Pasa por el diván Daniel Romeo: “No voy a parar hasta ver a Santamarina en primera”
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Mientras evalúa una oferta de Arabia, el Técnico que llevó al aurinegro a la máxima categoría dice que no bajará los brazos hasta verlo nuevamente allí
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Accedé a las últimas noticias desde tu email-Manager de Estudiantes de La Plata hasta 2012. ¿Y ahora?, ¿reposo?
-No, para nada. Estoy disfrutando, le dedico tiempo a mis hijos, la familia. Pero el fútbol siempre llama. Tengo una oferta de Arabia pero no sé, uno siempre está pensando que va a tener revanchas pero la vida lo que no te da es tiempo.
-Hablando de revancha, Santamarina estuvo cerca pero no llegó a primera. La gloria sigue siendo suya.
-Una lástima, porque históricamente nunca más va a haber una oportunidad semejante, ¡diez ascensos! Yo tenía ganas de involucrarme –y no pasaba por la plata, lo aseguro- y veía que la oportunidad se perdía y estoy seguro de que se podría haber llegado. Pero bueno, a mí me asocian con Santamarina, por aquella campaña.
-Que tuvo el apoyo de toda la ciudad. En esta tal ocasión estuvo la famosa grieta de la política, ¿no?
-Hay que estar por encima de esas cosas. También escuché que se decía que yo no me iba a meter porque la política está en el medio y no es así, hay que hacer a un lado las diferencias, la gente que está o que no. Si te sentás a hablar, el común denominador va a ser el fútbol y ahí seguro se pueden hacer cosas. Nunca es tarde.
-¿Le sigue doliendo aquella lesión que le cortó la carrera cuando era crack del fútbol argentino?
-Hay noches que me despierto y la estoy parando de pecho en la mitad de la cancha de Estudiantes, de verdad. A los 18 ya había jugado dos finales del Mundo y a los 23 la rodilla me jugó la mala pasada. Me hubiese gustado seguir: era capitán, tenía un nombre, estaba bien en Estudiantes, me había pedido River. Sí, hay cosas que quedaron pendientes. Pero lo que le dije: siempre te quedás sin tiempo.
-Tampoco se puede quejar, fue exitoso en todo lo que emprendió.
-Sí, pero nadie me regaló nada, todo me costó un huevo. Por otro lado todos me dicen “qué mala suerte tuviste con la rodilla” pero Dios me marcó así y le agradezco todas las cosas que me dio.
-Se lo decía por la queja del tiempo. ¿O será que Romeo es muy bilardista y quiere ganar como sea?
-(Carcajada)
-Acaso la vida no sea bilardista.
-No, es verdad, tiene razón. Y usted dirá que esa es una filosofía egoísta pero yo crecí con Bilardo y esa gente me enseñó y me marcó cosas que fueron reales, no verso. Otros me marcaron cosas que pasaron al olvido.
-Habría que ver si en la cotidianeidad sirve jugar siempre a la defensiva.
-(Sonriendo) Hay que arriesgar, es verdad. Pero a Estudiantes se lo criticaba mucho –y se lo sigue criticando- porque lo único que le importaba era ganar pero cuando usted lleva a su hijo al médico y le dice “cúremelo” no espera que le digan: “no, bueno, vamos a ver…” ¡No! Usted le está exigiendo ganar, le está exigiendo una respuesta. Hoy es así.
-Filosóficamente estaban adelantados entonces.
-¡Súper adelantados!, ¡súper ! Ahora todos -todos, eh- dicen “si jugamos bien o mal no importa, hay que ganar”, y yo digo ¡Pero pu…madre!, ¡hace 40 años que nosotros estamos con eso!
-Mire qué contradicción: quien conoce a los Romeo sabe que no hacen trampa para ser exitosos.
-Ja,ja,ja, pero no digo hacer trampas, digo trabajar, mucho. ¿Cómo hicimos para llegar a primera en Santamarina? Trabajando. Al que venía al grupo y no hacía las cosas como decíamos, lo rajábamos. Por eso me duele y no me voy a quedar tranquilo hasta ver a Santamarina en primera. Se lo merece el pueblo.
