchísimo. Mientras rindieras en la cancha, eras un genio. Ahí eras jugador, más te cuidabas, más rendías. Pero después afuera era problema tuyo lo que hacías.
– Aparecías mucho en las revistas de espectáculos.

– Si, me divertía. Estuve 14 años en pareja con Ruth Durante, una cantante de tangos muy reconocida, y nunca me jugó en contra. Todo lo contrario. Eso sí, en la cancha te gritaban de todo. En Buenos Aires, en la época que yo jugaba, había boliches de lunes a domingo, pero bueno, no pasaba de algún comentario que había sobre vos, porque no había teléfonos. Era la palabra del otro contra la mía. Pero la verdad es que yo salía todas las noches.

– ¿Alguna vez te jugó en contra eso?

– Una vez fui con Independiente a jugar a Tandil y Pastoriza me dejó en el banco. Habíamos hecho la pretemporada en Necochea y me escapé para ir a bailar a Rimini. Así que nos dejó de suplentes a Trossero, a Arrieta y a mí. Era una noche de disfraces y no me la podía perder. Rimini era el mejor boliche de Necochea, era espectacular, y en ese momento también se inauguró el casino, que tenía una araña impresionante. Todos iban al casino, como pasa ahora. Hay que tener un poquito de cuidado y de cordura, porque si no podés hacer un desastre.

 

Conociendo al Diego

 

La exitosa etapa en Independiente se cerró en 1979, y se abrió la puerta de un Argentinos Juniors que se jactaba de tener a la gran joya del fútbol argentino.

“Me pelee con Grondona, Argentinos me pidió y pasamos con Arrieta como parte de pago del pase de Fren a Independiente”, explica Rigante sobre su llegada a La Paternal.

“Cuando llegué en el 79, el Diego ya había debutado y ya se hablaban maravillas de él. Fuimos a Japón, a Sudáfrica, jugamos contra Barcelona. Todos los amistosos los hacía Argentinos por Maradona y cobraba muy buena guita. Casi conozco el mundo gracias a ese chico”

– Ya mostraba esa personalidad en la época de Argentinos Juniors

– Mandaba él. Jugaban los amigos de él. Era una personalidad totalmente distinta a la de Bochini. Acá estoy yo, dámela a mí, jugá así como digo yo. Una personalidad tremenda desde que arrancó. Un fenómeno, y no tenía ni 20 años.

 

Maradona, Boca y las ranas

 

“En 1980 me voy a Huracán. Ahí jugué con unos nenes bárbaros:  Brindisi, Avallay, Sanabria, Houseman, Babington. Llegué con el pase en mi poder porque Argentinos nunca me pagó nada. Lo único que cobraba eran los amistosos que jugábamos gracias a Diego. Todas las semanas afuera para recaudar con los partidos.

– ¿Y cómo aparece Boca en tu camino?

En Huracán jugué bien y la comisión me mandó un telegrama para comprarme el pase. Pero a la semana intervinieron el club y cuando voy a hablar me dicen que no me van a respetar el contrato. Entonces les dije que prefería irme. A los pocos días suena el teléfono y es el Diego.

– Che Roberto, ¿querés ir a jugar a Boca?

– ¿Me estás jodiendo?

– Te estoy preguntando en serio. ¿Cómo estás ahí en Huracán?

-Estoy por rescindir el contrato.

-Bueno, quédate ahí en tu casa que te va a llamar Silvio (Marzolini) y después nos vamos a comer unas ranas.

Al Diego le gustaba comer ranas con vinito San Felipe blanco.

– ¿Cómo fue ese cambio sorpresivo de rumbo?

– Llegar a Boca fue lo máximo, no sabés lo que era. Entrabas al vestuario y parecía que entrabas a la Casa Blanca. Tenías todo preparado, con el té, con el cafecito, el mate, la facturita. La ropa preparada en un canastito, el casillero que te pertenecía. Tus vendas, tus medias, todo preparadito. Esas cosas no se veían en otros clubes.

– Y la repercusión era otra.

– Claro. Yo de Argentinos fui a Huracán, llegué a Tandil y no me daba bolilla casi nadie. Cuando pasé a Boca, a la semana y media fui al Ideal y no podía tomar el café porque todo el mundo venía a pedirme fotos, a preguntarme como era el club. Boca es Boca. Como River. Una dimensión distinta. Es la mitad más uno y te lo hace notar la gente.

– Pero no pudiste hacerte un lugar en el equipo.

