Ojos que no leen, delitos que no cesan
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Superada la etapa en que la inseguridad era una “sensación”, el nuevo paradigma instalado para explicar la escalada del delito fue que Tandil no escapa a la realidad que se vive en todo el país. Desde ese entonces, con el diagnóstico ya asumido en una ciudad que creció a un ritmo vertiginoso, se incorporaron herramientas trascendentes como la Policía de Prevención Local, la nueva Secretaría de Protección Ciudadana y la polémica Tasa de Seguridad. Ahora se aguarda la incorporación de más tecnología -unas 200 cámaras y la red de video vigilancia en la zona rural- para 2017.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailPero a pesar de estas medidas, los robos no cesan. Y son muchos más de los que se difunden a través de los medios de comunicación. Los partes oficiales de la Policía Distrital no incluyen ni el 10 por ciento de los delitos que se denuncian.
En 2015, tramitaron en la fiscalía 4.800 causas penales que, divididas por los 365 días, arrojan más de 13 denuncias diarias. En 2016, el Poder Judicial espera alcanzar las 5.500 causas. Ergo, recibe un promedio de 15 denuncias por día. ¿Cuántas corresponderán a arrebatos, hurtos, robos o asaltos? La primera conclusión salta a la vista: se registran muchos más delitos de los que difunden los medios y de los que informan o confirman las fuerzas de seguridad.
Ayer, una cadena de heladerías sufrió un asalto en su local de avenida Avellaneda. Entre la indignación y el pánico, los dueños y los empleados solicitaban que la noticia no se publicara. Y en el fragor de argumentar las razones, soltaron que esta semana habían padecido tres robos a mano armada en distintas bocas de expendio. Incluso, aseveraron que no les convenía que se conozca la información porque los conceptuaría como un blanco fácil y contribuiría a atraer a más delincuentes.
No hace tanto, muchos damnificados venían -lo siguen haciendo- a esta Redacción a contar que el delito los había golpeado, pedían dar a conocer su caso y reclamaban desde estas páginas a las autoridades que tomaran cartas en el asunto. Pero de repente, a las víctimas no les conviene que la comunidad sepa que en Tandil hay robos.
¿Quién se beneficia más cuando se silencian las voces de los contribuyentes? Lo que se comenta de boca en boca lo saben con certeza solo algunos pocos. Luego, el hecho fáctico se transforma en rumor a medida que sale del círculo de familiares, amigos y allegados de la víctima. En cambio, si se hacen eco los medios, la información se legitima y se masifica al mismo tiempo. Incluso, trasciende la frontera de estas sierras a través de internet.
¿A quién le conviene que los robos y asaltos no se publiquen en los diarios y los portales, no se comenten en las radios ni salgan por televisión? La policía llevará sus estadísticas, pero las desconocemos. Y ante cada reclamo vecinal, los funcionarios a cargo de la seguridad se jactan de que el número de hechos delictivos no ha variado en los últimos años. Sin embargo, desde la fiscalía ya estimaron que este año tendrán que investigar unas 700 causas más que en 2015. ¿Cómo puede ser? ¿A quién le sirve que los casos no salgan a la luz?
Si los ciudadanos entienden -o les hacen creer- que es mejor callar ante un robo, ¿cómo esperan que la Provincia asigne más recursos humanos e insumos para Tandil? ¿Con qué argumentos demandarán al Municipio que se esfuerce más a la hora de invertir los millonarios recursos de la Tasa de Protección Ciudadana? ¿Cómo le pedirán a los funcionarios que sean más efectivos y creativos a la hora de implementar políticas que contribuyan a la prevención y el desarrollo social? ¿Cuándo podrán exigir resultados concretos y palpables?
Tal vez le sirva al sector turístico ofrecer una ciudad tranquila y sin sobresaltos. Sin embargo, siempre será más productivo -y honesto- advertir a los visitantes para que tomen algunas precauciones antes que escuchar los lamentos posteriores.
La inseguridad no es culpa de los medios de comunicación. Ya claro está que tampoco es una sensación. No es un problema de fácil e inmediata solución, pero las buenas políticas ayudan a mejorar la calidad de vida en ciudades del tamaño de la nuestra.
Como contrapartida, la difusión de los robos de cualquier tipo y dimensión siempre redunda en algún beneficio para la comunidad. El coraje de las víctimas sirve para poner en alerta a los más confiados, despierta a los encargados de cuidarnos cuando tienden a quedarse dormidos y sacude a los funcionarios que le restan energía a un trance que nos acecha a todos.
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