Brevedades y zorros
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Desde hace varios años –por no decir todos, porque son un exceso- vengo sosteniendo que me gusta la gente que habla muy poco. La que tiene mucho por decir y sin embargo apela a una suerte de síntesis entre el pensamiento –que seguramente es exuberante- y la palabra.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn base a eso y a otras cosas, pude concluir que la brevedad tiene un encanto que la amplitud envidiaría.
Luego, la modernidad me ha enrostrado –con twitter, con tiktok y otros inventos- el lado perverso del asunto: todo tiene que durar poco. Pocos caracteres, poca extensión, poco todo. Estuve a punto –y de puro peleador- de cambiar mis posturas. Pero luego entendí que mejor así: salvo honrosas excepciones, lo que se publica en las redes sociales tiene muy poco de profundo e interesante.
