Cosas que dicen
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No sé a ustedes, pero a mí a veces me pasa que siento que las cosas me quieren decir algo. No digo las gentes ni las plantas ni mucho menos los animales: todos ellos tienen la capacidad de decir cosas. Hablo de las cosas. Y no de todas. Un guardabarros, por ejemplo, no es de querer decir mucho. O quizás yo no lo perciba. Una mochila, en tanto, es tremendamente comunicativa; basta prestarle unos segundos de atención para confirmar que la mochila está sufriendo o está chocha. O desganada, a veces. Y otras, enojada.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSe me dirá que es una cuestión de superficies. Aquellas cosas que pueden formar pliegues, arrugas, doblarse sobre sí mismas o cambiar de posición, serían las que me quieren decir algo. En tanto que las de superficies duras, no.
Refuto: ¿hay algo más duro, más estático, más cementicio que una pared? No. Pues bien: las paredes nos quieren decir cosas. A veces se las ingenian para hacerse graffitear y decir que no se bañan o que algunos no vuelven más. Otras, a pesar de mostrarse inmaculadas, igual quieren decir.
