Familiares del joven fallecido en la planta cerealera consideran que “todo se tapa con plata”
Si bien en la sentencia fue condenado el técnico en seguridad de la firma, el padre de Marcos Bernazza, consideró que fue quien “pagó los platos rotos”. Y aseguró que oportunamente le ofrecieron dinero para que se “callara” pero afirmó que “hoy me pueden dar 100 millones de pesos pero a mi hijo no me lo devuelven más”.
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“El ser humano no está preparado para enterrar a su hijo”, expresó Horacio Bernazza, el padre de Marcos, el joven de 21 años que perdió su vida en la explosión fatal que se produjo en 2013 en la planta cerealera situada en la Ruta 226 y Primera Junta. Si bien días atrás se dio a conocer la sentencia, por la cual fue condenado el técnico en seguridad de la firma, consideró que fue quien “pagó los platos rotos” pero que “todo se tapa con plata”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn diálogo con El Eco de Tandil, lamentó que el juicio haya tardado tantos años en salir y consideró que por el poder adquisitivo de los propietarios de la planta cerealera pueden “hacer lo que quieren”.
“Rasmussen, el técnico en seguridad, pagó los platos rotos, estuve hablando con él y dice que él advirtió de lo que podía suceder, hasta que la desgracia pasó. Sabemos cómo son los gremios, que con el dinero que tiene Peñalva (el gerente de la firma) puede hacer lo que quiere. Además, el técnico de seguridad dijo que después del accidente desaparecieron todas las computadoras”, afirmó.
Y lamentó que “en ese gremio sucede que hay una forma muy inhumana de trabajar porque si los chicos no trabajaban los sacaban, y deben seguir trabajando igual ahora. Para mí con esta sentencia no pagan los culpables, paga solamente el técnico en seguridad y él dice que ya había avisado que iba a pasar eso en cualquier momento, que los chicos trabajaban de una forma en que no se veía nada”.
A su vez, cuestionó que “en el momento que se cae mi hijo los Bomberos no se metieron a sacarlo. Se metió un compañero de trabajo y lo sacó con vida a mi hijo, los Bomberos decían que había mucho humo, se metió un chico que trabaja en la balanza y lo sacó. Mi hijo llegó con vida al Hospital”.
“Ahí dentro estaban solamente Lugones( el otro chico accidentado que sufrió graves heridas pero sobrevivió), el que se quemó y él, y el otro chico que estaba en la balanza se metió a sacar a mi hijo cuando se le terminó el aire y se cayó. Ya estaba por salir mi hijo, Lugones fue el que lo venía ayudando a mi hijo a salir, cuando faltaban dos o tres escalones mi hijo se desmayó por falta de oxígeno, y se cayó. Este chico de la balanza lo sacó, pero mi hijo pudo subir la escalera e iba en la ambulancia preguntando por Lugones”, sostuvo.
Luego, indicó que “Lugones estaba en un ritmo cardíaco muy alto pero aceptó muy bien la bajada del ritmo cardíaco y a mi hijo el agarró un infarto, cuando llegué al Hospital falleció, yo llegué enseguida”.
Su hijo Marcos tenía 21 años cuando murió y hacía 3 años que trabajaba en la empresa.
“Todo se tapa con plata”
“Todas esas situaciones irregulares se tapan con plata. Peñalva, el gerente de la empresa, va a tapar todo con plata. En un momento me llamó a mí para que me callara la boca y me ofreció 5 mil pesos”, recordó.
Pero afirmó que “hoy me pueden dar 100 millones de pesos pero a mi hijo no me lo devuelven más, no tiene valor la plata que me pueda dar. A mí que arreglaran la planta me daría una sensación más de alegría que la plata que me puedan llegar a dar”.
Pero contó que hace un tiempo se encontró con un chico que trabajaba en la planta y le contó que seguían trabajando igual, con las mismas condiciones de inseguridad.
“Cada año es peor”
Horacio Bernazza y su familia se mudaron a Barker tras la muerte de Marcos.
“No quería seguir en Tandil, yo tenía camiones y vendí todo porque no podía seguir andando y me vine a vivir a Barker por la angustia de lo sucedido. Mi hija hoy tiene 19 años, en ese momento tenía 10, estaba muy mal, abandonó el colegio dos años y es al día de hoy que extraña muchísimo a su hermano”, contó.
“Mi esposa lo pasó muy mal y al día de hoy también. Y yo también, cada año que pasa para nosotros es peor, aparte el ser humano no está preparado para enterrar a un hijo. Está preparado para enterrar a sus progenitores, no a un hijo”, expresó.
Lamentó haberse enterado del juicio y la sentencia por El Eco de Tandil y no haber sido convocado a estar presente. “Me hubiera gustado estar en el juicio pero nadie me avisó nada, me enteré por el diario”, expresó.