– Cuando llegó Diego a Boca, Gatti no quería atajar. Antes se hacían los partidos amistosos y era: Boca solo, una cifra; Boca con Gatti, otra cifra. Ahora estaba Maradona y era: Boca solo, tanto; Boca con Diego, tanto. Así que el Loco estaba celoso y se retobó.
Empezó a atajar “Tenazas” Rodríguez, que no era un gran arquero, pero el equipo ganaba, y el equipo que gana no se toca. Y Boca salió campeón así. Yo jugué un solo partido, Boca-Estudiantes por el Nacional 81. En el primer tiempo choqué con Trama y me mandó al Bazterrica, con conmoción cerebral.  En ese equipo la rompió Miguelito Brindisi, más allá de que se hablaba mucho de Maradona. Llegó a Boca desde Huracán, junto conmigo y con Pasucci.

La etapa en Boca, que se coronó con el título en el Metropolitano del 81, se cerró rápidamente para Rigante, que tuvo pasos fugaces por Platense y Tigre, antes de recalar en Quilmes, en el 84: “Querían formar un equipo con figuras para subir a primera. Estaban “Banana” Carra, el “Topo” Irigoyen. Me fue más o menos. Al principio era todas las luces y después la persona que bancaba todo se abrió y no quedó “money” para mantener a la troupe que había armado. Y se fue todo al diablo. Pero tuvimos algunos partidos buenos, le ganamos al Racing de Brindisi, que estaba el la B, en cancha de Quilmes.

 

Un regreso fugaz a Tandil

 

“Cuando dejé el futbol me fui a España, pensando en arrancar algún negocio allá, pero al poco tiempo mi vieja se enfermó, así que me volví y me la traje a vivir conmigo a Buenos Aires. En España jugué algunos partidos de fútbol sala, estaba lleno de brasileños y pagaban bastante bien, pero fue más un pasatiempo”, cuenta Rigante, que en 1989 tuvo un efímero regreso a Tandil y a Santamarina, para jugar un par de partidos del torneo Preparación de aquel año.

“Fue para darle una mano a “Yiyo” Conte. Jugué un par de partidos nada más. Eran todos pibes del club, no estaba gastando plata Santamarina para traer gente de afuera. Vivía en Buenos Aires y viajaba los fines de semana. Paraba en el hotel del “Negro” Conti (el Torino). Santamarina ya estaba con muchos problemas económicos y al poco tiempo se vino a pique.

– ¿Qué clase de arquero eras?

– No jugaba mucho con las piernas. Por ahí ahora sería un desastre, pero atajando era bueno eh. Más de uno que hay ahora no me ata ni los cordones. Hay arqueros buenos, pero la mayoría mueren abajo de los tres palos. Buenos salidores, casi ninguno. De ahora me gustan Andrada y el pibe que era de Estudiantes, Rulli.

-¿Siempre te dijeron “Loco”?

– Los apodos que te pone la gente, por algo te los pone. Me conocen así y me quieren así. Pero creo que para jugar al arco tenés que tener una personalidad definida, especial. Si no, sos un fracaso en puerta. Es individualista el arquero, porque no tiene quien lo salve. La pierde el 9, la agarra el 5. La pierde el 8, la agarra el 6, la pierde el 6, corta el 2, y si la pierden ellos queda el arquero. Pero si el arquero falla es gol. Vos podés atajar bien 89 minutos, pero si te mandás una macana es gol y nadie se acuerda.

– ¿Te hubiera gustado jugar más en Tandil?

– Claro que sí. Me encanta esta ciudad. Todos los años paso antes de seguir viaje para las vacaciones, tengo familia y amigos. Me hubiera gustado jugar más en Tandil, pero bueno, pasó el tren para venir a jugar a Buenos Aires y me subí. Era una gran oportunidad que no podía desaprovechar y por surte me fue bien.

– ¿En los 70 se jugaba en buen nivel?

– Iban los jugadores que quedaban libres o que estaban en las Terceras de los equipos de Buenos Aires. Y en Tandil hacían diferencia en ese tiempo. Estaban el “Mono” Allende, un jugadorazo, Lescano, el “Puchi” Mendoza. Pero en Tandil también había jugadores de primera. El “Beto” Alonso era un marcador extraordinario, era un perro de presa. Jugué mucho en la selección con él. Otro era el Nato Varales, un delantero bárbaro.

 

 

 

 

 

 

Nota proporcionada por :

  • ElEcodeTandil

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