Estrellas de colores

Durante noches con cielos limpios, en donde la contaminación lumínica de la ciudad o la nubosidad no afecten en gran manera, aquellos que gocen de buena vista (¡benditos sean!) podrán apreciar no solo una gran cantidad de estrellas sino también ciertos colores en las mismas. Estos colores están determinados por las temperaturas que poseen en su superficie.

Las estrellas son básicamente como inmensas ollas a presión. En su interior, y con temperaturas del orden de los millones de grados centígrados (o Kelvin, otra escala que usualmente se emplea en astronomía) los átomos se fusionan (fusión nuclear) generando nuevos elementos, convirtiendo los hornos estelares en increíbles y literales máquinas de alquimia. Esa conversión de elementos unos en otros, produce una gran presión interna la cual intenta expulsar la materia estelar hacia el espacio.

A su vez, la misma gravedad del astro hace que la materia intente colapsar sobre sí misma. En definitiva, la estrella continuamente se encuentra bajo un equilibrio (“hidrostático”) en el cual dos fuerzas se encuentran compitiendo entre sí: la presión interna que trata de desintegrar a la estrella, y la externa en sentido inverso. Durante la etapa normal de vida de una estrella, esta se encuentra desarrollando su actividad nuclear a partir de este equilibrio.

Ahora bien, mientras la fusión nuclear en su interior se desarrolla a millones de grados, en la superficie no superan, como mucho, los 50.000°. Y es precisamente esta temperatura, la superficial, la que le otorga el color que observamos. Vale entonces preguntarnos, ¿por qué el Sol es de color amarillo? La respuesta se encuentra en los 6.000° que posee en sus capas superficiales. Por ende, si nuestra buena vista logra detectar estrellas con distintos colores, pues bien, no estaremos haciendo otra cosa que observar estrellas con distintas temperaturas.

Pensemos en el eficaz y simple experimento de encender un fósforo. El color que observamos exactamente en la base de la llama, sobre el palillo, seguramente será azulado, mientras que la parte superior de la llama estará caracterizada por el amarillo anaranjado. ¿Por qué? Sencillamente por la diferencia de temperatura. Sobre el palillo se alcanza una temperatura mayor a la existente en la parte superior.

Una de las zonas del cielo en donde podemos fácilmente disfrutar de estrellas con diferentes colores es ni más ni menos que la famosa constelación de Orión, el cazador. Siendo una de las más reconocidas en el mundo (la de las “Tres Marías”) dos de las estrellas más brillantes de Orión son Rigel y Betelgeuse. La primera de ellas es una supergigante azul, con temperaturas del orden de los 11.500°. Por su parte, Betelgeuse es algo más fría que Rigel, contando con unos 3.500° sobre su “piel”. Esto hace que cuando observes a las Tres Marías desde el hemisferio sur, arriba de ellas podrás encontrar a la muy brillante y azul Rigel, mientras que en el lado opuesto, debajo de nuestras famosas compañeras, estará la roja Rigel.

Así que, ya sabés, cuando observes distintos colores en el cielo, en realidad lo que estarás apreciando serán distintas temperaturas, algo que los astrónomos ya han naturalizado. Habrás prestado atención que estuvimos refiriéndonos a estrellas supergigantes. Por lo tanto debe haber estrellas más pequeñas que estas. Así es, las hay de distintos tamaños. Pero esa, es otra historia.

(*) Director de Gestión Planetario Ciudad de La Plata

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