-¿Rescata algo del menottismo?
-De todos se aprende algo. Pero me da bronca, porque uno conoce a colegas y jugadores: había mucho verso. No seamos bol… A mis hijos les digo que no se embriaguen con todo lo que viene tan fácil, nadie te regala nada, todo te lo tenés que ganar. Está muy, muy lindo eso de la hidalguía, el honor en la derrota pero, ¿sabe qué? Hay que acostumbrarse a ganar, no a perder. Y no hay que esperar que sea suerte sino esfuerzo.
-En la calle debe ser reconocido, pero con ese discurso no serviría para político.
-No es mi fuerte. Soy intuitivo, frontal, digo lo que no me gusta. Una vez en Arabia, faltando dos partidos para terminar el torneo le cerré la puerta del vestuario al príncipe, el dueño del club, y me tuve que ir. Siempre me costó, porque siempre fijé una posición, pero también me duele que hoy o estás de un lado o de otro.
-¿La misma grieta que en el fútbol?
-En el fútbol ya no hay menottistas, bilardistas, bielsistas, hoy los pibes que dirigen no se casan con ninguno y te dicen “tengo esto de Bilardo, me gusta aquello de Menotti y de fulano”.
-Evidentemente quiere regresar a Santamarina, pero: ¿no es muy caro?
-No. No pasa por la plata. Jamás fue problema de plata. Nadie me dijo de volver, ni me tentaron diciéndome: “Daniel, queremos que usted dirija”. En su momento Santamarina me quitaba el sueño, hubo charlas con gente de la dirigencia, pero no pasó más que eso. Una lástima.
La ley del mayor esfuerzo
Dos emisarios de Daniel Romeo -Facundo De la Piedra y Purry Armendariz- indagan por estos días en Arabia Saudita las conveniencias de aceptar o no ofertas para que el técnico tandilense dirija allá. Una habla de conducir la Selección Sub 23 en los Olímpicos. Otra, al club Hilal, el Boca Juniors de allá.
Y las cifras por supuesto son muy tentadoras, pero las expresiones de Romeo resultan inequívocas: su sueño está cerca, acá nomás, en Tandil y es Santamarina. Y su desvelo consiste en repetir la hazaña lograda hace 30 años cuando forzó la participación del aurinegro en un torneo de primera división.
A los 64 años y con un frondoso pasado como técnico en Arabia (dirigió la Sub 20 y fue campeón con el club Al- Shabab), Francia, Suiza, Guatemala (con Bilardo y Manera) y como manager en Estudiantes de La Plata hasta hace dos años, su propuesta es la de siempre: disciplina y trabajo.
“Con esfuerzo se puede llegar –asegura-. Con esfuerzo, con gente capaz en el plantel y con dirigentes capaces”, agrega. Para graficar su esquema, recuerda una anécdota del Santamarina que se preparaba para debutar en el Nacional 1985.
“Como refuerzo había llegado un jugador muy, muy importante. El mejor pago que había venido al club. Y en el primer entrenamiento nomás se pelea a trompadas con el Colorado Gauna. El tipo ya había arreglado con Memo Depietri (presidente de Santamarina por entonces) y entonces lo llamé y le dije “vos de acá te vas”. Y me responde: “no, porque yo ya arreglé”. –No –lo corté enseguida- acá el que arregla soy yo. Te vas-.
Lo busqué a Depietri y le dije “a éste no lo quiero más”. Y era pesado eh, una figura, pero eso es lo que valoré de Depietri, porque yo sé que no es fácil, pero si el dirigente te tiene confianza y luego de que vos le explicás el camino a recorrer, te lo respeta, las metas se pueden cumplir, sin dudas.
Ahora, cuando el dirigente cree que se las sabe todas, perdimos. El dirigente tiene que acoplarse con gente de fútbol que sepa realmente de fútbol.
-¿Y Duilio Botella es un buen técnico?
-Hoy no sabés cuál es la libretita de si es bueno o malo. Duilio es un chico que lo he tenido, ha hecho el curso de técnico, y es capaz y tiene sus principios, pero a veces necesitás jugadores y suerte. Creo que trabaja muy bien.
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