Calzados
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Bueno, sí, lo confieso: me compré unas crocs. Quince años despotricando contra este calzado espantoso y me lo terminé comprando. Mal, a disgusto, y también a destiempo. Porque tengo entendido que ahora se usan otras cosas, medio infernales como las ojotas, pero con una faja arriba, algo medio de goma o de plástico. No importa, me compré unas crocs porque me iba a la playa y las zapatillas con cordones son un poco incómodas para la ocasión.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailAzules, las crocs. Horribles a la vista, al tacto, al olor y al oído. No las mordí, pero seguramente deben ser amargas. Es increíble que un objeto reúna el rechazo unánime de los cinco sentidos.
Cuando llegué a casa me las probé. No lo iba a hacer en la misma zapatería. Qué ocurría si justo pasaba algún conocido por la vereda y me veía probándome una crocs… El poco prestigio que todavía no pude alcanzar se desvanecía en ese mismo instante. Así que cuando llegué a casa, me las probé y anduve de acá para allá un rato, para amoldarlas, para aprender a caminar con esos zapatones pavorosos y no andar a los tropezones en la Costa Atlántica. Me las saqué y las metí en el bolso con la malla y otras cosas que llevé en el viaje.