Respecto a las falencias de seguridad de la planta, aseguró que “en la sentencia están muy claras todas las falencias de seguridad. No tenían arnés para bajar, no tenía baranda la escalera. La luz era eléctrica por eso explotó, porque ellos metieron un alargue con un foco, el cual pegó contra la escalera y explotó y se hizo como una bomba con el ácido del cereal. Además el extractor de abajo estaba tapado por la mugre, hoy no sé cómo estará la planta pero tres o cuatro años después estaba igual”.
“Tenía un corazón enorme”
Recordó a su hijo como “chico callado, muy fanático de Boca, muy sensible”. Marcos estaba casado y tenía un nene que hoy en día tiene 10 años y cuando falleció su esposa estaba embarazada de una nena que hoy tiene 8 años.
“Siempre estaba buscando el bien ajeno. Tenía un corazón enorme”, afirmó.
El juicio
En la sentencia se expresa que el 28 de enero de 2013, alrededor de las 16 en la planta de Acopio de Cereales denominada "Rural Ceres SA", sita en Ruta 226 y Primera Junta, Ezequiel Lazcurain que cumplía funciones de encargado de la planta encomendó a los empleados Marcos Alejandro Bernazza Paredes, Leandro Miguel Lugones y Nicolás Ezequiel Dadario Rezola la limpieza y/o destape del caño que comunica al silo número 8 ubicado en el pozo de noria, con pleno conocimiento de las carencias y deficiencias en medidas de seguridad que la tarea y el lugar a realizarlas imponía dada su ubicación a 18 metros de profundidad, ausencia de protección guardahombre en la escalera que llevaba al interior del pozo o de una línea de vida para sujetar arnés, ser altamente explosivo por la gran cantidad de polvillo en suspensión existente. Todo agravado por el deficiente funcionamiento del extractor que se encontraba dañado, los gases producidos por el cereal acumulado, el precario e inadecuado sistema de iluminación consistente en un cable de alargue de electricidad con una portátil enchufada a un toma corriente carente de disyuntor –que suplantaba el sistema de iluminación anti explosiva reglamentaria–, la utilización para desatorar el pasaje del cereal de una viga de hierro reticulado, elemento inadecuado en cuanto al material.
En momentos en que se hallaban los operarios Marcos Alejandro Bernazza y Leandro Miguel Lugones realizando su labor en el foso –Dadario los asistía desde el exterior– con casi nula visibilidad, en un reducido espacio y con una dificultad importante para respirar, se produjo una explosión por combustión generada dado el precario sistema de iluminación (consistente en un cable de alargue de electricidad enchufado a una portátil) aportado por la empresa para suplantar el inexistente sistema de iluminación antiexplosiva con el que debía contar el citado recinto ubicado a 18 metros de profundidad, potenciada esta falencia por el hecho de no contar el tomacorriente al que se enchufó el alargue un disyuntor que hubiera permitido la interrupción del circuito eléctrico al iniciarse el cortocircuito, y/o generado por las chispas que pudieron provocarse por la fricción del hierro utilizado para desatorar el sector de norias.
Tras la explosión y a causa de la ausencia de protección guardahombre en la escalera que llevaba al interior del pozo, como así también de los correspondientes arnés de seguridad, línea y cabo de vida y protectores respiratorio adecuados, los cuales no eran provistos al citado personal, tanto por el encargado Ezequiel Lazcurain, como por el gerente de la empresa Roberto Oscar Peñalva, provocó que en momentos en que Marcos Alejandro Bernazza Paredes fuera auxiliado por su compañero Nicolás Dadario intentando tomarlo del brazo para ayudarlo a salir de la noria, éste se le resbaló y cayó al fondo del pozo, provocando que la exposición a los gases de la explosión fuera más extensa, circunstancia que finalmente le causó la muerte a Bernazza producida por las quemaduras por calor y aspiración de humo y polvillo en las vías respiratorias, además de las heridas de carácter grave que sufrieron Dadario y Lugones, producto de la explosión, fuego y calor posterior.
Así sintetizaría el juez Carlos Alberto Pocorena la trágica historia laboral volcada en un expediente judicial que arribó a un debate en el Correccional 1, donde se dirimió la responsabilidad penal del ingeniero en Seguridad e Higiene que estuvo sentado en el banquillo de los acusados, dado que las otras dos personas involucradas por la acusación habían aceptado su responsabilidad optando por una suspensión del juicio, tal lo prevé el Código Penal.
Al decir del fallo, el suceso fue provocado por al menos “el obrar negligente de tres personas, en tal sentido tanto el encargado de la planta de acopio, Ezequiel Lazcurain, el presidente de la sociedad, Oscar Roberto Peñalva y el ingeniero en Seguridad e Higiene estaban en conocimiento y resultaban directamente responsables de las falencias mencionadas”.
A la hora de la sentencia se resolvió condenar Fernando Edmundo Rasmussen, a la pena de dos años y cuatro meses de prisión, de ejecución condicional e inhabilitación especial para desempeñarse como ingeniero para asesoramiento en higiene y seguridad por el término de seis años, por resultar coautor penalmente responsable de los delitos de “homicidio culposo en concurso ideal con lesiones culposas”.