Testigos privilegiados de la historia

This artist’s impression shows a view of the surface of the planet Proxima b orbiting the red dwarf star Proxima Centauri, the closest star to the Solar System. The double star Alpha Centauri AB also appears in the image. Proxima b is a little more massive than the Earth and orbits in the habitable zone around Proxima Centauri, where the temperature is suitable for liquid water to exist on its surface.

De pequeños contemplamos el cielo y así como sabemos reconocer fácilmente a las Tres Marías, otro conjunto de estrellas fácilmente identificables es el que conforma la constelación de la Cruz del Sur.

Acompañando a la Cruz, tendremos a dos estrellas muy brillantes de las cuales, la más alejada de la Cruz, se llama Alfa Centauro (AC). ¿El motivo de este nombre? Centauro se debe a que forma parte de la constelación homónima, y Alfa -la primera letra del alfabeto griego- como consecuencia de ser la estrella más brillante de dicha constelación.

Una de las curiosidades que presenta AC es que si bien a ojo desnudo aparenta ser una estrella, en realidad son tres. Luego de contemplarla a simple vista, es muy interesante hacerlo con un telescopio. Es allí cuando apreciamos que ya no se trata de una única fuente puntual sino que, ahora, el instrumento nos permite contemplar dos fuentes luminosas. Dos estrellas: AC A y AC B.

Pero la sorpresa no termina allí, ya que el sistema estelar binario que nos permiten apreciar nuestros telescopios caseros, en realidad está compuesto por tres estrellas: las dos mencionadas y una tercera inobservable. Esta tercer integrante es Próxima Centauro (PC) (“Próxima” por ser la estrella más cercana a la Tierra luego del Sol). Las expresiones “lejos” y “cerca” son completamente relativas a los conceptos y/o magnitudes que estemos considerando. Si bien en nuestro quehacer diario unos 40 billones de kilómetros resulta ser una distancia literalmente sideral, en términos astronómicos podríamos decir que es una distancia insignificante ya que estos 40 millones de millones de kilómetros son los que nos separan de PC. Debido a que magnitudes de este tipo son algo incómodas de trabajar (números muy grandes), los astrónomos utilizamos otro tipo de unidad: el Año Luz (AL). Un AL equivale a la distancia que recorre la luz justamente durante un año. A una velocidad de prácticamente 300.000 km/seg, un rayo de luz recorre unos 9,4 billones de kilómetros. Así, PC se encuentra a unos 4,22 AL, o equivalentemente, unas 273.000 veces la distancia Tierra-Sol.

Siendo bastante más pequeña que el Sol, PC es una enana roja, o sea, una estrella cuya temperatura superficial apenas alcanza los 3000 Kelvin (el Kelvin, a estas temperaturas, puede asemejarse al grado centígrado). Por ejemplo, el Sol posee una temperatura superficial de unos 6000 K y por lo tanto, su color es amarillo. En cambio, los 3.000 K superficiales de PC, hacen que ésta se observe rojiza. En astronomía estelar, color es sinónimo de temperatura.

Luego de varios meses de analizar datos, finalmente el Observatorio Austral Europeo (ESO) confirmó la existencia de un exoplaneta alrededor de PC. Se lo denominó Proxima b. Siendo los planetas mucho más pequeños que las estrellas que orbitan, y observando a éstas como simples puntos de luz, ¿cómo es posible detectar a los primeros? La idea es hacerlo de manera indirecta, es decir, a partir de los efectos que éstos causan en su estrella compañera. Hace ya varios siglos, Isaac Newton nos mostró que dos cuerpos se atraen mutuamente en función de sus masas y de la distancia existente entre ambos. Esta atracción“gravitatoria” tiende a que los cuerpos se acerquen entre sí. PC, por ejemplo, atrae a su planeta Proxima b y por lo tanto, éste orbita a su alrededor. De todas maneras, si bien el planeta tiene menos masa que la estrella, ésta también se ve afectada por el “tironeo” del primero. Como resultado, cuando observamos a PC desde la Tierra tendríamos que notar su acercamiento y alejamiento respecto nuestro. Si pudiésemos medir ese alejamiento y acercamiento periódico de la estrella, entonces podríamos inferir que hay un cuerpo (¡un exoplaneta!) que la está haciendo bailar de un lado para el otro. Esto fue exactamente lo que permitió descubrir la existencia de Proxima b. La misma causa por la cual la gravedad terrestre nos mantiene “pegados” a su superficie, hace posible el descubrimiento de exoplanetas a enormes distancias de la Tierra.

Los cálculos de los astrónomos indican que Próxima b se encuentra a unos 7 millones de kilómetros de su estrella (muy cerquita en comparación a los planetas de nuestro sistema Solar respecto del Sol) y la orbita de manera completa cada 11 días. Es decir, un año en Próxima b dura 11 días.

Como si fuese poco descubrir que la primer estrella más allá del sistema solar ya tiene un exoplaneta, este hallazgo se agiganta al tener en cuenta que Próxima b es rocoso y algo más masivo que la Tierra (1,3 veces la masa terrestre). Pero además, y este es uno de los factores más impactantes de este hallazgo, se encuentra en la denominada “zona habitable”, es decir, una franja en la cual un planeta recibe tal cantidad de energía estelar que le permite contar con agua superficial en estado líquido . Por ejemplo, en nuestro sistema solar, la zona habitable se encuentra un poco más allá de Venus y poco más allá de Marte. Por lo tanto, la Tierra pertenece justamente a dicha zona. De hecho, de no ser así no me encontraría redactando estas líneas ni vos leyéndolas.

Debemos ser claros en un concepto. No se está afirmando que en Próxima b hay agua en estado líquido, sino que, en caso que este exoplaneta tuviese agua en su superficie, entonces sería altamente probable que parte de ella se encontrase en estado líquido. Y por supuesto, esto abre enormes conjeturas en cuanto a la posibilidad de vida al menos microorgánica.

Nuevamente somos testigos privilegiados de la historia. Vivimos la mejor de las épocas en cuanto a ciencia y tecnología se refiere. En pocos años hemos modificado no sólo nuestra concepción del universo sino que, además, nos encontramos descubriendo nuevos mundos a pasos agigantados. A la vuelta de la esquina cósmica ya hemos encontrado un nuevo planeta para engrosar la familia.

Hemos dado vuelta una nueva e importantísima página en nuestro derrotero por el espacio. Y eso, justamente eso, es lo maravilloso que nos brinda la ciencia, la más fascinante de las herramientas que supimos construir no sólo para preguntarnos quiénes somos, qué es todo lo que nos rodea y hacia dónde vamos, sino fundamentalmente, ¿estaremos solos?

* Director de Gestión Planetario Ciudad de La Plata

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