Pablo Acosta y el desafío de tener una Justicia “más rápida y eficiente”
El letrado tandilense se refiere a distintas cualidades de su profesión.
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Por Fernando Izquierdo, de esta Redacción
fernandoizquierdo@hotmail.com
Cada 29 de agosto se celebra en Argentina el Día del Abogado en homenaje al nacimiento de Juan Bautista Alberdi, jurista y autor intelectual de la Constitución Nacional de 1853. La fecha fue establecida en 1958 por la Federación Argentina de Colegios de Abogados (FACA).
El doctor Pablo Acosta, especializado en Derecho Inmobiliario, dialogó con El Eco de Tandil sobre diversas cuestiones vinculadas a la profesión:
-¿Qué significa ser abogado en una ciudad como Tandil?
-Estar muy cerca de la gente y de sus problemas concretos. Tandil tiene una característica particular: nos conocemos, hay vínculos profesionales de muchos años y uno termina acompañando a las personas en cuestiones que muchas veces son muy importantes para sus vidas.
En mi caso, además, elegí especializarme en Derecho Inmobiliario, que tiene mucho que ver con la actividad económica de la ciudad. Detrás de una propiedad, de una compraventa, de una sucesión o de un desarrollo inmobiliario siempre hay una historia, una inversión, una familia. Y el abogado tiene que entender no solamente la cuestión jurídica, sino también esa realidad.
-¿En qué medida cambió el ejercicio de la profesión en los últimos diez años?
-Muchísimo. Primero, por la tecnología. Hoy un abogado ya no puede trabajar como trabajaba hace diez o quince años. La información está disponible permanentemente, los expedientes son digitales, las comunicaciones son inmediatas.
Pero también cambió el cliente, que llega mucho más informado, consulta, busca, compara. Y eso nos obliga a tener una formación mucho más amplia.
Creo que, hoy, ser abogado no es solamente saber Derecho. Hay que saber gestionar, comunicarse, utilizar herramientas tecnológicas y, fundamentalmente, entender qué necesita realmente el cliente.
-¿Qué es lo más difícil de ser abogado en la Argentina de hoy?
-Creo que una de las cosas más difíciles es trabajar con incertidumbre. Incertidumbre económica, cambios legislativos, cambios en los criterios judiciales y, muchas veces, procesos que llevan demasiado tiempo.
Y hay algo más: el abogado trabaja con los problemas de otras personas. Cuando alguien viene al estudio porque tiene un conflicto familiar, una propiedad en discusión o una sucesión, no está trayendo solamente un expediente. Está trayendo una preocupación.
Por eso creo que una parte muy importante de nuestra profesión es saber escuchar.
-¿Cómo cree que ve la gente a los abogados?
-Hay una mirada bastante contradictoria. Por un lado, existe cierta desconfianza hacia los abogados. Pero cuando una persona tiene un problema serio, busca inmediatamente a un abogado.
Y eso también es responsabilidad nuestra. Tenemos que recuperar y fortalecer la confianza. Ser claros, explicar las cosas en un lenguaje que el cliente pueda entender y no generar falsas expectativas.
-¿Qué le diría a un joven que está por empezar la carrera de Derecho?
-Que estudie. Que lea mucho. Que no se quede solamente con lo que le enseñan en la facultad.
Y que tenga paciencia. El Derecho es una profesión que se construye con los años. La experiencia no se compra y tampoco se puede acelerar demasiado.
Y, sobre todo, que encuentre un área que realmente le interese.
-¿Cuál es la rama del Derecho que más lo interpela hoy?
-Sin ninguna duda, el Derecho Inmobiliario. Es el área en la que más me he desarrollado y en la que hoy concentro gran parte de mi actividad profesional.
Me interesa porque es un Derecho muy concreto. Tiene que ver con propiedades, contratos, compraventas, sucesiones, desarrollos, inversiones, conflictos entre propietarios. Y además tiene una relación muy fuerte con otras ramas del Derecho.
Me gusta esa combinación entre el conocimiento jurídico y la realidad económica y patrimonial de las personas.
-¿Por qué eligió especializarse en Derecho Inmobiliario?
-Se fue dando con el ejercicio profesional. Uno empieza trabajando en distintas áreas y, con el tiempo, descubre dónde puede aportar más.
En mi caso fui encontrando en el Derecho Inmobiliario un campo enorme para desarrollar. Y, además, tengo una formación vinculada al ámbito inmobiliario y registral que me permitió profundizar esa especialización.
Hoy creo que la especialización es fundamental. Ya no alcanza con decir “soy abogado”. Hay que poder decir qué problema jurídico uno sabe resolver particularmente bien.
-¿Qué particularidades tiene ejercer el Derecho Inmobiliario en una ciudad como Tandil?
