Dos cosas
Se despertó con el sonido del celular. Una llamada perdida, un mail o un wathsapp. Afuera todavía no había luz, pero la ciudad ya estaba despierta: se escuchaban los colectivos y sus puertas inquietas, los gritos de los muchachos que descargan mercadería, una sirena y su rumor de urgencias a lo lejos.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailTrató de mantener ese instante en que todo puede ser posible. Desde estar en un lugar y un tiempo distintos, hasta no ser él; ese paréntesis de la vida que es como una niebla tibia, que hay que atravesar de un salto o quedarse ahí para siempre.
Saltó. Y cuando apoyó los pies en el piso frío (todavía en la cama, al oscuro, en el silencio interrumpido de la mañana adelantada) lo recibieron dos sensaciones cerca de su cabeza: la de escuchar una música del lado de adentro, la de sentir un aleteo delicado, del lado de afuera.
