El calor y otras dudas
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Si digo que a esa hora de la siesta no había nadie en la calle estaría mintiendo. Porque sí había alguien y era yo.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailHabría de saber algunas cuadras más adelante que no era el único. Pero hasta ese momento me sentí caminando por un pueblo fantasma. O dando vuelta la metáfora, tal vez el fantasma era yo, transitando por un pueblo habitado, pero con la incapacidad de ver a la gente (quizás también esa sea uno de las sorpresas que nos tenga preparada la otra vida. Ojalá que no).
Por supuesto que tiene su encanto caminar a esa hora desértica en los días que anticipan el verano. Porque es cierto que vendrán días más tórridos; pero los primeros calores nos encuentran desacostumbrados, a medio vestir, entre el bucito por las dudas y la remera que atravesó el invierno escondida debajo de un suéter.