-Tandil tiene una actividad inmobiliaria muy importante y además tiene una característica que a mí me resulta muy interesante: combina una ciudad que crece con una comunidad donde los vínculos personales siguen teniendo mucho peso.
Hay operaciones inmobiliarias, desarrollos, alquileres, sucesiones, conflictos de propiedad, cuestiones de medianería, condominios. Y muchas veces los problemas jurídicos aparecen cuando las cosas no fueron correctamente planificadas desde el principio.
Por eso creo que en Derecho Inmobiliario es fundamental trabajar antes de que aparezca el conflicto. El mejor abogado muchas veces es el que evita que el problema ocurra.
-¿La Justicia llega tarde?
-Muchas veces, sí. Y cuando la Justicia llega tarde, en algunos casos deja de ser una solución efectiva.
Hay procesos que, por su propia naturaleza, necesitan tiempo, pero también hay situaciones en las que el paso del tiempo termina agravando el conflicto.
Creo que uno de los grandes desafíos es lograr una Justicia más rápida, pero también más eficiente. No se trata solamente de resolver rápido; hay que resolver bien y en un tiempo razonable.
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-¿Qué es lo que más lo frustra del sistema judicial actual?
-Cuando el sistema pierde de vista que detrás de cada expediente hay una persona.
A veces el expediente se transforma en un número, en un trámite, y se pierde de vista el problema concreto que llevó a esa persona a recurrir a la Justicia.
Y también me preocupa la cantidad de tiempo y energía que muchas veces demanda resolver cuestiones que podrían haberse evitado con una buena prevención jurídica.
-¿Qué le gustaría que cambie en la Justicia en los próximos años?
-Me gustaría una Justicia más rápida, más sencilla y más cercana.
Tenemos que aprovechar mucho más la tecnología, pero sin creer que digitalizar un expediente significa necesariamente modernizar la Justicia.
La verdadera transformación es que el ciudadano pueda obtener una respuesta adecuada en un tiempo razonable y pueda entender qué está pasando con su problema.
-¿Hay un caso que lo haya marcado como profesional y como persona?
Sí, seguramente hay varios. Pero más que un caso puntual, lo que me ha marcado son determinadas situaciones en las que uno entiende que el problema jurídico tiene una dimensión humana mucho mayor.
Por ejemplo, una sucesión puede parecer simplemente un expediente, pero para una familia significa cerrar una etapa, ordenar el patrimonio de una persona que falleció y, muchas veces, resolver conflictos que vienen de muchos años.
Eso es algo que uno aprende con la experiencia: que el abogado no trabaja solamente con normas. Trabaja con personas.
-¿Qué abogado o abogada lo inspiró a seguir esta carrera?
-Siempre hubo profesionales que uno fue tomando como referencia. Pero creo que, con los años, uno deja de tener un único modelo y empieza a rescatar cosas de distintos colegas.
Yo valoro mucho al abogado que conoce profundamente su profesión, pero que además mantiene una conducta, una forma de trabajar y un respeto por el cliente y su par, el Colega.
Al final, la verdadera inspiración profesional no está solamente en cuánto sabe un abogado, sino también en cómo ejerce.
-¿En qué áreas ejerce la docencia y qué significa para usted enseñar Derecho?
-Además del ejercicio profesional, tengo una actividad que disfruto muchísimo, que es la docencia.
Soy docente en la Universidad Tecnológica Nacional y en la Universidad Fasta. He dado materias vinculadas al Derecho Civil, Derecho Procesal y, particularmente, tengo una vinculación muy fuerte con el Derecho Inmobiliario y con la actividad profesional relacionada con el corretaje inmobiliario.
Para mí enseñar tiene algo muy especial porque te obliga a estudiar permanentemente. Cuando tenés que explicar un tema frente a un alumno, descubrís si realmente lo entendiste.
Y además hay algo que me gusta mucho: poder transmitirles a los estudiantes no solamente la teoría, sino también lo que uno aprende ejerciendo la profesión todos los días.
-¿Disfruta más el ejercicio de la profesión o la docencia?
Es difícil elegir porque son dos cosas diferentes.
La profesión tiene el desafío de resolver problemas concretos. Y en el Derecho Inmobiliario muchas veces estamos hablando del patrimonio más importante que tiene una persona.
La docencia tiene otra satisfacción: formar a alguien que mañana va a ser profesional.
Si tuviera que definirlo de alguna manera, diría que la profesión me obliga a resolver problemas y la docencia me obliga a seguir aprendiendo. Y creo que por eso disfruto de las dos.
-Si tuviera que definir la importancia de un abogado en una sola frase, ¿qué diría?
-Que un buen abogado no solamente aparece cuando existe un conflicto; muchas veces su verdadero valor está en evitar que ese conflicto ocurra. Después de tantos años de profesión, sigo creyendo que ejercer el Derecho es, fundamentalmente, ayudar a una persona a tomar una buena decisión cuando está frente a un problema.