HOY, JUEVES
Almas sensibles
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Podrán decir cualquier cosa de mí. Pero no que soy un insensible.
Ya de pequeño me sentí conmovido ante el sufrimiento ajeno, fuera que se tratase de un ser humano, un animal o una planta. Hasta los minerales me han generado conmiseración: muchas veces me privé de patear un cascote en la creencia de que le podía doler.
En mi hogar de infancia me prohibieron estrictamente llevar perros abandonados, gatos maltrechos o pájaros heridos. Incluso ramas caídas de un árbol, a las que pretendía volver a la vida introduciéndolas en un vaso de agua, un balde o un tacho de 200 litros, según el tamaño.

