Pasa por el diván Carlos Alberto Martin
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-Mire cómo lo llaman en la ciudad: “El Cóppola de las Sierras”. Lo dice todo. ¿Le molesta?
-(Carcajada) ¡Me encanta! Me molesta que me hables de ‘usted’, tuteame por favor. ¿Cómo me va a molestar la comparación con Cóppola si somos una especie de la noche? Hasta me confundieron una vez, en un cabaret en Buenos Aires, ‘Black’, una chica que trabajaba –que estaba buenísima- me dijo: ‘Hola Guillo’.
-La identificación habla de una vida entregada al placer.
-Sí, a la joda.
-¿Y no te preocupa? ¡Coincide con lo que el imaginario de la ciudad piensa de vos!
-(Muy tranquilo) Coincide, sí. La historia arranca cuando yo tenía 28 años, con un accidente en el que murió mi primera esposa y una pareja que eran mis mejores amigos. Me casé joven, estábamos en Brasil y un coche me chocó, me mandó en contramano y un Scania nos pasó por arriba. Murieron los tres en el acto.
-¿A vos no te pasó nada?
-Ni un rasguño. Increíble. Pero tuve que regresar con los tres muertos. Eran tan jóvenes… no vivieron nada. Ahí cambió todo y cada cosa que hice fue para que disfruten ellos. Ya sé, es algo de locos -lo hablé con mi psicóloga- pero lo llevo a cuestas así: en cualquier momento se termina todo y yo me quedé para hacerlos disfrutar. Quedé solo, compré una Kawasaki 1000 e iba de Buenos Aires a Mar del Plata, de boliche en boliche, acostándome a la madrugada.
-Ahora vestís como un jovencito, tu esposa tiene 25 años menos, amás la música electrónica. ¿Sabés de qué estás cerca?
-Sí, del ridículo, pero no me importa, eso le pasa a la gente con prejuicio. Si sos auténtico no te afecta porque sabés que peor es que todos se pongan el swetercito azul. Yo prefiero vestirme como un pende… a los 63 años y no andar con camisita y botoncitos de Legacy o Cardón. No me las pondría nunca. Ridículo es eso.
-¿Con cuántas mujeres estuviste?
-Más de 400. A un promedio de dos o tres por semana… Ahora voy por el cuarto matrimonio -nunca salí con una mayor de 40 años- y ya no me queda familia en Tandil así que mi objetivo es vender el hotel.
-Otro rasgo más de la vida ligada al placer -en este caso el sexual- porque el hotel, digámoslo: es un telo.
-(Carcajada) Sí. Ese fue el negocio que siempre me propuse para tener el tiempo libre.
-Y vaya si la pegaste: tuviste tiempo libre y plata.
-Ja, ja, sí, la pegué con eso, pero me aconsejaron, en realidad.
-Por las dudas hablás de hotel y no de hotel alojamiento…
-Sí, pero si todo el mundo sabe, no me da vergüenza. Me ha pasado en el Golf, con médicos, que no quieren jugar conmigo porque tengo un telo, ¡están locos! Como si me dedicara a la corrupción infantil.
-Es una locura discriminar pero reconocerás que es otro lugar donde el afecto brilla por su ausencia.
-¿Y vos sabés que yo creo que muchos de los que van de trampa están mucho más enamorados que gente que está casada? Si tenés una relación paralela durante mucho tiempo tiene que ser por amor. ¿El telo es un lugar desolado? Para mí sólo lo es cuando querés rellenar tus vacíos con una relación frívola. Ahí sí.
-¿Fracasaste alguna vez?
-Sí, fracasé un montón. Cada vez que me divorciaba era un fracaso, me dolía, iba al psicólogo, lloraba. Tuve todo tipo de fracasos. (Riéndose) ¡Todos tenemos fracasos y cuernos!
-¿Te molesta el paso del tiempo?
-Claro, me jode, por supuesto
-Pero te mostrás siempre contento, feliz. Si eso es sincero, ¿tenés una fórmula?
-Hay que separarse cuando no va más, no tratar de arreglar una relación que está muerta, que no tiene sentido; sufrir lo que hay que sufrir y arrancar de nuevo otra relación. Eso es todo.
-Y el hombre de la eterna juventud asume que todo se termina.
-Sí, sé que se corta y que para hacer lo que me apasiona de verdad –navegar, bucear- sólo me quedan 15 años. Y yo no sé cuál es la solución de la existencia, pero aspiro a llegar a la vejez y tener lindos recuerdos, y no ‘uh, dejé pasar esto, aquello, no me jugué, me quedé con las ganas…’ y también sé que hay que ser un buen tipo, porque no tiene nada que ver que seas de la noche, jodón, con no tener corazón. La bondad va por otro lado. u
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Lágrimas en la madrugada
De ancestros galeses, “Charly” Martin nació en Capital Federal hace 63 años, disfruta de las mieles de un nuevo matrimonio (el cuarto) con una chica 25 años menor, Sarita Ramírez, y sueña continuar sus días en Lanzarote (Canarias, España) junto a su hijo y su nieto de ocho años, “estar todo el día en la playa con él, en ojotas, navegar, bucear, hacer wind surf…”.
Esa será la próxima estación de un amante de la buena vida que, no obstante, jura haber conocido lo que es el trabajo. Sobre todo cuando a principios de los 80 partió rumbo a España (donde se quedó una década) con sólo tres mil dólares y logró, diseño de ropa y la marca propia “Undici” mediante, hacerse, al cabo de pocos años, de un departamento, una casa y facturar alrededor de medio millón de dólares en ciertas temporadas.
“Me iba a ver todos los desfiles a París, después compraba los modelos que me gustaban y las telas en Barcelona, volvía sin dormir a Madrid y me ponía a hacer la colección para vender. Laburaba muchísimo –asegura- era una vida muy, muy sacrificada porque yo mismo era el diseñador, yo hacía los cortes, iba a las costureras, compraba los cierres, los botones, todo”.
Por entonces comenzó a frecuentar el mundo del glamour -hoy se lo puede ver seguido por las calles de Tandil junto a Patricio Giménez, hermano de Susana- y hasta se dio el lujo de cumplir el sueño del pibe: ser el propietario de una agencia de modelos en Madrid, “Pink Elefant”, que colaboraba con Pancho Doto.
Calaveras ambos, con Doto no tardó en generarse una fuerte amistad y ahí comprendió que el dolor tampoco repara en fama ni en dinero. Fue en ese tiempo que se le hizo carne la frase “fracasos y cuernos tenemos todos”.
“Doto era un playboy que elegía la que quería, pero cuando se separó de Dolores Barreiro sufría muchísimo –recuerda-. Me llamaba a las tres de la mañana porque la había visto con Matías Camisani y llorando me decía que él seguía enamorado, que se acordaba de cuando habían ido a Nueva York y eran felices andando en limusina y que ahora sólo sufría como un loco”.
-La noche también tiene sus lágrimas.
-Y sí, claro, pero lo importante no es ser jodido ni insensible, lo importante es tener afectos. Yo me quedo con esos, gente divina que también conocí en la noche, gente como Sandra Maqueira, David Marcassó o ‘Ripu’ Zubeldía, sensibles, gente con corazón. u
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