Credos
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2023/06/credos.jpg)
No creo fervientemente en nada. En nada serio, quiero decir. Si de cosas serias se trata, aquello de lo que suelo estar convencido puede que comience a borronearse de dudas ante una nimiedad, un acto fortuito, una palabra oída al pasar. La edad me está poniendo cada día más escéptico, que no es lo mismo que indiferente. Es, bien visto, una píldora de discutible eficacia para prevenir desencantos. Y como bien se sabe, el placebo no es solo una treta utilizada en medicina y farmacología.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailSí tengo para mí una serie de verdades absolutas que ni siquiera pongo en discusión. No porque tenga miedo a que caigan por tierra, sino porque son muy mías. Y esto da cuenta de cierta protección de la intimidad, pero también de la vergüenza: de esas cosas que estoy plenamente seguro, el 90 por ciento son estupideces que ni siquiera –o sobre todo- puedo fundamentar. Por ejemplo, que en determinado momento de su existencia, las cosas cobran vida. Por un instante les está dada la gracia –o la desgracia- de sentir, pensar y muy imperceptible hacer. Se explica entonces cómo la lapicera que hace diez segundos dejé junto a mi mano derecha, al lado del cuaderno, ahora esté sobre la mesada de la cocina, detrás de un repasador.
-Pero la habrás llevado recién, cuando te fuiste a servir un café.
