De hoscos e insoportables
Últimamente me venía preguntando demasiado seguido si esta costumbre mía de estar cada vez más aislado es una gracia de momento –como tantas otras pavadas que he hecho en determinadas temporadas-, algo más profundo o un asunto preocupante.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailTan seguido me lo pregunto, que de acuerdo al día o al estado de ánimo abono a las tres hipótesis. No obstante, me quedo enganchado con esto de la preocupación. Porque si es una gracia, ya se me va a pasar y si es algo más profundo –algo así como una decisión desde las entrañas mismas de mi ser- me va a hacer bien, por aquellos de “serás lo que debas ser…”. El punto es que sea grave.
Tal vez por ese temor o para ver si se me pasó el metejón con convertirme en el hombre de las cavernas, uno de esos últimos fines de semana, decidí hacer “sociales”. No tanto, pero sí mostrarme en lugares céntricos, llevar adelante conversaciones, saludar, intercambiar ideas, etc. Sentirme un humano entre pares.
