El caballo como espejo: una mirada integral de la salud a través del vínculo con animales en Tandil
Laura Malleville, directora de la Asociación Tandilense de Equinoterapia La Paloma, dialogó con El Eco de Tandil acerca del trabajo que realizan desde el espacio y su propósito.
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Hace más de dos décadas que la Asociación Tandilense de Equinoterapia La Paloma desarrolla en la ciudad un trabajo terapéutico sostenido con caballos, la naturaleza y una mirada integral de la salud. Constituida formalmente en diciembre de 2002 como Asociación Civil sin fines de lucro, su enfoque está puesto en mejorar la calidad de vida de niños, jóvenes, adultos y adultos mayores a través de actividades y terapias asistidas con caballos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn diálogo con El Eco Multimedios, la directora de la ONG, Laura Malleville, repasó el recorrido realizado hasta el momento, explicó la visión MeNaVi y detalló cómo se desarrollan las sesiones.
“Hace ya más de 40 años que se practica la equinoterapia en el país. Nosotros comenzamos a trabajar en el 2002. La organización La Paloma ya cumplió 23 años y se ha ido transformando significativamente desde aquel entonces”, señaló Malleville al referirse a los inicios del espacio.
La propuesta nació de una relación profunda desde la niñez. “Es de tradición familiar estar con caballos. El gusto por estos maravillosos animales, tanto mío como de mi hermana, estuvo presente desde que somos muy pequeñas y continuó con mis hijas que hoy son parte del equipo de terapeutas. Eso nos llevó después a investigar acerca de todo lo que a nosotras los caballos nos hacían sentir”, explicó. Esa búsqueda derivó en la creación del espacio, con el objetivo de vincular el trabajo con caballos con la salud de las personas y de los propios animales.
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Con el tiempo, la experiencia fue tomando una identidad propia. “En ese momento se conocía simplemente como equinoterapia, pero nosotros hemos ido transformando esta visión a través de nuestra larga y constante formación yóguica”, contó Malleville. Dicha formación está guiada por la Maestra Prabhunatha Hansa Santoshiji, directora del Centro Educativo Cuerpo Libre y guía espiritual de la organización. Desde allí surge el sistema Bio Educativo Práctico MeNaVi (Medicina Natural de la Vida) y la especialidad en Bodha Ashuâ, en sánscrito “Sabiduría Activa con Caballos”.
“Desde la comprensión Spanda (vibración), nuestro trabajo terapéutico comienza en un aula natural con la riqueza de los caballos y los estímulos serranos donde todo está vivo”, explicó. En ese entorno, el objetivo es favorecer procesos de armonización y orden que permitan a la persona estados saludables. “La salud ya es inherente en nosotros, pero constantemente hay que volver a ordenarse y aprender a sostenerse”, sostuvo.
Las actividades terapéuticas con caballos ocupan un lugar central, aunque no exclusivo. La Paloma también desarrolla actividades para la auto observación y meditación como la cerámica y pintura, denominadas Kalakarya (Pulirse en la acción).
Sin embargo, el vínculo con el caballo es una herramienta sumamente privilegiada por sus características. “Son animales muy perceptivos, sensibles a recibir nuestro estado interno, cómo estamos vibrando, nuestro lenguaje no verbal. Eso nos permite observar y ajustar a través de las distintas dinámicas el estado de coherencia, de presencia y de neutralidad”, remarcó Malleville. A partir de la interacción entre ambas partes, se observan comportamientos en el caballo que funcionan como reflejo del estado interno de la persona.
El trabajo en las sesiones
En las sesiones no se busca el resultado, sino hacer consciente el proceso. “Lo más importante es observar el proceso, el cómo hacemos lo que hacemos, porque permite observarse a uno mismo y el resultado viene como consecuencia”, explicó la directora del espacio. Esa observación permite luego trasladar lo aprendido a la vida cotidiana. “Cada persona se lleva a su hogar herramientas para ir aplicando”, señaló.
Las sesiones están abiertas a personas de todas las edades y condiciones. “No hay edades, no hay ningún tipo de límite a quién abordar. Niños, adultos, adultos mayores, personas con discapacidad. Todos pueden hacer la actividad”, afirmó Malleville. “Constantemente todos estamos necesitando poder comprendernos”, añadió.
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Cada sesión dura aproximadamente una hora y cuenta con un orden definido. “Siempre se comienza con una sintonía, seguida de movimientos conscientes acompañados de la respiración para preparar al cuerpo”, detalló. Se utilizan instrumentos armónicos, ancestrales y la voz. La dinámica con los caballos comienza de manera progresiva y partiendo desde el respeto hacia la especie animal y sus características particulares, sin humanizarlo. “Primero tenemos que saber cómo estamos nosotros para luego ir a interactuar con el otro”, se indicó.
La mayoría de las dinámicas se realizan pie a tierra, es decir, sin monta. Aun así, Malleville explicó que en algunos casos esta actividad puede incorporarse más adelante, siempre que tanto la persona como el caballo se encuentren preparados. Durante las actividades se plantean desafíos y dinámicas que permiten observar manifestaciones, realizar ajustes internos y repetir la experiencia desde un nuevo estado. “Cuando la persona hace el cambio en su interior, el caballo lo refleja automáticamente en su comportamiento”, aseguró. “Al finalizar rescatamos lo observado y hacemos una sintonía de cierre. En las clases con los niños, el objetivo fundamental es favorecer la ‘autoestima sana’”, sostuvo.
Un recorrido lleno de experiencias
A lo largo de sus más de 20 años de trayectoria, La Paloma ha trabajado de manera articulada con distintas instituciones. “Como ONG venimos trabajando con el Municipio desde el inicio, desde el primer día. Integramos múltiples programas de niñez, actualmente con el Hogar Fantasía, así como de adultos mayores”, indicó Malleville. También mantuvieron vínculos con la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (Unicen), especialmente con la Facultad de Ciencias Veterinarias, en el marco de terapias asistidas con animales.
Ese recorrido fue moldeando la propuesta actual. “Comenzar con una comprensión limitada de esta disciplina ha hecho que fuéramos por más y, hoy en día, mantenemos una mirada totalmente integradora con el caballo”, reflexionó la responsable del espacio. Según expresó, el resultado es enriquecedor para todos los involucrados. “Es muy saludable para los terapeutas, para el que lo recibe y también para los caballos y el entorno”, aseguró.
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En Tandil, La Paloma es el único espacio que trabaja con esta visión, aunque que respetando todas las modalidades existentes. “Entendemos que esta manera es la que a nosotros nos hace sentido y a nuestro alumnado también”, sostuvo Malleville.
El predio se encuentra ubicado en Esquerdo 1850, sobre el kilómetro 162,5 de la Ruta Nacional 226, donde funcionan desde hace muchos años. El equipo está integrado por Julieta Malleville, Manuela y Paloma Vargas, Bárbara Ortino, Julieta Pereyro y la propia Laura Malleville. Actualmente trabajan con tres caballos en el predio, aunque cuentan con otros en el campo.
Las actividades se desarrollan de lunes a sábado, con sesiones individuales, talleres grupales mensuales y propuestas que también convocan a los turistas. “Siempre está todo enfocado en la salud y el despertar de la conciencia”, concluyó Malleville, sintetizando el espíritu del trabajo. “Nuestro objetivo como terapeutas es brindar herramientas de armonización y la posibilidad que uno se observe, se pregunte, reflexione, autogestione cambios y tome las riendas de su vida”, finalizó.