Acechanzas y sirenas
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Si alguna secuela me quedó de la pandemia es la imposibilidad de lograr una concentración plena y duradera en lo que fuese.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailRecuerdo haberlo evidenciado claramente por aquellos días: me disponía a leer un libro y no podía sumergirme por completo, como siempre lo había hecho y como en algún sentido lo estoy tratando de hacer ahora. Como si una parte de mi ser prefiriera mantenerse en alerta, por si algo pasaba, por si ese virus que trastocó y trastornó nuestras vidas pudiera ingresar por la puerta entornada de mi casa, por una ventana, por la rejilla de la bacha de la cocina.
A cinco años de este asunto aún me cuesta la concentración plena y a voluntad. Ya no es el virus el que acecha más allá de la seguridad de mi hogar. Pero hay algo.
