Son mucho más que dos

Te propongo que pienses en esta frase: “Los movimientos de la Tierra”. Pensalo durante un par de segundos antes de continuar con esta lectura. ¿Ya lo hiciste? Afirmo casi con seguridad que imaginaste tanto el movimiento de rotación como el de traslación.

El primero de ellos, ejecutado por nuestro planeta alrededor de un eje imaginario, es el causante de la sucesión del día y la noche, mientras que el segundo, alrededor del Sol, produce lo que denominamos año. Esto es lo que hemos leído en muchas publicaciones, lo que aprendimos en el colegio, y lo que usualmente expresamos.

Pero siempre existen “curiosidades” en este vasto universo. Y una de ellas es la que se refiere, justamente, a los movimientos de la Tierra. A sus verdaderos movimientos. ¿A qué nos referimos?

Desde ya vale mencionar que los dos primeros mencionados valen como tales. La cuestión aquí es que la rotación y la traslación no son los únicos movimientos de nuestra esfera azul. En otras palabras, la Tierra posee muchos más movimientos. ¿Cómo? Sí, varios de ellos, y de distinto tipo. Realicemos entonces un censo de movimientos terrestres.

Corría el siglo II A.C., y un griego que vivía en la ciudad de Nicea (hoy Turquía), además de contar con una brillante inteligencia y curiosidad por la naturaleza, poseía una admirable capacidad de observación. Estamos refiriéndonos a Hiparco (Hiparco de Nicea), quien desarrolló una amplia gama de actividades en matemática, astronomía y geografía. A Hiparco, atraído en gran medida por los cielos, se le ocurrió confeccionar un catálogo de estrellas.

Fue así que comenzó a observar un gran número de ellas, llegando a catalogar un total de 850. Se trató del primer catálogo estelar de la historia, al menos de los que se tenga registro. Como resultado de ello, y a partir de comparar la posición de las estrellas respecto a las registradas por otros observadores más antiguos, Hiparco detectó que algunas de ellas (en realidad esto ocurría con todas) habían cambiado su posición y no a causa justamente ni de la rotación ni traslación terrestre.

Este resultado extraordinario teniendo en cuenta los rudimentarios instrumentos con los que contaba Hiparco, significó el descubrimiento de un tercer movimiento llamado “precesión de los equinoccios”. Para entender este fenómeno, pensemos en un trompo. Cuando lo hacemos girar, además de rotar sobre su propio eje imaginario, el trompo realiza un segundo movimiento circular alrededor del punto en donde apoya con la superficie. Esto se debe a la fuerza de gravedad que le produce la Tierra a la parte abultada del trompo. Con la Tierra ocurre algo muy similar, siendo la parte abultada justamente la existente en su zona ecuatorial. ¿Quién realiza esa fuerza gravitatoria sobre el abultamiento ecuatorial?

Nada más ni nada menos que el Sol. ¿Y qué es lo que se obtiene? Bueno, resulta que la Tierra se comporta justamente como un trompo a medida que se traslada alrededor del Sol, en donde su eje de rotación imaginario describe un círculo completo cada unos 26.000 años aproximadamente.

Pero a no sorprenderse, ya que recién comenzamos. ¡Aún faltan más movimientos! Este movimiento del eje de rotación describiendo una especie de cono cada 26.000 años, también sufre de otro movimiento un poco más pequeño tanto en magnitud como en el tiempo en que lo realiza. Se trata de la nutación. A medida que el eje describe el cono de la precesión, es el propio eje quien sufre un pequeño “bailoteo”, una oscilación, el cual lo hace de manera completa cada unos 19 años (18,6 para ser precisos). Este movimiento se denomina nutación, y es causado por la Luna.
Vayamos sumando: rotación, traslación, precesión y nutación. Cuatro movimientos a diferencia de los dos que supimos analizar en la escuela.

¿Qué tal si agregamos un quinto movimiento? Presentemos entonces al astrónomo norteamericano Seth Carlo Chandler, quien en 1891 descubrió otro pequeño bamboleo del eje de rotación terrestre describiendo una circunferencia irregular cuyo tamaño varía entre los 3 y los 15 metros.

A esta altura ya deberíamos estar algo mareados con estos cinco movimientos. Lo interesante es que, como tripulantes de esta nave espacial llamada Tierra, tenemos más movimientos a cuestas.

Pensemos por ejemplo que nuestro sistema Solar gira alrededor del centro galáctico, y como miembros de este barrio cósmico, obviamente compartimos dicho viaje. Este movimiento el cual describe aproximadamente una circunferencia cuyo centro es la Vía Láctea (nuestra galaxia) necesita de unos 226 millones de años para dar una vuelta completa.
De hecho, la última vez que la Tierra se encontraba exactamente en este lugar de la galaxia, sobre ella caminaban los dinosaurios.

¿Demasiado baile cósmico? A no agotarse que resta algo más. La Vía Láctea pertenece a un cúmulo de galaxias (el llamado Grupo Local), dentro del cual se está desplazando hacia otra galaxia enorme: Andrómeda. A su vez, el Grupo Local forma parte del Supercúmulo de Virgo (un grupo aún mayor de galaxias). Pues bien, este supercúmulo se mueve hacia una zona de enorme atracción gravitatoria denominada el Gran Atractor.

Así que, resumiendo: los cinco movimientos “originales”, más el existente alrededor del centro de la Vía Láctea, más el que compartimos junto a ésta en el Grupo Local y hacia el Gran Atractor.

Hacemos las cuentas y nos da unos ocho movimientos. ¿Interesante, no? Son esas curiosidades que muchas veces no nos detenemos a pensar y que cambian algunas de nuestras perspectivas. Estoy seguro que desde ahora, cuando pienses en los movimientos de la Tierra (los cuales son también tuyos, por supuesto), ya no lo harás sólo en términos de rotación y traslación.

Ya que, parafraseando a Sandra Mihanovich, en su ruta cósmica, y “codo a codo”, los movimientos de nuestro planeta “son mucho más que dos”.

* Director de Gestión Planetario Ciudad de La Plata

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