Apuros monstruosos
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2022/04/bocina.jpg)
Odio estar apurado. Hay personas que tienen como habitualidad el apuro. Esperar hasta último momento para salir, agendan reuniones con media hora de diferencia entre una y otra, acordarse de ir al almacén diez minutos antes de la hora de cierre.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailPosiblemente yo haga todas estas cosas y más. Por eso a veces me odio. Porque adoro llegar diez minutos antes a las citas, ir de compras como quien va de paseo, subirme al auto tratando de disfrutar el placer de manejar, abrir la ventanilla y jugar con la mano izquierda contra el viento.
Apurado no solo quedo mal con todo el mundo, sino que –por eso mismo- me convierto en algo así como un monstruo. Muchas veces no me doy cuenta (los monstruos no son conscientes de su condición), pero siempre hay alguien que me lo hace ver. En ocasiones, de manera sutil; otras, directamente con alguna frase del estilo “no me apure si me quiere sacar bueno…”.
